La reconocida especialista en Protocolo y Ceremonial del Estado e Internacional, Edith Pardo San Martín, presenta este tema para saber cómo mirar a la Presidenta.
La realidad y el sentido común indican que los destinos e intereses de cada comunidad deben ser guiados por alguien que, por sus fortalezas, se convierta en líder y que sea reconocido como tal por sus congéneres.
El ser humano es un ser social, por ello es imprescindible que conozca los códigos de Protocolo, Ceremonial y Etiqueta, que le permitan relacionarse y comunicarse con los demás para lograr una convivencia eficaz.
Es erróneo pensar que estas reglas, usos y costumbres tienen un carácter elitista y reservado para cierto círculo social que no se corresponden con la igualdad de los seres humanos. Lo cierto es lo contrario: el respeto a las normas de convivencia y cortesía contribuye al fortalecimiento de las relaciones interpersonales, ya sea que estas se desarrollen en la vida social como en la profesional.
Por ello, cualidades tales como la prudencia, la cortesía y el sentido común son los pilares que contribuirán a la comunicación y al armónico desarrollo de las relaciones entre las personas.
La eficacia que una persona demuestre en cualquier situación de la vida, está determinada en gran medida por esos cimientos básicos. El resto será obra de la formación profesional, de la experiencia, del señorío de sí mismo y del saber ser.
De esta manera, se ratifica que el ceremonial forma parte de la realidad del hombre a través de la cortesía, la etiqueta, la regulación del lenguaje, la conducta, los comportamientos y actitudes, la precedencia, y la ordenación por ley o por costumbre, que sigue presente en la sociedad al reconocer las jerarquías. Pero su aplicación debe ser efectuada en la medida justa.
Entonces, ¿cómo actuar? Frente a cualquier situación es primordial tener en cuenta un comportamiento sobrio, sencillo, conservando la dignidad, el buen gusto, la seguridad y la eficiencia, aunando todo esto en una armonía auténtica.
Teniendo en cuenta lo antedicho, se vislumbra cuál es el primer objetivo del Protocolo: lograr con la simbología y una educación reglada, la adecuada proyección de la imagen de las personas, las instituciones, del poder y de la soberanía de las organizaciones.
El estilo de las Primeras Mandatarias
Hace pocos días un periódico hacía mención a que existen dos tipos de mujeres en política: las invisibles y las atrevidas. Las primeras optan por un estilo sobrio acorde con su investidura. Las segundas, en cambio, imponen su gusto en exceso, lo cual perjudica grandemente su imagen y por carácter transitivo la del país que representan.
En ciertos casos se confunde la imagen presidencial con un desfile de modas o con tratar de convertirse en íconos de un estilo.
Mucho se ha comentado sobre el estilo de la Presidente Cristina Fernández, en contraposición con sus colegas Michelle Bachelet y Angela Merkel, quienes mantienen un estilo de vestimenta con sentido práctico, es decir, para trabajar.
Una de las frases más conocidas de Cocó Chanel es: “La moda envejece, sólo el estilo permanece siempre igual”. El sentido estético no siempre viene incluido en el ADN de una persona, pero sí se puede aprender aunque nunca comprar.
Una persona elegante no destierra los colores habituales o alegres, simplemente ha aprendido a utilizarlos con sabiduría y moderación.
Al hablar de imagen, siempre se hace hincapié en que la primera impresión es lo que cuenta y en la política esta aseveración se torna más evidente.
La vestimenta es una poderosa herramienta de comunicación: transmite mensajes sin palabras. Es cierto que siempre se debe tener en cuenta el estar bien vestida pero acorde con la ocasión, la edad, el cuerpo y la posición que se ocupa en el tejido social.
Resulta inaceptable que una mujer que ostenta la Primera magistratura de un país, se presente con un atuendo y accesorios llamativos o lo que es peor en malas condiciones.
Al respecto en la edición on line de O Globo, se publicaron fotografías de la visita de la Presidente Cristina Fernández a Brasil, crueles imágenes ya que dejaron en evidencia que sus medias negras estaban rotas. En este punto es preciso recordar, que la etiqueta indica que durante el día las mujeres jamás deben llevar panties de ese color.
Por otra parte, hay situaciones en las cuales una mujer por ningún motivo cruzará ostensiblemente sus piernas. Ciertamente esta es una actitud muy femenina, sin embargo también es cierto que como decía mi madre “ni en la misa ni en la mesa debes cruzarte de piernas”…
No obstante la canciller Angela Merkel, en el mes de abril del corriente año, ha sido ampliamente criticada por lucir en la inauguración de la nueva Ópera de Oslo, un escote muy pronunciado que dejaba a la vista sus atributos femeninos. El revuelo que causó su indumentaria fue precisamente porque contrastaba con su estilo clásico y despojado.
Por su parte, la Presidenta de Chile en todas las ocasiones se la ha visto luciendo trajes mesurados en cuanto a su diseño y, aunque juega con los colores, evita aquellos que llamen la atención por su tela o estampados. Sus chaquetas levemente ceñidas estilizan su figura. Utiliza mangas por debajo del codo, que alargan sus brazos. Es muy común que complete su atuendo con collares de perlas o una sobria gargantilla.
Las gobernantes deben apegarse a las normas de protocolo ya establecidas, para eso se han escrito, y aquellas que se atreven a ignorar estas reglas sin duda se internan en terrenos resbalosos.
En un mundo de hombres
Cristina Fernández, Michelle Bachelet y Angela Merkel son mujeres que transitan un mundo de hombres. Su imagen les preocupa porque con ella representan a su país ante los ojos de la sociedad globalizada. Pero, ni la Presidenta de Chile, ni la Canciller alemana se desviven por impactar con sus vestuarios, se limitan simplemente a conjuntos de saco y pantalón o de faldas, sin mayores detalles. Ni siquiera se les hubiera cruzado retrasar una “foto de familia” por un cambio de atuendo o por arreglar su peinado, como ha sucedido con nuestra mandataria en el último encuentro del G-20.
Es de público conocimiento que Cristina Fernández suele enojarse cuando se hacen comentarios acerca de su vestuario, maquillaje y joyas, lamentablemente, estos se convierten en lo más relevante de sus presentaciones opacando los objetivos políticos por ejemplo, de una gira internacional.
Los casos de Michelle Bachelet y Angela Merkel, son suficientes para comprender que no es necesaria una producción de moda para dejar una buena imagen en el exterior.
Para los políticos la imagen pública es trascendente, una buena imagen siempre se asocia con eficiencia y ésta se relaciona inmediatamente con calidad, seriedad y poder.
Para finalizar, sólo resta recordar la famosa frase del Dr. Onésimo Leguizamón, jurisconsulto y escritor argentino (1837-1886): “Sólo los pueblos educados, son libres”, aunque algunas personas creen sentirse libres rompiendo las reglas de la educación.
Por Edith Pardo San Martín*
*ESPECIALISTA UNIVERSITARIA EN PROTOCOLO Y CEREMONIAL DEL ESTADO E INTERNACIONAL, Universidad de Oviedo del Principado de Asturias en convenio con la Escuela Diplomática del Ministerio de Asuntos Exteriores de España.
¨ Directora de CHARME-Consultoría en Imagen, Comunicación, Protocolo
¨ Asesora de marcas de lujo
¨ Docente universitaria en carreras de grado y postgrado
¨ Ha escrito numerosos artículos de su especialidad y ha participado programas de radio y televisión
¨ charme@charmeimagen.com.ar