ERNESTO BISCEGLIA PARA EL INTRANSIGENTE

Prostituyendo la política: de “Traidores” y “Conservas”

Una peligrosa ruta de sinuosos meandros dialécticos ha elegido para caminar la dirigencia política de Salta, entronizando el agravio en el discurso y desplazando a las ideas.


“El que se encastilla en su propia dignidad y teme que el barro
de la calle lo salpique y no actúa, tiene tanta responsabilidad
en la mala política como quien la prostituye, porque éste ha ocupado
el puesto que el otro abandonó por cobardía,
por egoísmo o por comodidad…”

Robustiano Patrón Costas

(Fragmento del discurso que debía pronunciar en la Convención del Partido Demócrata Nacional en la proclamación de su candidatura a Presidente, abortada por el Golpe del 4 de Junio de 1943).




Una peligrosa ruta de sinuosos meandros dialécticos ha elegido para caminar la dirigencia política de Salta, entronizando el agravio en el discurso y desplazando a las ideas. Una intolerancia cada vez más manifiesta se advierte en las palabras de unos y otros. Basta no pensar como tal o cual para ser tachado de “Traidor” o de “Cruzado de Vereda”. Está en germen una suerte de caza de brujas para encontrar quién es más “puro” según el bando del que se trate. Definitivamente, éste no es el camino para alcanzar un régimen democrático avanzado, plural y participativo.

La opinión del ex gobernador Romero tildando al gobierno de turno de “conservador”, mereció como réplica la defenestración personal bajo el mote de “ridículo”, y a partir de esas dos expresiones los habitantes del mundo político tejieron una vasta red de interpretaciones, la mayor parte descalificatorias del contrario. Pero insisto, ¿y las ideas?

Alguna vez debiéramos detenernos a compulsar ideas y dejar de intercambiar injurias. El ciudadano debiera escuchar de sus dirigentes debates sobre políticas de estado y no sobre cualidades personales.

Frente a un escenario definido y claro, con figuras claramente enfrentadas, la polarización por venir irá obligando necesariamente a que cada uno se forme en la línea que más le guste, porque como se ve, la cuestión viene jugándose a una suerte de “todo o nada”.

Entonces, ambos bandos debieran tomar conciencia frente a la sociedad de la responsabilidad cívica que enfrentan y que implica un desafío desconocido hasta ahora donde siempre fue un poco más de lo mismo, y de los mismos.

A las ideas, el tiempo por venir le reclama además sangre nueva, nuevos hombres y mujeres que asuman el compromiso de luchar por ganar esos espacios que ocupan vetustos personajes que siguen allí simplemente porque no se abre el juego o porque no se acepta jugar.

En dos años más habría que votar caras nuevas, nombres desconocidos, gente joven que Salta tiene, mucha y valiosa. Que trabaja todos los días con honestidad de procedimientos y con ideales de grandeza cívica. Profesionales, pensadores, artistas, en fin, de todo, que podrían enriquecer de una manera extraordinaria la oferta política. Pero sobre todo, insisto, discutiendo ideas y proyectos nuevos. Alguna vez estaría bueno votar trayectorias en vez de listas de amigotes.

Este tiempo es un desafío a la grandeza de los hombres que ya han cumplido su ciclo y continúan aferrándose a sus cargos cuando ya ni siquiera los nichos de los cementerios son a perpetuidad. Sí, pues, si hasta los muertos se renuevan para dejar el lugar a otros ¿cómo podemos continuar escuchando las mismas voces que tratan a veces de explicar lo ya inexplicable?

Pretendo una provincia que crezca sobre lo que hizo el que se fue y no que se destruya lo que se hizo o se reniegue desde el llano por lo que no se hace. Una provincia donde alguna vez la palabra “funcionario” deje de ser sinónimo de “corrupto”.

Quiero un ministro de educación que proponga una revolución educativa como la gente y llene un estadio con docentes para debatir cómo logramos salir del marasmo y la pauperización mental en que estamos, tanto alumnos como docentes. Porque hay que decirlo, si los alumnos tienen una formación decadente, los docentes también la tenemos. Basta de Jornadas “Pegajósicas” donde se hacen llenar papeles cuyo destino desconocemos porque esas ideas que aportamos jamás se ven plasmadas en la realidad. Sería interesante recrear –por ejemplo- algo similar a esa iniciativa formidable de los radicales, lamentablemente fallida que fue el Congreso Pedagógico Nacional, para buscar un modelo educativo consensuado para el futuro. Porque quiero funcionarios capacitados y no semianalfabetos o verdaderos ágrafos que escriben sus esquelas con errores de ortografía.

Quiero dejar de leer cartas abiertas anodinas que denuncian conspiraciones sólo existentes en la calenturienta mente de quien las escribe. Total, ya estamos en condiciones de afirmar que hemos perdido la oportunidad de abrir una gran discusión sobre el Bicentenario y su proyección. No quiero seguir leyendo enumeraciones de actos y conferencias sino propuestas concretas de acción y alcance popular. Porque sobre el Bicentenario sólo sabemos, y algo, los que más o menos estamos en el tema. No quiero que me descalifiquen gratuitamente diciendo que “solo presentamos dos folletos y una conferencia”, cuando en realidad, nuestro Grupo Bicentenario, sin apoyo oficial, sin cargos y sin sueldos publicó este año una docena de libros, desde manuales hasta interesantes obras científicas; organizó ciclos de conferencia y algunas cosas más.

Deseo conversar con ese ministro que no me recibe simplemente porque no pienso como él y manda a terceros a decírmelo, y se esconde tras su investidura en vez de hacer de su función un acto deliberativo y popular. Propóngame debatir públicamente sus ideas para que el ciudadano saque las conclusiones y elija la que mejor le parezca.

A ninguna parte llegaremos por el camino de la diatriba rabiosa y el discurso vacío. Quisiera un Presidente de la Cámara de Diputados que llene el recinto con ciudadanos que lleven ideas y las debatan para que los diputados aprendan que hay compatriotas pensantes; algunos quizás más que ellos mismos.

Disto mucho de ser Martin Luther King, pero también tengo un sueño, que mañana mis hijos, y los hijos de quienes tienen la gentileza de leer estas líneas; incluso los hijos de quienes detentan el poder (y debo agregar ya a los nietos), puedan crecer en un país ordenado, educado, pujante y respetuoso de las leyes. Con gobernantes probos que respeten los tiempos de la Constitución. Un país, donde si el peronismo ha de seguir siendo la fuerza que arbitre la política, sus hombres hagan caso de las palabras de Perón y cumplan con aquello del trasvasamiento generacional, porque sólo así la política se oxigena, sino, como la sangre se hacen grumos y se forman los tumores. ¡Y éste es el cáncer que padecemos! El anquilosamiento de los dirigentes.

Seguramente Robustiano Patrón Costas es el ícono más estilizado de lo que fue el conservadorismo en la Argentina y en Salta en particular, y aunque nunca sabremos si aquello que escribió fue demagogia o una expresión de deseos, sí es cierto que esas líneas entrañan una verdad profunda para los argentinos. ¡Hay que comprometerse y participar! ¡Que nadie tenga miedo de meterse en el fangal y salgamos a disputarle esos espacios a los que ya han demostrado quiénes son y qué son!

De lo contrario, dentro de dos años, seguramente usted seguirá quejándose de lo mismo que le duele ahora; y lo peor será que yo volveré a escribir lo mismo que estoy diciendo ahora.

Como siempre, lo invito a debatir demostrando que tenemos altura para pensar diferente y respetarnos. Que sea cierto lo que dijo aquél cuyo nombre no recuerdo, ¡Disiento con Usted, pero daría la vida porque siguiera hablando!




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