Gerardo Vallejo fue una de las figuras importantes del cine argentino y su corta obra mereció elogios tanto en el país, como en el exterior por dos películas que marcaron momentos claves de la historia política del país, "El camino hacia la muerte del viejo Reales" y "El rigor del destino".
Nació el 4 de Enero de 1942 en la provincia de Tucumán. Desarrolló una rica carrera en el cine argentino, aportando no sólo un invaluable testimonio por lo aclarador y disparador de su temática, sino por su compromiso con la sociedad. Esta es su historia.
Vallejo era guionista y director, y falleció a los 66 años, dejando una huella fundamental en el ámbito regional, nacional e internacional. Cursó el colegio secundario en el Gymnasium en la Universidad Nacional de Tucumán y en 1965 se recibió de director de cine documental en el Instituto de Cinematografía de la Universidad Nacional del Litoral, que dirigía Fernando Birri.
Inició su carrera a mediados de los 60’ con el grupo “Cine Liberación”, junto a Fernando “Pino” Solanas y Octavio Getino. Su primera película, "El camino hacia la muerte del Viejo Reales", realizada en 1968, se convirtió en su película más conocida. Trata sobre un campesino llamado Gerardo Ramón Reales, muerto en pleno rodaje. Ese filme incentivó el interés de Vallejo por el cine antropológico.
Después de un atentado contra la casa de sus padres, en 1974 huyó a Panamá y más tarde a España por la dictadura argentina. En 1979 creó en Madrid una escuela de cine por la que pasaron 150 alumnos durante los tres años que estuvo abierta. Durante ese período escribió el libro “Un camino hacia el cine”. Más tarde escribiría y dirigiría "El inocente" (2000); "Con el alma" (1995); y "El rigor del destino" (1985).
Vallejo estuvo casado primero con Evangelina Delgado, con quien tuvo tres hijos y luego con Eva Piwowarsky, con quien tuvo dos hijas. Descansa en paz en la provincia de San Luis, provincia que adoptó como propia por haber filmado allí "Martín Fierro, el ave solitaria", poema épico de José Hernández, con un fuerte subrayado en la condición social del personaje, interpretado por Juan Palomino, al que retrató como el arquetipo del trabajador argentino, según su punto de vista, "hace casi dos siglos explotado y sometido a los mismos abusos y a las mismas persecuciones".
Allí, con el respaldo del gobernador Alberto Rodriguez Saa, puedo realizar ese sueño y gozar del reconocimiento que no había tenido por parte de las autoridades tucumanas. Además, realizó la campaña "La Marcha de los Sueños" por la candidatura del Dr. Adolfo Rodriguez Saa para la Presidencia de la Nación, hecho trascendente ya que recorrieron todo el país en caravana y Vallejo filmó todo el recorrido.
Recordarlo en sus propias palabras, quizás, sea el mejor de los cierres para un merecido homenaje de un hombre de la cultura que vivirá para siempre en la memoria popular de la región y la nación por su inmenso aporte a la Argentina.
"El exilio es así, como un largo viaje en un tren entre el pasado y el futuro; igual que aquellos viajes de mi adolescencia en el ‘Estrella del Norte’, que me alejaban de Tucumán, pero siempre al mismo tiempo acercándome más, en un nuevo y distinto regreso.
“El espacio físico de los Valles Calchaquíes me atrae cinematográficamente como espacio mítico. Para Tucumán son el ancestro por siglos, ligado a la madre Tierra”.
“Falta la mirada del interior y la mirada del pueblo, su protagonismo. Lo que se ve ahora es el cine de la burguesía y de la clase media, pero que no expresa los sentimientos del pueblo argentino, que es el que sufre las postergaciones desde hace tanto tiempo. En el cine me interesa mostrar la identidad nacional y la memoria popular, como puede verse en todas mis realizaciones”.
Hoy, el premio del Festival de Cine de Tucumán lleva su nombre. Bien merecido lo tiene. Los hacedores de la cultura nacional no sólo deben ser recordados cuando ya no están sino que debe reconocerse su aporte mientras lo realizan, cuando algo sucede a partir de ello, y si por causas extremas no pudiera ser así, cuando eso pasa, llámese dictudura, exilio o lo que fuere, los que vienen deben ocuparse de salvar esas distancias, recuperar a sus líderes culturales como sea y ofrecerles el apoyo debido por ser hijos de su tierra.