Hay viejos en las calles y en las casas. Hay viejos en las plazas y en los bares.
Hay cada vez más viejos en lugares
que no tienen espacio ni esperanza.
Hay muchos viejos tristes, en silencio.
Hay viejos que se alejan y se mueren
porque no quieren ver lo que los hiere,
asfixiante rincón de los desprecios.
Como lauro de espinas, el olvido.
Como sueño la paz del cementerio.
Como alegría única, el recuerdo
de los que ya no están, no vienen o han partido.
Hay cada vez más viejos ocupando
ciudades, territorios, continentes.
Kilómetros de arrugas. Pocos dientes
mordiendo soledad. Solo esperando.
Y cada vez más cerca, tantos viejos,
otrora los abuelos, hoy los padres,
acercando su amor agonizante,
creciéndonos de blanco en el cabello.
Gerardo A Pássera; “El Espejo: Poesías de atrás de la vía”; Editorial Martín
Colección “La Pecera”: Mar del Plata; 1996.
Estuve en Mar del Plata con motivo del 25° Aniversario de la Asociación de Geriatría y Gerontología a fines de octubre de este año de 2009. Me encontré con viejos amigos e hice nuevos; estuve rodeado permanentemente de adultos mayores no sólo en los encuentros académicos o en los festejos para celebrar el aniversario sino también en las calles, bares, restaurantes, lugares de esparcimiento, playas y rambla costera…en todos lados estaban los viejos, de toda condición y muchos en estado de discapacidad evidente pero incluidos socialmente, participando activamente en diversas actividades y teniendo en cuenta que todavía no estábamos en temporada turística.
Sabía por mis visitas y por la información de mi amigo y colega gerontólogo el Licenciado en Psicología Eduardo Casella que la ciudad de Mar del Plata tenía muchos viejos en su población residente estable cuyo número total, para toda edad, es aproximadamente el mismo de la Ciudad de Salta (650.000 habitantes y más); pero no sabía que ya alcanzaba el 21 % de adultos mayores.
Cuando otro amigo y colega, el Geriatra Marplatense Dr. Gerardo A. Pássera escribió el poema que encabeza esta nota intuyó que la explosión demográfica de los adultos mayores en la ciudad en la que vive y trabaja aumentaría y explotaría demográficamente incrementándose críticamente las necesidades y la cantidad de servicios sociosanitarios imprescindibles.
Mar del Plata como sociedad, hace muchos años, reconoció la existencia de una población de adultos mayores en franco crecimiento y advirtió que se estaba produciendo un envejecimiento del envejecimiento con un grado elevado de marginación y exclusión social, es decir, había cada vez más viejos y entre ellos, personas muy viejas en muy malas condiciones. Algunos miembros de la comunidad de esta bella ciudad no sólo se dieron cuenta sino que “tomaron en cuenta” esta realidad y poco a poco, buscaron alternativas de contención y de aportes de servicios sanitarios y sociales concretos para esta creciente demanda pese, como se dice ahora, a que no había agenda tecnopolítica para asumir esta problemática y planificar al respecto.
Mar del Plata reconoció, también hace muchos años, la existencia de muchos adultos mayores con trastornos cognitivos y demencias que no tenían un espacio terapéutico no biomédico y establecieron un programa especial, pionero en nuestro país, de atención integral que todavía actúa eficazmente denominado Grupo Gama y que se extendió por muchas capitales de provincia de nuestra Argentina.
Mar del Plata, advirtió que la atención exclusivamente médica del proceso del envejecimiento no alcanzaba y que era necesario crear una alternativa de inclusión, ergoterapia, divertimento y de exhibición rutinaria de sus logros a un número significativo de adultos mayores de la ciudad que estuvieran dispuestos, y lo siguen estando, a fabricar instrumentos musicales de papel, elaborar arreglos musicales sobre la base de las posibilidades técnicas de tales instrumentos y presentarse en conciertos y espectáculos públicos toda vez que fuera posible; “Papelnonos” sigue musicalizando la vida de manera informal y transgresora para nuestra gente de cualquier edad.
Mar del Plata, desde hace mucho, se dio cuenta que los viejos en su mayoría tenían dificultades y a veces imposibilidades insalvables para acceder a las consultas médicas, realizar estudios complementarios, ser controlados en la evolución de sus enfermedades y las acciones de los tratamientos suministrados, rehabilitarse, ser cuidados o acompañados y estableció programas de atención integral domiciliaria.
Mar del Plata nunca dejó de aprovechar sus bellezas naturales, en cualquier época del año, al servicio del esparcimiento, la socialización, el disfrute y la calidad de vida de los viejos de su comunidad.
Mar del Plata logró, no hace mucho, por la voluntad, el trabajo, el compromiso, la habilidad negociadora, el poder de convicción y la militancia de profesionales y técnicos en el área gerontológica asociar y articular a todas y cada una de las instituciones, organizaciones y efectores sociosanitarios para la atención de los adultos mayores estableciendo un sistema en red con el apoyo de los responsables políticos del Gobierno Municipal.
La Asociación de Geriatría y Gerontología de Mar del Plata funciona, crece, tiene un alto grado de madurez organizativa y su liderazgo en la sociedad es notorio; con motivo de este encuentro estuvimos juntos profesionales, técnicos, adultos mayores independientes, adultos mayores organizados, funcionarios políticos, responsables de las obras sociales nacionales y provinciales, voluntarios sociales…y hasta compartimos un confortable espacio debajo de las tribunas del Estadio Mundialista con los hinchas de fútbol que se portaron de maravilla y se retiraron al término del partido en silencio y con respeto para con los vejestorios allí reunidos.
Mar del Plata ha hecho mucho más que muchas de las ciudades envejecidas de nuestro querido país por los adultos mayores; no tengo la respuesta para explicar estos logros; me viene a cuento aquello de la migración de los jóvenes de ayer que escaparon de la dureza y el furor de lugares como la Ciudad de Buenos Aires para vivir mejor y más barato, tener servicios acordes con sus necesidades, ser aceptados, poder convivir en una hermosa ciudad intergeneracionalmente, aún con dificultades, en forma cálida, respetuosa y digna. Todo lo que he narrado sintéticamente me da mucha envidia y estoy convencido que depende de la mirada y la voluntad de hacer solidariamente de cada sociedad y de cada comunidad la construcción de emprendimientos para nuestros viejos de hoy y para los que vendrán.
*Dr. Leonardo Strejilevich
para
EL INTRANSIGENTE
* Médico
Neurogerontología – Neurogeriatría
Master en Gerontología Social
Universidad Autónoma de Madrid
República ARGENTINA
E-mail: leonardostrejilevich@hotmail.com