POR ERNESTO BISCEGLIA PARA EL INTRANSIGENTE

Manuel Belgrano: El Educador de la Independencia frente a la decadencia educativa del presente (I)

Belgrano dignificó la función social del maestro disponiendo que el salario del docente estuviera por arriba de los más altos funcionarios del Estado

Manuel Belgrano: El Educador de la Independencia frente a la decadencia educativa del presente (I)

El General Manuel Belgrano

ARGENTINA.- Otro año más en que se repite el sainete de la pulseada entre Gobierno-Gremios docentes incorporado casi a modo de ritual de iniciación, a causa del cual, generalmente, las clases no se inician.

Casi la mitad de las provincias del país enfrentan el nuevo periodo lectivo sin clases, lo cual representa una contribución más al deterioro general de la cultura argentina, porque nadie mide en términos de crecimiento intelectual cuánto se pierde como Nación cada vez que una escuela no puede abrir sus puertas para cumplir con la más noble de las misiones: la de educar.

Pero resulta que en esta ocasión el tradicional conflicto viene a coincidir con el inicio de las conmemoraciones del Bicentenario de la Gesta Belgraniana, iniciada con el izamiento por primera vez de la Enseña Nacional el 27 de Febrero de 1812 en las Barrancas del Paraná y que culmina con la Gloriosa Batalla de Salta, del 20 de Febrero de 1813; de modo que nada más oportuno que proponer una mirada al pensamiento de Manuel Belgrano sobre la Educación para darnos cuenta la importancia que tenía esta materia para los Próceres que proyectaban una nueva nación.

Esas ideas se hallan contenidas en el “Reglamento para el establecimiento de las cuatro escuelas de Tarija, Jujuy, Tucumán y Santiago de Estero”, en cuyo artículo Octavo, Belgrano llega a considerar al maestro un “Padre de la Patria”, pues siguiendo a su inspirador el célebre pedagogo suizo Juan Enrique Pestalozzi (1746 - 1827), pensaba que el único modo de elevar la condición social de las masas populares, de lograr salvarlas de la miseria espiritual y económica, no estaba en la violencia de las revoluciones sino en la educación.

En todo sentido el pensamiento educativo de Belgrano es revolucionario y contiene un marcado fervor popular: la educación del pueblo lo desvela, tanto como para escribir su Reglamento en medio de las tiendas de campaña.

Después de dos siglos, en España, por ejemplo, se está estudiando hoy el Comunitarismo como una solución superadora al comunismo y al liberalismo; se habla entonces de la “Sociedad Educadora” que es la síntesis entre la asistencia de la familia, el entorno social y la escuela.

Ya Belgrano había planteado esta teoría al sostener la necesidad de una educación generalizada mediante la escuela pública; esto era, “la escuela atendida por la sociedad y el Estado”.

Aquellas ideas revolucionarias para la época no estaban, sin embargo, privadas de la connotación espiritual, tan distinto de lo que hoy se pregona como una conquista de la libertad de conciencia. Dice Belgrano en el Artículo 5to. de su Reglamento que “Se enseñará en estas Escuelas á leér, escribir y contar; la gramatica castellana” (sic); induciendo ya entonces también al estudio de lo que hoy llamaríamos “Derechos Humanos” y Formación Ética, cuando expresa que “…los primeros rudimentos sobre el origen y objeto de la sociedad, los derechos del hombre en ésta, y sus obligaciones acia ella, y al Govierno que la rige” (idem).

Con ser revolucionario, no descuida la formación espiritual y sugiere en el mismo Apartado que también debían impartirse en la escuela pública “los fundamentos de nuestra sagrada Religión y Doctrina Cristiana por el catecismo de Astete (1), Fleuri (2), y el compendio de Pouget (3).

Nótese en este aspecto que un rasgo común entre los Padres de la Patria ha sido éste de ser profundamente cristianos, pero no ciegos partidarios del clero, sino en algunos casos todo lo contrario. Basta ver la correspondencia de San Martín sobre esta cuestión, y el ejemplo más elocuente de Belgrano cuando dispuso en 1812 la prisión y destierro del primer obispo de Salta, Monseñor Nicolás Videla del Pino, a desprecio de su investidura, bajo la acusación de traición.

Por lo tanto, para Manuel Belgrano, la educación constituye uno de los fines éticos del Estado, casi un hilo conductor de la finalidad última que le cabe; es decir, lograr el perfeccionamiento y realización del ciudadano. Si un Estado no logra cumplir con este fin, ha fracasado en su misión porque significa que solamente un grupo minúsculo de la sociedad se ha beneficiado en detrimento de la mayoría: es la dictadura.

No obstante, Belgrano no preconiza el control hegemónico de la educación por el Estado, sino que alienta la participación de los particulares de modo que educar sea “la noble labor de difundir educación popular, esa obra común de todos y para todos”.

Tal es la importancia de la educación en el pensamiento belgraniano que en alguna correspondencia se refiere a su documento como “Reglamento Constitucional”, alineando esa tarea con las más altas obligaciones de un Gobierno.

Finalmente, queda meditar sobre la consideración que predica Belgrano del maestro, al cual coloca en el más alto umbral de las magistraturas cívicas, dignificando su función social, al punto de disponer que el salario del docente estuviera por arriba de las más altas funciones del Estado.

En efecto, basta con tomar como referencia los sueldos de los funcionarios de aquel momento en que un Secretario del Triunvirato (similar a un Ministro de hoy) percibía un sueldo de 1.000 pesos, mientras que un Juez de Primera Instancia en Tucumán ganaba 250 pesos, Belgrano dispone que el maestro gane la suma de 400 pesos, lo cual según se puede comparar, resultaba una asignación elevada en orden al valor adquisitivo.

Es decir, que en su Reglamento, el Prócer ordena doblar el sueldo promedio del maestro de entonces porque el maestro tenía a su cargo la elevada función de formar los nuevos ciudadanos que más que hombres y mujeres simplemente, debían forjarse como “ciudadanos patriotas”.

El maestro en la dimensión del pensamiento belgraniano es el primer labrador del carácter cívico con que obrará el futuro ciudadano y su misión adquiere una gravedad distintiva cuando es en su persona se deben resumir todas las categorías y virtudes que distinguen al ser humano: “Procurará con su conducta en todas su expresiones y modos inspirar a los alumnos amor al orden, respeto a la religión, moderación y dulzura en el trato, sentimientos de honor, amor a la verdad y a las ciencias, horror al vicio, inclinación al trabajo, despego del interés, desprecio de todo lo que tienda a la profusión y al lujo en el comer, vestir y demás necesidades de la vida, y a un espíritu nacional que les haga preferir el bien público al privado y estimar en más la calidad de americano que de extranjero”, palabras que compendian la pesada carga de responsabilidades que asume quien elige el camino de la docencia…, o al menos así debiera ser.

En suma, presentamos en estas líneas una primera semblanza de un Manuel Belgrano casi desconocido, porque de él se sabe algo de sus campañas militares, un poco más sobre la creación de la Bandera Nacional, quizás también sobre sus ideas políticas; pero esta faceta, la del maestro por vocación, la del hombre preocupado por difundir y calificar la educación como la herramienta imprescindible para la grandeza del país, es poco conocida.

Fue sin lugar a dudas un precursor de la educación, como alguien dijo, el “Maestro de la Revolución de Mayo”, un adelantado a su tiempo que plasmó ideas que hoy nos serían utilísimas para salir del marasmo en que agoniza el sistema educativo. Otro sería nuestro país si esta semilla hubiese prosperado.-

1) Gaspar de Astete: Jesuita que en 1559 publicó el “Catecismo de doctrina cristiana” que tuvo más de 600 ediciones y fue traducido a varios idiomas europeos.
2) Andrés Fleurí: Cardenal francés del siglo XVII autor del “Catecismo histórico”
3) Francisco Pouget: Teólogo frances autor e un catecismo que tuvo vigencia en Francia.


Por Ernesto Bisceglia
para El Intransigente



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Breve CV de Ernesto Bisceglia

Periodista, escritor y docente de Filosofía, Formación Ética y Ciudadana, Historia del Pensamiento Jurídico y Político, Historia de las Religiones.

Ha publicado "Estampas de Salta" (1997); "Salta, el Capítulo de la Fe" (1998); "Masones, liberales y jacobinos, la otra guerra de Belgrano" (2005); "Formando Ciudadanos, un desafío cívico" (Manual, 2009); "El Pueblo debe saber de qué se trata - Doscientos años de Periodismo en la Argentina" (2009); "El Alma Franciscana de Salta" (2010); "Compendio de Historia de la Iglesia y la Evangelización americana, en las Provincias Unidas y en el Obispado de Salta" (2010). En el género de Novela, ha publicado "Su Santidad, el Anticristo" , premiada en los Concursos Literarios Provinciales 2010. Tiene publicados varios trabajos de investigación sobre temas docentes y jurídicos .


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