Por Ernesto Bisceglia

La hora de reciclarse

A propósito de Manuel Belgrano Hombres nuevos pero los mismos viejos métodos de hacer política. Este es el problema

  • domingo, 21/06/2009 | 13:31 hs

A propósito de Manuel Belgrano Hombres nuevos pero los mismos viejos métodos de hacer política. Este es el problema. Se hace política pero no se trabaja para construir un país. Ese país que el Padre de la Patria, Manuel Belgrano imaginó en sus escritos de campaña, mientras soportaba los rigores de la guerra aprovechando los momentos en que las armas no hablaban para empuñar la pluma y esgrimir consejos que hoy parecen escritos ayer.
 
Si meditamos que esos pensamientos tienen la vigencia del aún por hacer, quiere decir que nos hemos aprendido nada y que con razón profética el prócer se despedía de la vida exhalando aquel “Ay, Patria mía”.

Uno de los Padres intelectuales de la República, Sarmiento diría años más tarde: “La enseña argentina jamás será atada al carro triunfal de ningún vencedor la tierra”. Cuando se escucha esta sentencia sarmientina, cualquier argentino no puede menos que esbozar una sonrisa de autocompasión y de tristeza, pues a esta altura los hechos indican que no sólo la Enseña Patria hace largo tiempo quedó amarrada a ese carro triunfal, sino que también el destino de cada habitante corrió la misma suerte.

Más recientemente, con una visión innegable, el Gral. Juan Domingo Perón advertía aquello de que “el año 2.000 nos encontrará unidos o dominados”. Es un dato de la realidad que se ha cumplido la segunda parte de aquella profecía. Pero, ¿por qué no pudimos estar, al menos, unidos?

La dominación, quizás era una realidad de la cual resultaba imposible escapar porque no dependía tanto de la voluntad política de los gobiernos de turno, que nunca tuvieron mucha preocupación por la suerte del país, sino de un proceso mundial gestado al finalizar la Segunda Guerra Mundial según el cuadro de distribución del poder universal diseñado en Yalta.

Así las cosas, la dominación que hoy padecemos es más grave que la dependencia económica porque es una sujeción mental a los atávicos procedimientos de la peor de las políticas, aquella de la romana expresión “Panem et circenses”. Seguimos en el pan y el circo. Mejor dicho, choripan y espectáculos.

Para peor, lejos de procurar unirnos, las políticas del Estado continúan disgregando el tejido social exhumando rencores y hasta utilizando la justicia para cumplir ese perverso sentido de revancha.

Mientras tanto, los tiempos urgen la necesidad de cambiar la mentalidad en todo el plexo social, desde el operario hasta la propia dirigencia.

Y aquí está el problema, la dirigencia política, que en la medida en que no comprenda que estos cambios ya los superaron continuará apegada a viejas metodologías que lo único que lograrán será sumir aún más al país y a la provincia en la postración y la desesperanza.

Uno de los problemas más graves es que tenemos gobernantes pero no tenemos líderes, ni siquiera digo líderes políticos, carecemos hasta de líderes sociales. Un líder además de carisma debe tener formación y esto significa capacitarse.

Cuando se habla de capacitación como la llave para acceder al nuevo tiempo, este concepto debe comprender a todos los ciudadanos, porque quien que no entienda este imperativo de la hora quedará simplemente y automáticamente “fuera del sistema”.
 
La dirigencia ya “quedó fuera del sistema”, y hay que mirar hacia otros sectores en busca de nuevos líderes, porque la ausencia de capacitación sobre todo mental en la dirigencia, en esas circunstancias, ya hasta resulta peligroso

No es cierto que las ideologías hayan desaparecido; hay una que es dominante, lo que es distinto. Sin embargo este tiempo posmoderno paradójico por excelencia ofrece a la consideración como el único líder concreto al hombre de vestimenta blanca: el Papa. Está bien que el actual pontífice está muy lejos del carisma de Juan Pablo II, pero representa una única opción de liderazgo concreto

Ahora bien, la Iglesia Católica tiene un mandato de sustento divino por cumplir, de otro modo no habría sobrevivido dos milenios superando tanto pandemónium palaciego. Pero ocurre en este tiempo a veces absurdo que también la dirigencia eclesiástica debe cambiar sepultando definitivamente prácticas y concepciones medievales y soberbias para estrechar francamente la mano de los millones que buscan desesperadamente consuelo.

El mundo cambió en una vuelta de campana y dejó obsoletos hombres, instituciones y esquemas de pensamiento.

Sobrevivir en este nuevo planteo socio-económioco-cltural requiere de un acto volitivo más que de otra cosa. No es ni siquiera tanto una cuestión generacional, ni biológica, sino estrictamente mental, donde la mayor responsabilidad le cabe a la dirigencia política –entendida en sentido genérico- puesto que son quienes han levantado la tea con la responsabilidad de representarnos.

Lamento observar que la mentalidad continúa siendo la misma y que la inspiración de los prohombres de la Patria no se tiene en cuenta.

Ellos pensaron en y para el pueblo y eso los inmortalizó. Hoy se piensan en y para sí mismos, por eso la historia no los recordará. Llegará quizás el tiempo en que quienes así no o entiendan serán desplazados y arrojados a la “papelera de reciclaje”.


Ernesto Bisceglia







Comentarios (0)

Diario On-line, República Argentina. © Copyright 2013. Todos los derechos reservados.