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Domingo  25 de Junio 17:54 hs

POR GUILLERMO BALBI PARA EL INTRANSIGENTE

En el día del médico, Dr. René Favaloro: Una necesaria reparación histórica

Era médico y sentía que era desde su lugar como mejor podía ayudar al país. Así lo hizo. Con principios. Con patriotismo. Murió fiel a sus convicciones

En el día del médico, Dr. René Favaloro: Una necesaria reparación histórica

René Favaloro.

 Premios y castigos: esencia de la Democracia


En la historia de buena parte de países del mundo, los regímenes democráticos de todos los tiempos se han sostenido a partir de la firme convicción mayoritaria de que la democracia es el más equilibrado de los sistemas políticos, y el que menos injusticias comete para con el pueblo: el soberaneen su concepción toma valores sociales superiores como ‘Fraternidad, Libertad e Igualdad’.Establece un equitativo y común Punto de partida, en aspectos básicos y necesarios para el individuo en sociedad, como: Salud, Educación, Justicia, y Seguridad, por los que el Estado debe velar. Son valores esenciales a la hora de asegurar idénticas oportunidades de desarrollo a los habitantes de un país.

Es así que el también llamado ‘Régimen de Premios y Castigos’ se inserta en la vida pública y mientras el Estado regula lo común, y sanciona lo ilegal, también debe estar atento en ‘estimular y premiar’ las acciones privadas de los hombres que son fruto del individual esfuerzo, pero que por su carácter sobresa- liente benefician al conjunto, y enorgullecen a toda una comunidad.

Los logros excepcionales que suelen tener simples ciudadanos son mirados popularmente con valoración, y más tarde se convierten en un parámetro social: uno más de los ‘modelos o ejemplos dignos de imitar’. Ahí es que frente a un hecho público el ‘Estado’ se debe pronunciar.

Argentina ha tenido muchas figuras sobresalientes en sus últimas décadas. Abarcaron las más diversas disciplinas. Desde la ciencia y tecnología, pasando por el arte y hasta el deporte, el país ha ocupado destacados lugares internacionales de la mano de alguno de sus hijos más dilectos. Varios Premios Nobel producto de verdaderos pioneros del quehacer científico se alternaron con hazañas de las más diversas ramas deportivas, sin dejar de ocupar lo artístico, como el cine, las letras y tantas otras manifestaciones, su lugar. Sin embargo, tanto en el proceder humano como en las acciones de un país se cometen errores, algunos que por su temperamento rozan grandes injusticias.

Es la historia argentina reciente quien nos advierte de una ‘verdad instituida’ en el inconsciente colectivo de sus habitantes, al respecto del trágico final del Dr. René Gerónimo Favaloro, quien se suicidó pegándose un balazo en el corazón al sentirse derrotado por ‘un estado de corrupción’ que ignoraba su esfuerzo y las necesidades de la obra que con orgullo llevaba a cabo.

La gran mayoría de la ciudadanía lamentó y hasta lloró esta profunda pérdida porque Favaloro era un emblema: representaba a la cardiología y cirugía cardiovascular con brillantez, lo caracterizaba el ‘humanismo médico’, y se destacaban tanto su ética como su compromiso social, que lo hicieron renunciar a los beneficios económicos que podría haber tenido si continuaba en EE.UU., y decidir volver a Argentina a fundar una institución que diera respuesta quirúrgica a los pacientes. Sobresalió como docente y al abrir la Universidad Favaloro permitió que en ella se capacitaran cientos de médicos de toda Latinoamérica, que hoy asisten en sus países a miles de personas que ya no deben viajar a EE.UU. como única respuesta posible a sus intervenciones. Favaloro se convirtió en un ‘Libertador médico’, galardón que su humildad lograba disimular.

Este gigante de la medicina mundial, fue premiado en todo el mundo, y en Argentina recibió varias distinciones de sus pares, además de haber sido declarado Ciudadano Ilustre en La Plata, -su ciudad natal- y en la Ciudad de Buenos Aires, pero no tuvo el reconocimiento que su vida, trayectoria y obra merecían. El Estado a través del gobierno de aquel momento estaba ausente y al no asistir al Dr. Favaloro y la fundación que presidía le indicó que ‘el sentido de su esfuerzo llegaba hasta el punto final’.
 
La inequívoca voz popular suele decir ‘lo dejaron solo’, sin reparar que además de haber sido consi- derado una eminencia médica por el concierto de naciones del mundo, intentaba desde su obra asistir a pobres y ricos, tuvieran o no obra social. No era el médico de los ricos, deseaba ‘atender a todos’, cosa que el Estado le impidió negándole los recursos para hacerlo. Temía que se le pusiera una faja de clausura en la puerta misma de la institución que con esfuerzo de años de despertar conciencias había logrado construir. Supo reunir en su fundación la atípica combinación de ‘excelencia médica’ junto con la más humana de las atenciones. Definía a los pacientes como ‘almas con cuerpos enfermos’, sin que importaran raza, credo o status. Hizo respetar el ‘decálogo del buen médico’ en su obra. Era en esencia el emblema de la ‘medicina social’ que el poder de turno distraído, llegó a olvidar.

Es hora de que se entienda la necesidad que tiene la ciudadanía de que el Estado cumpla con sus funciones, y otorgue los premios necesarios para quienes se destacan en cada disciplina. Más aún, cuando con ello se genera un fuerte mensaje de reconocimiento y respaldo a quienes investigan, curan y enseñan, que logra un efecto contenedor, distinto a otros tiempos que se condenaba a la comunidad científica a la apátrida inexistencia. Al buen accionar que se lleva a cabo hoy desde el gobierno nacional a través del Conicet, se le debe sumar la memoria y su mirada histórica pendiente, ya que con eso se pronunciará una nueva identidad.

La reflexión introspectiva expresa una de las mejores condiciones humanas, tanto como la ‘reparación histórica’ un sello distintivo en los gobernantes de un país, que conscientes de alguna arbitrariedad ocurrida, deben hacer ‘Justicia’ con actos pertinentes, merecidos, y siempre ‘bienvenidos’.
 
La figura del Dr. René Favaloro merece esa reparación, y es el ‘Estado’ que conformamos todos quien se debe pronunciar para que sus autoridades atentas, la lleven a cabo. Un pueblo sin memoria repite su historia. Debemos conservar las fórmulas de lo bien realizado, y admitir con grandeza, autocrítica, y capacidad de reparación los errores cometidos. René Favaloro fue un hito a través del cual se lucían muchos gobernantes de turno. Un ciudadano que por su imagen,con su sola presencia generaba réditos políticos para quien se le acercase. Así se le ofrecieron muchas veces distintos cargos que rechazó una y otra vez. Era médico y sentía que era desde su lugar como mejor podía ayudar al país. Así lo hizo. Con principios. Con patriotismo. Murió fiel a sus convicciones pa- trióticas, respetando la letra del Himno Nacional, que dice ‘Oh juremos con gloria morir’. Así murió. Es hoy el tardío pero necesario turno de que sea el Estado quien lo reconozca, para devolver las espe- ranzas a nuestros investigadores, médicos y docentes, rectificando un rumbo otrora perdido. Un país se construye con aciertos y errores, algunos garrafales. Cuando ocurren es un deber repararlos.

Sea la memoria entonces, la que nos lleve a enmendar nuestros yerros y construir una patria con gran- deza. Esa que debemos tener para admitir errores. Aquella que nos enaltece al reparar grandes injusticias. La que nos devuelva al proceder justo, que con dignidad, estimule el esfuerzo de sus hijos de ciencia. Que sea este tiempo el más indicado para premiar a nuestros científicos y médicos, abrirles camino con un claro mensaje, y al hacerlo reivindicar al Dr. Favaloro, considerado por el mundo ‘una leyenda del siglo XX’, ‘Padre de la Cardiología y Cirugía Cardiovascular’, y un ‘Héroe Humanitario’, como era lla- mado por un prestigioso diario de Estados Unidos en 1992.Un verdadero patriota que Argentina no supo ver. Es tiempo de que los gobernantes escuchen las voces de todo un pueblo que recuerda con memoria. Es tiempo de reparaciones, reconocer con dignidad la grandeza del Dr. Favaloro’, y al justipreciar ‘su enorme estatura patriótica’ sentir como pueblo merecer la nuestra.-

Guillermo Daniel Balbi / Periodista

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