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Domingo  23 de Abril 20:41 hs

CINE

El filme argentino ´Hachazos´ de Andrés Di Tella

Andrés Di Tella aporta en 'Hachazos su mirada' a la pequeña gran obra del cineasta experimental Claudio Caldini.

Claudio Caldini, el hombre cámara

Andrés Di Tella rescata a un cineasta de vanguardia que filmaba en Súper 8 hace cuarenta años y todavía tiene el deseo, la energía y la creatividad suficientes como para volver a la carga. Es cierto: es difícil encontrar quien recuerde a Caldini, menos todavía que haya visto su obra. Para los que se emocionaban con la experimentación con cámaras caseras a cartucho de las décadas del 70 y 80, los que vivieron aquellos memorables encuentros de sábado de Uncipar, hasta llegar a las funciones alternativas, donde los que participaban eran verdaderos iniciados, siempre suena su nombre como el de un referente.

En aquellos tiempos, salió a la luz la obra de Claudio Caldini, quien habría de convertirse en un autor emblemático, polémico y todavía hoy transgresor, que espera una revisión. Algo que otro cineasta, el documentalista Andrés Di Tella, emprende con Hachazos, producido por Marcelo Céspedes.

"Un hombre lleva toda su obra, que es toda su vida, dentro de una vieja valijita de cuero comprada en la India, en un tren que va de Moreno a General Rodríguez. Son los originales de sus películas, todas en Súper 8, un formato obsoleto, en vías de extinción, que no permite copias. Esa valija es como el manuscrito de su autobiografía. Se trata de Claudio Caldini, cuidador de una quinta de los suburbios, cineasta secreto", explica el responsable de este trabajo, fundador y primer director del Bafici, autor de Montoneros, una historia; Prohibido, Fotografías y la poco vista El país del diablo, que además, y en coincidencia con el estreno, publica un libro con el mismo título de la propuesta.

"Caldini hace cine solo, sin dinero, sin nadie. Ata la cámara a una soga y la revolea por encima de su cabeza, pinta o perfora el celuloide, monta la cámara encima de una bicicleta, filma sombras, crea animaciones con la luz que entra por una ventana, amplía las posibilidades del cine hasta hacer lo imposible", recuerda Di Tella. "Sobrevivió la dictadura militar encerrado en un jardín. Escapó a la India detrás de una utopía y perdió casi todo, hasta la razón. Fue expulsado de unashram e internado en un manicomio. De regreso a Buenos Aires, quedó en la calle. Durante una década, tuvo 36 domicilios provisorios y abandonó el cine. En los últimos años, recaló como cuidador de una quinta. Allí vive, humildemente."

En su cine, Di Tella acostumbra a relacionar lo expuesto con su propia vida, y el caso de Hachazosno es una excepción a esa regla no escrita. "Hablar de Caldini es también hablar de mi propia relación con el cine. La primera vez que estuve en una filmación, o algo parecido, fue cuando todavía estaba en la escuela. Se trataba de una performance en la que la artista Marta Minujín, amiga de mi madre, se enterraba viva. Yo tiraba la tierra, Caldini filmaba en Súper 8. No lo volví a ver durante muchos años", explica el documentalista, él también dispuesto a abrir la polémica, una vez más.

Por Claudio Minghetti
Fuente: La Nación


Critica de Hachazos: Vivir como se filma y filmar como se vive
“Cuando mejor filmo es cuando no pienso”.
Claudio Caldini

Hachazos es un documental de Andrés Di Tella sobre Claudio Caldini cuyo resultado es un film hecho en colaboración con Caldini, donde conviven dos estéticas diferentes que responden a la misma creencia de lo que piensan y sienten, que es el cine.

No es casual que Di Tella y Caldini se conocieran durante la filmación de “Autogeografía”, una performance de Minujín de 1976, una marca respecto de la relación del arte con la vida.

Ambos adhieren a que en el cine como en todo hecho artístico, la historia personal, su autobiografía, se encuentra homologada en la creación.

En Hachazos se percibe todo el tiempo una tensión entre el sujeto social y el sujeto textual, una pugna entre representación y construcción, realidad y lenguaje. Lo que posibilita un doble juego entre dos sistemas de lógicas antagónicas: realidad y discurso, vida y obra, que no es ni un reflejo genético de su biografía, ni una ilusión referencial, sino que surge de cruces lingüísticos y culturales sumado a un proyecto creador.

Siguiendo a Foucault, en su texto "Las palabras y las cosas" (1985), donde se sostiene que “…el pensamiento en su forma más matinal, es en sí mismo una acción, un acto peligroso.” Aplicado a Caldini, revelaría que como autor no sólo actúa sobre la realidad mediante su obra sino por ende sobre su vida.

Llevar toda su obra que es toda su vida dentro de una vieja valija de cuero comprada en la India es más que significativo a la hora de pensar la obra de Caldini y el deseo de Di Tella de analizar mediante este multifacético proyecto su propia relación con el cine.

Hay sobradas razones para este proyecto, implícitas y explícitas, personales y colectivas.

Caldini es un sobreviviente de un grupo de “antiguos combatientes del cine experimental”, los cuales no han sido relevados en la historia de nuestro cine, y su obra en particular ha sobrevivido todo tipo de avatares guardada dentro de una valija.

Dentro del film hemos podido disfrutar de algunas tomas, que como todo film en super-ocho obliga al artista a realizar su propia proyección, ya que no permite copias. Hasta el soporte y su imposibilidad acentúan la relación de la obra con la vida.

Ver filmar a Caldini es ver al cine siempre como un experimento cinematográfico, como un acto lúdico, que remite siempre a sí mismo y al mundo que en ese instante lo roza. Un niño que viene jugando hace cuatro décadas luchando como ha podido, con el contexto social y político, que lo ha rodeado, sin claudicar.

Di Tella desentierra esta historia, esta persona y esta obra, que comenzó con el juego de un auto=entierro más de treinta años atrás.

Espero, que estos restos de vida renazcan con la fuerza suficiente “Porque hoy nací”, como dice la canción, para que estos cineastas en general y Caldini en particular ocupe el lugar, que se ha ganado hace tiempo y pueda continuar trabajando con el poético registro de su subjetividad.

Un documental para reflexionar sobre que es el cine, y de hecho para disfrutar.

Por: Blanca Monzón
Fuente: El Leedor
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