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Lunes  29 de Mayo 18:00 hs

ESPECTÁCULO

El Oscar para "El Secreto de tus Ojos"





EL CINEASTA SEÑALA QUE MUCHOS VOTANTES DE LA ACADEMIA SE ACERCARON A CONVERSAR CON ÉL. “HABLABAN DE UN FILM ATRAPANTE, QUE LOS HABÍA CONMOCIONADO.” CAMPANELLA ADMITE QUE EN TÉRMINOS DE PROYECCIÓN INTERNACIONAL, ESTA DISTINCIÓN SIGNIFICA “EL DÍA Y LA NOCHE”.

LOS ACTORES DESTACARON EL HECHO DE QUE EL SECRETO... SE ABRIÓ CAMINO ENTRE SUS COMPETIDORAS, “TODAS MUY BUENAS”. HICIERON VOTOS PARA QUE LA DISTINCIÓN “POTENCIE LA PRODUCCIÓN DE CINE NACIONAL” Y SEÑALARON QUE EL OSCAR SIGNIFICA “UN GRAN RECONOCIMIENTO PARA CAMPANELLA”.

"ESTOY FELIZ DE QUE LA ARGENTINA HAYA GANADO CON UNA GRAN PELÍCULA QUE NOS REPRESENTA MUY BIEN Y QUE HABLA DE COSAS QUE TIENEN QUE VER CON NUESTRA HISTORIA", AFIRMA EL MÚSICO.

EL DIRECTOR DE LA HISTORIA OFICIAL, GALARDONADA CON UN OSCAR HACE 24 AÑOS, SEÑALÓ QUE EL PREMIO QUE ACABA DE OBTENER EL SECRETO DE SUS OJOS "CONSOLIDA LA VISIBILIDAD DEL CINE ARGENTINO EN EL MUNDO".

LA PELÍCULA DE JUAN JOSÉ CAMPANELLA GOZA DE TODOS LOS ADITAMENTOS NECESARIOS PARA REGOCIJARSE DEL MERECIDO RECONOCIMIENTO QUE OBTUVO FRENTE A UN JURADO INTERNACIONAL.



Estoy feliz de que la Argentina haya ganado con una gran película que nos representa muy bien y que habla de cosas que tienen que ver con nuestra historia. El s ecreto de sus ojos, de Juan José Campanella, es una película muy completa, con muchas capas, en la que se cruzan la historia de amor con nuestra historia política, envueltas en un thriller. Creo que eso fue lo que nos permitió ganar, que sea una historia con identidad local.

Un premio de este tipo puede llamar la atención sobre otras cosas que se producen en la Argentina, y eso a la vez nos acerca a Hollywood, pero esto no quiere decir que renunciemos a nuestro sello y nuestra identidad para adaptarnos al cine de Hollywood. De mi propia experiencia surge que se puede ser parte de ese mundo sin problemas, pero la verdad es que las películas con las que participé y gané el Oscar no son representativas de lo hollywoodense.
Así que espero sinceramente que este Oscar, que ganaron Campanella y todo su equipo, ponga en foco la creatividad de nuestra gente y de nuestro cine y a la vez sirva de motivación para directores como Campanella para contar más historias que hablen de nosotros como país. Confío en que seguirá haciendo lo que su corazón le dicta porque eso es lo que lo llevó a ganar el Oscar.

Un Oscar es una vidriera al mundo. Particularmente tuve la bendición de recibir muchos premios, como los Grammy y el Golden Globe, pero el Oscar es como una bestia que se separa de todo el resto y te da mucha visibilidad.
En mi caso, no ha cambiado demasiado mi vida ni mi forma de trabajar. Me levanto cada día rodeándome de los mejores músicos para hacer el mejor disco posible o asociándome con los mejores directores de cine para trabajar. Pero solamente siendo nominado te queda por mucho tiempo esa frase de presentación "nominado al Oscar en..."; así que cuando lo ganás se transforma en un título que te queda para toda la vida.
El músico ganó dos Oscar por música original, por Babel y por Secreto en la montaña

Por Gustavo Santaolalla
Fuente: La Nación
Más información: www.lanacion.com



UN PREMIO QUE AFIANZA EL CINE ARGENTINO EN EL MUNDO. POR LUIS PUENZO


"El Oscar abre un montón de puertas. Por un lado, están las perspectivas que surgen a nivel personal: al ganar el Oscar empiezan los ofrecimientos para filmar y desarrollar distintos proyectos cinematográficos en los Estados Unidos. En ese sentido, creo que Juan José Campanella ya está instalado en la industria americana (él lleva varios años dirigiendo series importantes de la televisión estadounidense), y que si quiere filmar en los Estados Unidos, le va a ser muy fácil pasar de la televisión al cine. Además, es un tipo de cine que conoce y sabe hacer muy bien. Todo depende del camino que uno quiera seguir. En mi caso, después del Oscar a La historia oficial , tuve la posibilidad de dirigir La peste y Gringo Viejo , y quise hacer proyectos más outsiders (de hecho, filmé ambas películas fuera de los Estados Unidos)".
"Por otra parte, creo que el Oscar que ganó El secreto de sus ojos, también le hará bien al cine argentino, que durante los últimos años se fue consolidando en distintos festivales europeos. Este premio termina de colocar muy fuertemente al cine argentino a nivel mundial. También es evidente que los momentos son diferentes: 24 años atrás, cuando ganó La historia oficial , el cine argentino no estaba en el mundo como está hoy; ahora, cada año, hay films argentinos en tres o cuatro festivales de primera línea. Y el Oscar, sin duda, le da una visibilidad aún mayor".
"De todos modos, me parece que si en lugar de El secreto de sus ojos hubiera estado El hijo de la novia , también ganaba el premio. Porque creo que en muy buena medida, el Oscar lo ganó Juan José Campanella. Es un reconocimiento a él y, por cierto, muy merecido".
"Finalmente, una curiosidad a destacar: además de haber ganado un Oscar cada una, La historia oficial yEl secreto de sus ojos , tuvieron el mismo director de fotografía, Félix Monti, un excelente profesional. Y un actor en común, Pablo Rago, que tendría 11 o 12 años cuando hizo de primo de la entonces niña Analía Castro; y ahora "pinta" canas en la película de Juan José Campanella".
El Oscar abre un montón de puertas. Por un lado, están las perspectivas que surgen a nivel personal: al ganar el Oscar, empiezan los ofrecimientos para filmar y desarrollar distintos proyectos cinematográficos en los Estados Unidos. En ese sentido, creo que Juan José Campanella ya está instalado en la industria americana (él lleva varios años dirigiendo series importantes de la televisión estadounidense) y que si quiere filmar en los Estados Unidos le va a ser muy fácil pasar de la televisión al cine. Además, es un tipo de cine que conoce y sabe hacer muy bien. Todo depende del camino que uno quiera seguir. En mi caso, después del Oscar a La historia oficial , tuve la posibilidad de dirigir La peste y Gringo v iejo, y quise hacer proyectos más outsiders (de hecho, filmé ambas películas fuera de los Estados Unidos).
Por otra parte, creo que el Oscar que ganó El secreto de sus ojos también le hará bien al cine argentino, que durante los últimos años se fue consolidando en distintos festivales europeos. Este premio termina de colocar muy fuertemente al cine argentino a nivel mundial. También es evidente que los momentos son diferentes: 24 años atrás, cuando ganó La historia oficial , el cine argentino no estaba en el mundo como está hoy; ahora, cada año, hay films argentinos en tres o cuatro festivales de primera línea. Y el Oscar, sin duda, le da una visibilidad aún mayor.
De todos modos, me parece que si en lugar de El secreto de sus ojos hubiera estado El hijo de la novia , también ganaba el premio. Porque creo que en muy buena medida el Oscar lo ganó Juan José Campanella. Es un reconocimiento a él y, por cierto, muy merecido.
Finalmente, una curiosidad a destacar: además de haber ganado un Oscar cada una, La historia oficial y El secreto de sus ojos tuvieron el mismo director de fotografía, Félix Monti, un excelente profesional. Y un actor en común, Pablo Rago, que tendría 11 o 12 años cuando hizo de primo de la entonces niña Analía Castro, y ahora "pinta" canas en la película de Juan José Campanella.
El director ganó un Oscar por La historia oficial

Por Luis Puenzo
Fuente: La Nación
Más información: www.lanacion.com



JUAN JOSE CAMPANELLA, DESPUES DEL PREMIO OBTENIDO POR EL SECRETO DE SUS OJOS: ‘NO BUSQUÉ HACER UNA PELÍCULA ‘FOR EXPORT’’

La coronación máxima en Hollywood de El secreto de sus ojos lo tiene a Juan José Campanella exhausto ante el requerimiento periodístico. Sin embargo, si el cineasta no destilara esa “argentinidad” tan profunda que logra plasmar en sus películas, podría pensarse que uno está ante la presencia de un lord inglés. Correcto y medido, y a la vez, entusiasmado por lo que está viviendo, Campanella dice que ante la obtención del Oscar, está “aterrizando”. “No he tenido tiempo de estar en mi casa con mi familia y poder empezar a disfrutar de esto. La verdad es que me gustaría estar un poquito solo”, se sincera ante la pregunta de Página/12 sobre cómo vive este momento de gloria. No es para menos: ayer su teléfono sonó ininterrumpidamente y su casilla de correo contenía más de cuatrocientos mails, lo que permite entender que se trata de una tarea titánica responder todos los pedidos o agradecer las innumerables felicitaciones, aun para el más experimentado internauta. Pero hay que tener en cuenta un dato: un Oscar no se gana todos los días. De hecho, el cine argentino está celebrando el segundo después de veinticuatro años.
–¿Es la película que más alegrías le dio?
–Si lo medimos en cuanto a repercusión y premios como éste, obviamente sí lo es. Si lo medimos desde otro parámetro, Luna de Avellaneda para mí es una película que trascendió lo cinematográfico en la Argentina de una manera que para mí supera a ésta. Vientos de agua me sigue pareciendo lo mejor que hice. El hijo de la novia, desde el punto de vista personal, siendo una cosa tan cercana a mi familia, también. El mismo amor, la misma lluvia fue la película con que prácticamente empezó mi historia, mi carrera. Todas las películas me han dado diversas satisfacciones.
–¿Cómo fueron los días previos en el set de Dr. House? ¿Cómo lo vivía el equipo de trabajo?
–Con mucho apoyo, con mucha ayuda, pero es una serie donde se trabaja muy intensamente. Y realmente, llega un momento en que podés comentar un poquito pero hay que trabajar. Pero bueno, la vestuarista me ayudó con el smoking, así que fue una cosa de mucha camaradería. Y hoy (por ayer) fui a visitarlos y a mostrarlos el Oscar y fue maravilloso. Hubo mucha buena onda.
–¿Qué cree que premiaron los votantes de la Academia? ¿Qué aspectos de la película pudieron ser influyentes en el voto, según su criterio?
–Según mi criterio, no puedo decir nada porque no los conozco. Ahora, según el criterio de muchos que se acercaron a conversar conmigo, hablaban de una película atrapante, que los había conmocionado. En ese sentido, la veían como una película más fuerte y más potente que las otras, algo que me sorprendió porque yo considero que son todas muy potentes. Principalmente, eso es lo que más decían. Por supuesto, que hablaban muy bien de las actuaciones, del final, del guión, de la estructura. Pero también quiero recalcar, porque es importante, que todos me comentaban lo difícil que les había resultado elegir este año. Y de ninguna manera, la votación fue unánime. Acuérdese de que votan alrededor de quinientas personas. No quiere decir que los quinientos nos hayan votado a nosotros. Todas las películas tenían gente que las apoyaba y sé que para muchos la votación fue un dilema.
–Una vez señaló que El secreto... es una historia universal pero con sabor local. ¿Considera que la conjunción de estos dos aspectos es la que permite que la película guste en sitios y culturas diferentes?
–No, yo creo que gusta en sitios y culturas diferentes porque es una película con temas universales. El sabor local no es un motivo por el cual gusta sino que, en todo caso, se agrega a eso o no molesta, o simplemente se vive como un elemento más. No es una película turística de la Argentina, no es for export, por decirlo de alguna manera. Todo lo contrario: habla de una época de la Argentina y de una manera que no te da toda la información. Entonces, tenés que conocer algo. A pesar de eso, no parece disminuir el placer que le provoca a la gente aquí.
–¿Cuál es su opinión sobre el premio Oscar, en general? ¿Su concepción sobre este galardón siempre fue la misma o fue cambiando a lo largo de su carrera? ¿Cómo lo analiza?
–Es una pregunta que hay que especificar desde qué punto de vista se hace ese análisis. Desde el punto de vista de la importancia del premio, fue siempre el mismo: es el más importante del mundo, es el premio que le cambia la vida a una película. Y la prueba la puede ver en cómo aun en los sitios y los críticos que más critican y más superiores a este premio se sienten, no paran de hablar de él. Incluso, hasta haciendo concursos para ver quién gana el Oscar, que dan DVD y todo eso, cuando jamás he visto un concurso en el que obsequiaran DVD al que acertaba quién ganaba el Festival de Cannes. Desde el punto de vista de cómo se otorga, también lo considero el premio más importante, ya que en la categoría de Película Extranjera son quinientos votantes contra los seis o siete que conforman un jurado de un festival. Además, esos quinientos votantes son profesionales de una de las industrias más importantes del mundo. Muchas veces en los jurados, de esos siete, vemos tres nombres importantes y cuatro que no se sabe muy bien qué hacen. Ahora, en cuanto a la calidad de los films, eso siempre es totalmente subjetivo. Por supuesto (y esto no es sorpresa para nadie) que yo comulgo mucho más con la manera de hacer cine del clásico americano que con el coreano, al que veo como un cine alienígena que no tiene que nada que ver conmigo.
–¿En qué medida la candidatura de El hijo de la novia marcó un antes y un después en su carrera cinematográfica, y qué puede suceder ahora?
–La nominación en sí no fue un antes y un después en mi carrera cinematográfica. Después de El hijo de la novia, hice Luna de Avellaneda y luego estuve cinco años sin hacer películas. Así que no fue un antes y un después. Esto es un honor, es una cosa que se lleva de recuerdo, que la gente te respeta, pero no por haber sido nominado ni tampoco por haber ganado te van a poner tres millones de dólares para hacer una película. Es una validación. Es como ganar un premio importante de periodismo o de literatura. Obviamente, no es fácil ganar, y habla de que tenés un buen promedio histórico, pero nada más.
–¿Cuál de las dos nominaciones vivió con mayor intensidad?
–En realidad, las dos. Aquélla por ser la primera y ésta porque se comentaba ya desde el principio que era una de las favoritas. Desde que se empezó a ver la película aquí, se empezó a hablar mucho de ella.
–Usted señaló que aspiraba a la nominación antes que al premio. ¿Por qué?
–Las películas nominadas son de estilos muy distintos, lo que también muestra una apertura de mente. Fueron cinco películas votadas por todos los miembros. Entonces, quiere decir que a la gran mayoría de los miembros les gustaron las cinco, cosa que parece que en Argentina fuera un imposible, no en el público sino en los cinéfilos a los que les gusta una película y se impiden a sí mismos gozar de otro tipo de cine. Entonces, ya ser parte de un grupo en el que están La cinta blanca, Un profeta, grandes películas realmente que van a ser clásicos, ya es bastante. Después, el Oscar (y lo digo aun hoy habiendo ganado) ya dependés de gustos más restringidos y personales. Por ahí, ganamos por un voto solamente. Así que no creo que en ese sentido La cinta blanca, Un profeta o La teta asustada sean inferiores a El secreto de sus ojos. En absoluto.
–¿Y qué significa este premio en términos de proyección internacional para El secreto de sus ojos?
–El día y la noche. En ese sentido, sí es un premio que le cambia la vida a una película, porque los países que no la habían comprado la van a comprar; los que la habían comprado, la van a lanzar más grande; los que pensaban lanzarla en DVD, ahora la van a lanzar en cine.
–Hace veinticuatro años La historia oficial ganaba el primer Oscar para la Argentina y se trataba de una película que reflejaba el pasado turbulento de nuestro país. El secreto de sus ojos también refleja parte del pasado político: el de un contexto ominoso previo, el de la Triple A. ¿Cree que este tema no fue tan debatido en el cine argentino?
–Yo creo que La historia oficial, en su momento, fue una de las primeras que habló de ese tema, pero creo que desde entonces se ha hablado bastante de la época de la dictadura. Quizá de lo que no se ha hablado demasiado y hay mucho hambre por conocer y empezar a hilar fino porque es una época muy confusa, es justamente la etapa de El secreto de sus ojos, la etapa previa.

Por Oscar Ranzani
Fuente: Página 12
Más información: www.pagina12.com.ar



RICARDO DARIN Y SOLEDAD VILLAMIL LO VIVIERON DESDE BUENOS AIRES: ‘GANAR ESTE PREMIO FUE MILAGROSO’

“Ustedes se preguntarán cómo es el camino del éxito”, bromeó Ricardo Darín casi a las tres de la madrugada de ayer, cuando brindó una conferencia de prensa junto a Soledad Villamil, momentos después de que El secreto de sus ojos entrara en la historia del cine mundial al obtener el Oscar a la Mejor Película Extranjera. Y esa fue la tónica del encuentro con los periodistas: un clima de alegría y buen humor pero sin que ninguno de los protagonistas manifestara una euforia desmedida, sino permitiéndose ambos un espacio para analizar, más allá de los chistes, este presente exitoso para todo el equipo que comandó Juan José Campanella. Los dos vivieron el desenlace desde Buenos Aires, ya que no viajaron a Los Angeles. En ese sentido, Darín aclaró, casi al comienzo de la rueda de prensa, el malentendido que habían generado sus comentarios en los días previos a la ceremonia, cuando señaló que no había viajado debido a que no lo invitaron oficialmente, algo que ayer negó rotundamente. Atribuyó el episodio a una confusión con su representante. Villamil, en tanto, manifestó que no viajó porque había pocas invitaciones “pero siempre pensé que lo importante es acompañar la película donde sea necesario, acá o allá”.
La emoción por el premio se vislumbró en el rostro de la cantante y actriz al señalar que, cuando llegó el momento del anuncio del Oscar, “los latidos de mi propio corazón no me dejaron escuchar bien que la ganadora era El secreto de sus ojos”, comentó Villamil, quien destacó: “El premio que le dieron a El secreto de sus ojos es un premio para la película”. “Y la película –argumentó– es Juan José Campanella en un altísimo porcentaje. El es guionista, director, productor, mentor. Es extraordinario, ya que es un director argentino que tiene dos nominaciones y un Oscar, lo cual habla de su gran talento, y también del gran talento del cine argentino. Y es de desear y de soñar que, además, esto repercuta y beneficie a la industria del cine nacional, que podamos hacer más películas aquí en nuestro país, que esto potencie a la producción de cine nacional.” Minutos más tarde, Darín coincidió en que se trata de “un gran reconocimiento para Campanella. El es un gran merecedor de esto, porque es un trabajador y un amante del cine y de los actores. Y nosotros tenemos que estar felices de que un tipo como Campanella haya sido justamente reconocido en este trabajo, porque para nosotros es un privilegio. A veces te toca trabajar con directores que no son precisamente amantes de los actores”, señaló, y su vasta trayectoria artística en cine permite entender la sinceridad de su comentario.
Después llegó el momento de poner en relación a la ganadora con las competidoras. Y entonces, Darín comentó que obtener el premio “fue milagroso, porque yo tuve la oportunidad de ver las cuatro películas que competían con El secreto de sus ojos y la verdad es que la teníamos bastante brava. De esas cuatro películas hay cuatro que son muy buenas”. Posteriormente, amplió su análisis rescatando la fotografía y el arte de La teta asustada que “son impresionantes”, diciendo que la alemana La cinta blanca “es una de esas historias que parecen de Bergman”, que la israelí, Ajami “toca tan profundamente el corazón y las entrañas de cada uno que uno dice ‘esa es la esencia del conflicto árabe-israelí’” y que la francesa, Un profeta, “tiene una factura impresionante, con actuaciones que no se pueden creer. Cuando señalo que es un milagro, quiero decir que nuestra película se abrió camino. Me parece que haber logrado trascender en un grupo como ese es todavía mucho más meritorio”, precisó el actor.
Sin embargo, también reconoció dónde pudo estar, según su criterio, el secreto de El secreto..., ya que explicó que el resto de las películas “son muy buenas pero le ofrecían a la nuestra una brecha a través de la cual debe haber conseguido sus buenas chances y que tiene que ver con que se puede contar una historia dura, áspera, profunda, sensible pero sin inhabilitar el humor y la cotidianidad. Las otras películas son muy buenas todas, cada una por distintos motivos, pero están como inhabilitadas del humor. Obviamente, son dramas, y es muy difícil meter humor ahí dentro, pero me parece que eso las hizo parecerse un poco”, consideró.
A la hora de explicar cómo fueron creciendo las expectativas con el correr de los días, la actriz que en la ficción encarna a la secretaria de un juzgado penal que tiene un amor inconcluso con el personaje que interpreta Darín explicó que la gente la fue convenciendo de las posibilidades y que le dio “un optimismo total”. “Si hasta hace una semana uno decía ‘bueno, son películas muy difíciles’, la verdad es que era tanto el cariño que recibíamos que hace tres o cuatro días que yo venía gritando ‘¡Vamos!’”, vociferó. “Uno notaba que había un empuje de toda la gente, pero además tenían algo de qué agarrarse para sentir que se podía –agregó Darín–. Y tiene que ver con algo que, a lo mejor, uno como actor no detecta, y que va más profundamente a una comunidad, que toca una tecla que uno no llega a vislumbrar o a adivinar.”
Antes de asegurar que la obtención del Oscar no le quita el sueño en función de una probable llegada a Hollywood, Darín confesó que cuando un actor lee un guión que está muy bien escrito “se imagina un poco cómo van a ser las cosas”. “Pero en realidad –planteó–, no estás pensando nunca en los resultados. El primer objetivo es ver cómo se hace eso para tratar de acompañar lo que acabás de leer y te gustó. O por lo menos, no entorpecerlo.” También recalcó la importancia del impacto en los espectadores: “Cuando la historia llega a la gente, si produce lo que produjo esta película en la audiencia, todo es mucho más fácil, porque quiere decir que la historia llegó, tocó, movilizó. Y, en realidad, el gran merecedor de esta distinción es la gente, porque cuando El secreto... se estrenó en Argentina la página web que había habilitado la producción para la película empezó a recibir comentarios y devoluciones de cada espectador”. Entonces, Darín contó que le llamó mucho la atención, meses atrás, que más allá de lo que les había gustado del film, muchos decían: “Esta película va a ganar el Oscar”. “Esas personas se deben sentir hoy formando parte de algo propio. Sería necio no dedicarle esto a toda la gente que creyó desde el primer momento. Yo cuando vi la película no pensé que iba a ir al Oscar. Y hubo gente que la vio y dijo: ‘Va a ganar el Oscar’. Esa gente se debe sentir hoy muy gratificada”, dijo, en una señal de agradecimiento que seguramente no tendrá fecha de vencimiento.
Finalmente, Página/12 les preguntó qué consideran que le gusta al público argentino del cine de Campanella que siempre responde masivamente y qué les gusta a ellos como actores:
Soledad Villamil: –Lo que gusta al público es casi lo mismo que lo que me gusta a mí. O sea que puedo resumir las dos preguntas en una.
Ricardo Darín: –Las tres, podés incluir la mía (risas).
S. V.: –Lo voy a citar a Campanella: él dice que las historias que cuenta son de personas ordinarias a las que les suceden cosas extraordinarias; por lo menos es así en el caso de esta película. Lo cual hace que todos, que en el fuero más íntimo, nos sintamos débiles seres humanos, nos involucremos y nos identifiquemos con esos personajes también débiles seres humanos con sus falencias, sus miedos, sus errores, y a los que les suceden cosas extraordinarias y que las tienen que atravesar y superar. Creo que eso es una de las cosas que más conmueve del cine de Juan, porque, además, él tiene la habilidad como artista para plasmarlo y contarlo. Todo lo que digo es una idea, pero él lo pone en los diálogos, en los personajes, en los chistes. Parte de eso es lo que a uno más lo conmueve.

Por Oscar Ranzani
Fuente: Página 12
Más información: www.pagina12.com.ar 



EL SECRETO DE SUS OJOS: EL PORQUÉ DE SU VICTORIA EN LOS OSCAR

Sin ser exitistas, podríamos decir que El Secreto de sus Ojos se merecía el Oscar a Mejor Película Extranjera porque era simplemente la mejor. Lejos de triunfalismos nacionalistas, por caso: soy argentino, la película de Juan José Campanella goza de todos los aditamentos necesarios para regocijarse del merecido reconocimiento que obtuvo frente a un jurado internacional (aunque, de movida, norteamericano). Aquí, aprovechando el reciente y glorioso palmarés, examinaremos algunos de los puntos claves por los cuales El Secreto de sus Ojos se ha convertido en lo mejor del cine mundial (excluyendo, claro, a los laureles de EE.UU.).
Estética made in Hollywood
Si hay un punto a favor, en este caso, para observar la obra de Campanella, diríamos que pareciera tranquilamente ser una película de Hollywood. Es la eficacia profesional digna de la cultura norteamericana –con sus correspondientes: visión, misión, valores, usos y costumbres- la que termina por darle una cierta forma de producto entero y sin baches al film, determinado por una idiosincrasia industrial (e industrialista).
El cine de género, ese que tanta falta le hace a la cinematografía latinoamericana, termina por ser un factor clave (otro más) en su elección como ganadora: nadie se juega por ello; entonces, la apuesta por hacerlo en un contexto de decadencia vale doble. Cuando en el horizonte vemos que a una película no le faltan serios plot points, ni personajes pintorescos, ni un dejo de crítica social, ni diversas lecturas, entendemos que la mejor estética made in Hollywood (más cerca del noir Humphrey Bogard que del policial modernoso) está presente. Enhorabuena, pues.
Anclaje histórico: la realidad del secreto
Estamos ante un drama judicial-policial, eso está claro. En el año 1975, la República Argentina vivía en un fuerte nido acobijador de represiones sociales pre-golpes de Estado. El germen político de una presidenta endeble (Isabel Perón) y el contexto social de confusión ciudadana funcionaron como caldo de cultivo para una historia por demás atrapante. Y sobre todo real. El Estado represivo anterior al año 1976 muestra, también, a siniestros organismos como la Triple A (Alianza Anticomunista Argentina), un grupo paramilitar de ultraderecha del cual formaba parte el reo de la película (el español Isidoro Gómez en una magistral interpretación de la maldad).
Así, en ese retrato del sistema judicial que obedece a la ecuanimidad divina de sus superiores, los peores años de la historia argentina aparecen como antecedente en los que se posa Campanella para funcionar (casi combativamente) de ‘manera vaticinio’. O de cómo la historia se repite una y otra vez.
Sus competidoras
Pese a que los pronósticos apuntaban a la alemana La Cinta Blanca –ganadora de unGlobo de Oro y de la Palma de Oro en Cannes- como la gran triunfadora de la noche, El Secreto de sus Ojos obtuvo el premio a la Mejor Película Extranjera. Nada pudo hacer tampoco Ajami, película israelí que muestra –desde diferentes puntos de vista- un barrio donde conviven diversas culturas, quien ya había perdido una contienda contra La Cinta Blanca, de Michael Haneke, en los Globo de Oro.
La otra postulante sudamericana, La Teta Asustada –ganadora del Oso de Oro en elFestival de Berlín-, ese visceral viaje del miedo a la libertad dirigido por el peruano Claudio Llosa, tenía algún visto bueno por parte de la crítica ya que es un llamamiento a los derechos de la mujer. Sin embargo, ninguna de ellas –tampoco le hizo sombra Jacques Audiard con Un Profeta- pudo vencer a El Secreto de sus Ojos. Ha decir de Campanella:"No sólo estoy diciendo que son cinco películas radicalmente diferentes entre ellas. Muestra una apertura de mentalidad de la Academia que es muy poderosa".
Antecedentes en Argentina de films galardonados
Solamente existe en la historia de los premios Oscar un antecedente ganador desde Argentina: La Historia Oficial (Luis Puenzo, 1986). En conexión con El Secreto de sus Ojos, también tiene reminiscencias a la Dictadura Militar. De hecho, ambas funcionan para masajear el pensamiento colectivo. Un poco en forma pedagógica, La Historia Oficialmostraba la discusión ética y moral sobre la identidad en el seno de una familia de apropiadores. Sucede que en el año ’86, muy poco después del destape criollo post-Democracia, decir o jugarse con aproximaciones a la verdad continuaba siendo arriesgado. De ahí, es probable, su galardón.
En otras oportunidades, habían sido nominadas La Tregua (Sergio Renán, 1975) y Camila(María Luisa Bemberg, 1985). Y, sorprendentemente, en épocas donde los Estados Unidos tenían a los mejores dibujos animados del mundo, la Industria CinematográficaArgentina envió a la pre-selección de los Oscar a Manuelita (Manuel García Ferré, 1999), una obra naif y mediocre en comparación a los blockbusters de animación mundiales.
Los aciertos del elenco
Tan ecléctico como efectivo, el elenco de El Secreto de sus Ojos tuvo varios aciertos indispensables. En primer lugar, el cambio de co-protagonistas en el binomio Juan José Campanella-Ricardo Darín. Es que en esa sociedad maravillosa siempre aparece el lánguido Eduardo Blanco, quien completa el triángulo y los acompaña en la mayoría de los proyectos como segundo de Darín. En este caso, su lugar se vio desplazado por el maravilloso Guillermo Francella, un eterno comediante de bigote que –para sorpresa de muchos- en esta producción no porta. Un hombre capaz de hacer reír a cualquiera y que otrora fuera protagonista de películas bajo presupuesto como Los Bañeros más locos del mundo o de la saga Los Extermineitors (un divertido rejunte local de clichés mainstreamde dudosa calidad), y ahora devenido (y probado) camaleónico.
Como protagónico, Ricardo Darín es, siempre, garantía de buenas interpretaciones. Pero, una mención honorífica merece Pablo Rago como el sufrido (y vengador) viudo, Ricardo Morales. Un actor popular ligado a las series de TV de los ’90 que cumple con creces y otorga –pese a algún desfasaje en su vestimenta de los años ’70 símil años ’50- una credibilidad notoria a este atrevido policial de complejos enrosques.
La siempre notable Soledad Villamil como la Dra. Irene Menéndez Hasting parece salida de algún film de la década del ’40. Elíptica, metafórica y siempre contestataria. Muy bien 10.
Gracias a ellos, y también a algunos otros aciertos como José Luis Gioia (un actor-comediante prácticamente sin experiencia en el cine) o Carla Quevedo (una bella modelo publicitaria, cuya mirada da parcialmente título al film), será cómo Campanella obtenga en la coralidad del relato una película masiva, entretenida y bien actuada.
Su director: Juan José Campanella
La justificación del estilo viene desde la formación. Dime en qué andas y te diré quién eres. Juan José Campanella es, ante todo, un director simple. Sus historias suelen llegar a donde tienen que llegar. Como director ha filmado películas como El mismo amor, la misma lluvia (1999), El hijo de la novia (2001) y Luna de Avellaneda (2004). Sin embargo, fue su experiencia internacional la que selló el destino de este genial cineasta nacido enBuenos Aires. Desarrolló parte de su carrera en los Estados Unidos dirigiendo capítulos de series de tamaña envergadura (Law & Order, 30 Rocks y Dr. House), y fue allí donde terminó de pulir su particular estilo. Hoy, con el premio a cuestas, distinguirlo es una obviedad, aunque –hay que decirlo- es uno de los mejores del planeta.
El porqué del éxito
Dirección, fotografía, montaje (sublime la persecución en la cancha de fútbol), elección de casting, buenos gags (justos y necesarios), controversia en puerta, Ricardo Darín en todo su esplendor, buena adaptación del libro “La Pregunta de sus Ojos” de Eduardo Sacheri... todas son buenas excusas individuales e indivisibles para justificar el porqué del éxito. Aunque lo cierto es que: El Secreto de sus Ojos obtuvo el triunfo porque es, en suma de argumentos, una grandísima película. Una de esas que, en verdad, quedan en los pontíficos anales para siempre. El premio Oscar a Mejor Película Extranjera permite decirlo: ¡Larga vida al Cine Argentino!

Por Hernán Panessi
Fuente: Cine Maverick
Más información: www.cinemaverick.net 



UN FINAL SÁDICO PARA LA HISTORIA ARGENTINA. ESCRIBE GUSTAVO NIELSEN

Prefiero ver películas argentinas con mi mamá. Josefina es la única mujer que conozco que es capaz de quedar cautivada por una genialidad quieta del cordobés Santiago Loza o por la pericia comercial de una de Campanella. Filtra todo lo malo; de lo nuevo se queda, especialmente, con Rejtman y Martel. Josefina ve más que el resto de la gente, y no sólo detalles, descubre las trabas narrativas como si alguna vez hubiera escrito para el cine. Es de la generación que aprendió a ver películas viéndolas. Sus maestros fueron Antonioni, Fellini, Losey y Buñuel, directamente de la pantalla grande. Y la boludización autoexplícita de jólivud de todos estos años no logró borrarle lo que adquirió de niña.
Vi El secreto de sus ojos con ella, y a la salida fuimos a tomar un café. Esperaba que le encantara sin críticas, porque está en el límite bueno de lo que solemos soportar. Y en verdad la adoró, pero me dijo: “Vos podrías haberle puesto un final más acertado”. Me gustó que lo dijera, aunque, pensé: es mi mamá. Pero agregó: “Mucho mejor final le hubiera puesto Guillermo Martínez”. Me quedé helado. A lo mejor Martínez es mi hermano Rex y yo, Meteoro, sin saberlo. Entonces ella dijo que al broche de El secreto... le faltaba sadismo. Que era demasiado correcto. Que se podía hablar de lo mismo, de la misma historia reciente argentina, pero con la sorpresa de eludirla al final, magistralmente, como Guillermo hace en “Infierno grande”.
En el cuento de Martínez un extraño llega a un pueblo para quedarse, en pleno Mundial ‘78, y las malas lenguas enseguida le inventan un romance con la esposa del peluquero. El romance se ve más claro en el momento en que los dos se ausentan. Pasa más de un mes y no regresan. La gente comienza a inclinarse por el asesinato pasional: los cuerpos deben estar enterrados en alguna parte de la playa. Un perro raquítico se ocupa de señalar ese lugar: lleva la mano de un humano muerto colgando del hocico. El comisario y un grupo de hombres armados con palas cava donde el perro cavó. Y encuentran mucho más que dos cadáveres: una fosa de NN fusilados por la dictadura. La francesa vuelve al pueblo, más tarde, y del extraño nadie vuelve a preguntar jamás.
No sé si el culpable del final suave de El secreto de sus ojos fue finalmente Campanella o Sacheri, porque todavía no leí el libro, pero coincido con Josefina en que un volantazo hubiera potenciado la trama. Darín desconfía de Rago cuando va a verlo a su casa, y lo sigue hasta la instalación del fondo, esa cárcel precaria. Pero allí finalmente no encuentra al sicario encarcelado, sino a otra mujer, vejada, encadenada, torturada, sin, por ejemplo, un brazo. O sea: Rago como un asesino serial de mujeres al que solamente lo impulsa su vicio, su propia animalidad. Al que la historia argentina le importa un carajo. Un asesino de instintos, no un vengador a lo Charles Bronson con un Alplax encima. Entonces la historia argentina, con todos sus vericuetos, culpas y agresiones, hubiera quedado a descubierto por nada, como si la hubiéramos encontrado en un arcón al que fuimos a buscar otra cosa. Y Rago habría quedado como uno de esos delincuentes que nadie encuentra jamás, a menos que cometan un error como el de liquidar a su propia esposa.
Prefiero los finales de mi mamá, que suelen ser mucho más crueles e inteligentes a los de la mitad de las películas del cine que vemos. Pero no sé qué sería de las películas argentinas con esos finales. No creo que pudieran llegar a ser masivas como ésta, ni propuestas para representar al país en el pobre cinecito mainstream mierdita que hoy existe, y que rara vez nos sorprende. Ni qué hablar de asustarnos, hacernos pensar, llorar, reír.

Por Gustavo Nielsen
Fuente: Página 12
Más información: www.pagina12.com.ar
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