EL ISLAM A DEBATE

El que esté libre de pecado, que tire la primera piedra

Profundas contradicciones entre los países islámicos entre la interpretación y la aplicación del Corán. La lapidación divide al Islam

El que esté libre de pecado, que tire la primera piedra

"El que esté libre de pecado, que tire la primera piedra" (Jn 8,7)


Como suele ocurrir con los textos sagrados en todas las latitudes –Con los Evangelios también ha ocurrido-, según la ubicación geográfica, en ocasiones se ha hecho decir a la Divinidad cosas que nunca pensó siquiera imaginar. Ya San Pablo advertía aquello de que “La letra mata…” (Cor. 3,6), cuando se pierde el horizonte del espíritu.

No debe existir entre la literatura árabe libro más bello que el Corán; cada Sudra expresa en versos la maravilla de la Creación. Sin embargo, el Libro no es el problema sino el hombre que lo toma y hace de él una herramienta de sometimiento, lo cual va contra la esencia misma del Texto. Todos los libros sagrados tienen un mensaje profundamente liberador, no al contrario. Son los hombres quienes tuercen su sentido.

En el Corán no aparece la lapidación como pena, aunque invocando el Libro del Profeta en algunos países del Medio Oriente se practiquen no sólo lapidaciones, sino también flagelaciones públicas, mutilaciones (se corta la mano del que roba; o el pie; etc.), que al mejor estilo de la Europa medieval católica, se convierten en espeluznantes espectáculos públicos.

El debate sobre esta cuestión se ha reflotado con virulencia desde que el caso de Sakineh Mohamadi Ashtiani fuera condenada en Irán a sufrir esa pena infamante. En este país como en otros de la región, la lapidación está reservada para solteros de ambos sexos que mantiene relaciones sexuales, adúlteros y ahora homosexuales.

En el Irán desde la implantación de la República Islámica con Ruhollah Khomeini en los años setenta del siglo XX, se retrocedió a la más arcaica antigüedad religiosa. La reforma de su código penal incluyó penas como éstas con su correspondiente descripción: "Al hombre se le entierra en un hoyo hasta la cintura mientras la mujer es enterrada hasta los hombros (...). Las piedras no deben ser tan grandes como para que la persona se muera con pocos golpes ni tan pequeñas que no se las pueda considerar piedras". Si el condenado es capaz de escapar con vida no volverán a intentar matarlo (el hombre juega con ventaja por tener al aire desde la cintura hasta los hombros, y alguna vez ha ocurrido), mientras que si muere por otra causa (un infarto, por ejemplo) se lapidará el cadáver. La pena prevista en el libro sagrado de los musulmanes para el adulterio, por el contrario, es la de recibir 100 latigazos, tanto para hombres como para mujeres. El castigo sería la mitad si la mujer fuera una esclava. Sin palabras.

Sin embargo, ante el avance internacional sobre Irán por el caso Ashtiani, los burócratas judiciales le han encontrado la vuelta. Ya no será lapidada, pero sí queda pendiente la pena de la horca, sobre la cual mucho el Occidente no tiene nada que decir porque la pena de muerte se aplica en no pocos países. El primero en callar debiera ser Estados Unidos que hace menos de un mes ejecutó a una mujer.

El debate se centra en la aplicación de penas infamantes, como es ésta de la lapidación; porque, si en el Corán no está prevista, ¿Cómo es que los penalistas islámicos describen tan detalladamente el procedimiento? Dirá el lector qué significa esto que preguntamos; es que precisamente, en el Islam nada está librado a la mente del fiel porque Allah ya lo ha pensado todo.

El Islam nace casi seis siglos más tarde que el cristianismo, también en medio de un pueblo nómade y tribal como lo fue el judío; sólo que éste último soportó el paso del Imperio Romano que le trajo –quiera que no- un modelo de organización social y cultural. De allí que las penas incluso sean similares a las previstas en el Antiguo Testamento, bajo el imperio de Yahve.

Ahora bien, la venida de Jesús al mundo tuvo además el motivo de morigerar la Ley mosaica, arrancarle la letra fría y vivificarla; es decir, dotarla de un espíritu compasivo y de progreso. Un caso testigo es el episodio de la prostituta de quien le dicen a Cristo: “Moisés ordena lapidarla”, a lo que el Señor contesta “Ve y no peques más”. Prevalece el espíritu del perdón. En el Islam ocurre otro tanto, aunque más tardíamente, porque desde el siglo XIX, o un poco antes, un sector de los estudiosos musulmanes vienen predicando lo mismo; la prevalencia del espíritu sobre la literalidad del texto.

En este punto Islam, los judíos ultraortodoxos y los sectores más fanáticos y radicalizados del catolicismo coinciden en llevar al extremo los detalles en lugar de tener una mirada más amplia y moderada. En el fondo, hay mucho de ignorancia en estas posturas.

Para el caso concreto del Islam y el debate que se produce ahora sobre las penas físicas e infamantes, los estudiosos islámicos con una formación más abierta y moderada están exigiendo “una moratoria para todas las penas corporales y capitales en el Islam y así poder volver a los textos fundamentales (...) y determinar exactamente las condiciones requeridas".

Si una pizca de procacidad faltaba para condimentar una cuestión tan escabrosa, pero que devela la mala intención de quienes interpretan la ley coránica, es precisamente el texto donde se refiere a los requisitos imprescindibles para pronunciar una sentencia por adulterio, que dice precisar de cuatro testigos masculinos que vean “"desaparecer el miembro del fornicador dentro del cuerpo de la fornicadora de la misma manera que el cálamo desaparece en el tintero del escriba o la cuerda desaparece en el pozo". Salvo un caso de exhibición pública, la condición predicada resulta imposible en términos racionales de cumplir.

Por Joaquín Achával
Para El Intransigente


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