Un par de notas aparecidas en elintransigente.com han provocado la inmediata reacción de los medios locales y nacionales que se hicieron eco de las mismas
Un par de notas aparecidas en elintransigente.com han provocado la inmediata reacción de los medios locales y nacionales que se hicieron eco de las mismas e incluso de funcionarios provinciales que se sintieron tocados con estos comentarios.
Estas crónicas firmadas por Pasquino cuya opinión es avalada por este diario, han movido a que algunos lectores hayan enviado mensajes preguntando por la identidad de este nuevo columnista.
Por, hoy le explicamos Quién es Pasquino. Diremos que basta colocar una máscara para que una persona deje de ser quien realmente es y pase inmediatamente a ser otra, todas y quizás ninguna.
El artilugio de la máscara fue una de las claves del teatro griego donde incluso ésta llegaba a cubrir el cuerpo íntegro del actor, de modo que la persona quedaba reducida a una expresión, tanto alegre como desgarradoramente triste.
La máscara era también la representación no de uno mismo sino del otro y su gesto era asimismo el gesto del otro. Esto provocaba en el pueblo una seducción irresistible y de allí el éxito de aquel teatro que ha perdurado hasta nosotros.
Todo aquello que el poder impedía que se dijera o expresara en la ciudad podía hacerse en el teatro y representarse con la máscara, por eso, todos acudían al anfiteatro a efectuar aquello que Aristóteles llamó la “catarsis”, vale decir, una descarga. El actor –la máscara- encarnaba todas las frustraciones y deseos de hacer o decir que al pueblo no le eran permitidas.
Así era posible criticar y hasta burlarse del poder provocando el júbilo del vulgo que se sentía inmediatamente representado en la expresión de la máscara. ¿A quién castigar pues? Si la máscara y el actor mismo eran una ficción pero que hablaba de la realidad y decía aquellos que miles estaban impedidos de hacer.
En el siglo XVI, durante unas excavaciones en Roma se encontró una estatua, un torso en realidad, que nunca se supo a quien representaba; un cardenal de la Curia Romana ordenó colocarla en un pilar y se convirtió en un pizarrón público para que allí se colgaran anónimos (hoy los llamaríamos graffiti), especialmente en contra de los Papas.
Más de una cabeza rodó por cometer aquellos actos de libertad de expresión, se llegó incluso a poner una guardia armada para impedir que se pusieran mensajes. Pero el pueblo que siempre necesita quien se exprese por él, encontró en otras estatuas la misma utilidad, llegándose en cierto momento a elaborar conversaciones entre ellas mediante estos anónimos.
Aquella estatua recibió el nombre de Pasquino, las papeletas anónimas y humorísticas se conocieron como “pasquinadas”, y de allí derivó el nombre de pasquín dado a toda publicación pseudoclandestina o bien a la cual se quiere descalificar por parte de quienes gobiernan cuando anuncian o denuncian hechos que no les favorecen.
Bueno, pues bien el intransigente encontró a Pasquino, quien escribirá sus papeletas en este diario, reflejando la opinión de lo que todos dicen pero pocos escriben.
Pero, ¿Quién es Pasquino? Pasquino soy yo..!!
Puedo estar a su lado en la cola del súper, viajando en su taxi, tomando un café con usted señor ministro, o con usted señor Intendente, o también con Usted, señor Gobernador, pero sobre todo, también puedo ser usted que está leyendo esta nota y representar con mi opinión a todos nosotros que buscamos que se cumpla alguna vez aquello de que “Dios y la Patria lo demanden”.
¿Quién es Pasquino? Qui lo sa.