Benedicto XVI condena Holocausto y pide paz entre israelíes y palestinos.
Durante la ceremonia de despedida en el aeropuerto Ben Gurion de Tel Aviv, a la que acudieron el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, y el presidente Peres, el Papa sostuvo que el muro de separación que observó en Belén es una de las "visiones más tristes" de su viaje por Tierra Santa.
Pidió "un futuro en el cual los pueblos de Medio Oriente puedan vivir juntos, en paz y armonía, sin necesidad de tales instrumentos de seguridad y separación, más bien respetándose y teniendo confianza uno con el otro, y renunciando a toda forma de violencia y de agresión".
En su discurso, el Pontífice rechazó además la negación del Holocausto, definido como "estremecedor capítulo de la historia", y afirmó que "no debe ser olvidado o negado nunca".
Además, citó uno de los "momentos más solemnes" de su viaje a Israel: la visita al memorial del Holocausto Yad Vashem, donde encontró a "algunas personas que sobrevivieron a la Shoah".
"Estos encuentros profundamente emocionantes me devolvieron a la memoria mi visita de hace tres años al campo de la muerte de Auschwitz", dijo.
Tras haber invitado a no olvidar y a no negar esa tragedia, el Papa indicó que "al contrario, estas memorias oscuras deberían reforzar nuestra determinación a hacernos más cercanos los unos a los otros como ramas del mismo árbol del olvido, nutridos por las mismas raíces unidas en amor fraternal".
La activida de hoy del Papa -último día de su viaje por Jordania, Israel y los Territorios palestinos- había empezado con un encuentro ecuménico en el Patriarcado Greco-Ortodoxo, donde lanzó un llamado a la unidad de los cristianos y abogó por que la vida de Jerusalén esté "marcada por la libertad religiosa y la coexistencia pacífica".
"Debemos encontrar la fuerza para perfeccionar nuestra comunión, para hacerla completa", dijo Benedicto XVI, tras ser recibido por el patriarca greco-ortodoxo Teófilo III.
El Pontífice también recordó los "históricos encuentros que tuvieron lugar aquí en Jerusalén" entre su predecesor, el papa Pablo VI, y el patriarca ecuménico Atenágoras, en 1964, así como entre Juan Pablo II y el patriarca Diodoros I en 2000.
"Estos encuentros, incluyendo en ellos mi visita de hoy, son de gran significado simbólico", subrayó.
Luego fue al Santo Sepulcro, donde rezó durante unos minutos ante la piedra de la tumba de Cristo.
En la basílica que recuerda la muerte y resurrección de Jesús, el Pontífice pronunció un discurso de contenido espiritual, sobre el sentido de la "tumba vacía" para los creyentes, e incitó a la Iglesia de la Tierra Santa a ser "heraldo de esperanza".