POR ERNESTO BISCEGLIA

“Quiera el pueblo votar” (III)

Pequeña síntesis de la historia de los partidos políticos en la República Argentina. (1890-1955). Parte 3

  • domingo, 28/06/2009 | 14:05 hs

“Quiera el pueblo votar” (III)



Pequeña síntesis de la historia de los partidos políticos en la República Argentina. (1955-2009)


“He dicho a mi país todo mi pensamiento, mis convicciones y mis esperanzas. Quiera mi país escuchar la palabra y el consejo de su primer mandatario, quiera el pueblo votar”.

                                                      Roque Sáenz Peña



La caída del peronismo fue un duro golpe para el sistema democrático argentino del que no pudo recuperarse hasta ahora. El régimen había cometido excesos, se habían herido derechos fundamentales, sobre todo de la oposición la que a su vez había sido tan violenta en sus procedimientos que provocó una reacción de igual tenor. Sin embargo y pese a todo, hay que decir que el Movimiento Nacional Justicialista en sus comienzos fue siempre respetuoso de las pasiones y los derechos que consagra la Constitución. De ese tiempo las personalidades más descollantes fueron:

Partido Peronista
 
Juan Domingo Perón
María Eva Duarte de Perón
Ramón Castillo
Antonio Cafiero

Unión Cívica Radical

Ricardo Balbín
Arturo Frondizi
Humberto Illia
Santiago del Castillo
David Michel Torino

No están nombrados aquellos que pertenecían a otros partidos y que también jugaron un papel protagónico como oposición al justicialismo.

El general Pedro Eugenio Aramburu cometió no sólo el error de fusilar a los opositores sino de pensar que mediante el terror había dominado al peronismo y montado en la soberbia llamó a elecciones proscribiendo al peronismo en 1957. Para entonces el radicalismo ya se había divido en la Unión Cívica Radical del Pueblo y la Unión Cívica Radical Intransigente. El primero mantenía su individualidad sin acercarse al peronismo que debía actuar en la clandestinidad y por ello como todo movimiento revolucionario en las sombras seguía una estructura vertical de obediencia al líder ausente. Los intransigentes buscaron captar los votos del peronismo y con este cuadro se llegó a esas elecciones.

La ausencia de Perón y un acuerdo de éste con Frondizi le permitieron a éste último acceder a la presidencia acompañado de Alejandro Gómez como vicepresidente. Los grandes partidos quedaron polarizados en las dos divisiones del radicalismo, pero quedaba bien claro que el árbitro de la política argentina continuaba siendo el peronismo y los militares lo sabían. De allí que en la furia ciega no hubieran ahorrado esfuerzo por hacer desaparecer todo vestigio del régimen depuesto llegando a las perversidades más extremas. Perón desde el exilio dirigía las operaciones de la resistencia.

El gobierno de Frondizi debió soportar decenas de planteamientos militares que debilitaron su poder hasta hacerlo caer. Así el país perdió una magnífica oportunidad de subirse al tren del desarrollo y el progreso que era la bandera de aquellos años, como bien definiera incluso el Papa Juan XXIII: “el progreso es el nuevo nombre de la paz”. El general Poggi se estaba probando la banda para asumir la primera magistratura cuando una hábil maniobra colocó en la Casa Rosada al Dr. José María Guido mientras Frondizi era confinado en la Isla Martín García. Guido debió enfrentar una sublevación de la aviación naval el 2 de abril de 1963 que se oponía a que en las próximas elecciones participara el peronismo, y una vez más, por todas las trabas que se le imponían y por ciertas divergencias internas, el peronismo no concurrió a las elecciones.

Ganó en el colegio electoral la fórmula Arturo Illia-Carlos Perete (una famosa pintada en las paredes decía “con Illia y Perete nos vamos todos al tagarete”). El peronismo continuaba su vida subterránea y se perfilaban las nuevas figuras que ocuparían el escenario en los años por venir: Paulino Niembro, José Ignacio Rucci, Carlos Saúl Menem, entre otros.

El gobierno de Illia debió soportar los mismos planteos y presiones de los militares que Frondizi hasta que en junio de 1966 cayó con el general Juan Carlos Onganía a la cabeza, jefe de la autodenominada “Revolución Argentina”. Era un momento de excepción para el país, si la continuidad democrática hubiera sido respetada quizás hoy estaríamos en otras condiciones. Aquella generación de los’60 era brillante intelectualmente, pero fue aniquilada en la emblemática “Noche de los bastones largos”. El exilio o el silencio fue el resultado y se perdió la última posibilidad de crear una nueva dirigencia política (en amplio sentido) para el país.

Onganía era peronista o al menos simpatizaba con el líder pero se debía a su fuerza y al proyecto que los militares habían diseñado para el país. Además, su soberbia y ego se veían bien lustrados con la presidencia, por lo tanto jugó el juego que se daba. Pero las sombras de la conspiración seguían agitándose y vendrían golpes palaciegos entre camaradas. Ongana fue depuesto por el general Marcelo Levingston que a su vez fue también depuesto por el general Alejandro Agustín Lanusse.

Lanusse era un militar de buenas intenciones y que contaba con la aceptación del pueblo (en los límites que se entiende) incluso pensaba en que Perón debía volver pero las condiciones sociales ya se habían descompuesto demasiado. En un discurso en el Colegio Militar lanzó un desafío a Perón diciendo que “Perón no vuelve porque no le da el cuero”. Y al viejo líder le dio el cuero y el 22 de noviembre de 1972 pisaba nuevamente tierra argentina luego de dieciocho años en el exilio, bajo el paraguas que le sostenía José Ignacio Rucci.

Al año siguiente, la fórmula Héctor J. Cámpora – Vicente Solano Lima ganaba abrumadoramente las elecciones y comenzaba el desquicio argentino. Esa misma noche de la asunción Cámpora presionado por los Montoneros firma el decreto que dejaba en libertad a todos los “presos políticos” lo que permitió que criminales de toda laya ganaran nuevamente las calles.

Meses después, Cámpora renunciaba, había sido nada más que un interregnum para preparar la vuelta de Perón al poder. Asume Raúl Lastiri como nomalizador y la fórmula Juan Domingo Perón – María Estela Martínez de Perón gana por mayoría absoluta. Le esperaban lúgubres jornadas a la Patria.

Perón venía a morir a la Argentina, él lo sabía y su entorno también, sobre su siniestro mayordomo José López Rega ahora ministro de bienestar social. El 1 de julio de 1974 Perón muere dejando en sucesión a una mujer de paupérrima intelectualidad y de una inutilidad muy difícil de igualar, su esposa llamada popularmente “Isabelita”.

Dos meses antes, Montoneros había pasado a la clandestinidad luego de que Perón los echara de la Plaza de Mayo durante el acto del Día del Trabajador tildándolos de “Imberbes y estúpidos”. La violencia se adueñó del país y la muerte de militares, policías, empresarios e intelectuales se hizo cosa de todos los días. Bombas que mataban a cientos de argentinos inocentes. Secuestros y torturas en las llamadas “cárceles del pueblo”, cadáveres regados por todo el país. Secuestros extorsivos y ataques a cuarteles militares para hacerse de armas y municiones matando a las esposas de los jefes y a soldados conscriptos que estaban haciendo el Servicio Militar Obligatorio. El mismo Aramburu cayó víctima de este tiempo violento; secuestrado, “juzgado” por un “tribunal del pueblo” y ajusticiado en nombre de los argentinos (¿?); se saldaban así los fusilamientos de 1955, pero se abrían aún más las heridas. Negociados escandalosos, desabastecimiento y especulación financiera. En suma, el vacío de poder más profundo visto vez alguna.

Desde los cuarteles se escuchaban otra vez los mismos sordos ruidos. El general Jorge Rafael Videla reemplaza como Jefe del Ejército a su colega Numa Laplane. El golpe estaba en marcha.
La madrugada del 24 de marzo de 1976, la presidente era detenida y confinada en la residencia de “El Mecidor” en el sur del país. Allí estaría varios años hasta su exilio en Madrid. Una Junta de comandantes (Videla-Massera-Agosti) se hacía cargo del gobierno bajo el pretexto utilizado desde 1930: salvar el país.

Los militares del Proceso de Reorganización Nacional cometieron el grave error de tomar revancha en vez de imponer justicia y hacer respetar el orden y así utilizaron los mismos métodos de la guerrilla sembrando la muerte por doquier. Pensar fue un delito que se pagaba con la vida.

Pusieron al país al borde de la guerra con Chile y lo endeudaron a límites desconocidos, los negociados fueron una práctica de gobierno lo mismo que los golpes internos. Videla dejó su lugar luego de cumplir con el tiempo estipulado al general Roberto E. Viola quien desalojado por Leopoldo Fortunato Galtieri, un megalómano que llevó a la nación a un enfrentamiento bélico con Inglaterra por la recuperación de las Islas Malvinas, desde el punto de vista patriótico una verdadera Gesta.

La derrota de Malvinas dejó sin plafond al gobierno militar que se venía tambaleando desde hacía tiempo. A la renuncia de Galtieri, el general Reynaldo Bignone vino a cumplir una suerte de liquidador del Proceso y llamó a elecciones en 1983 que ganó el radicalismo con la fórmula Raúl Alfonsín – Víctor Martínez.

Alfonsín tuvo la egregia tarea de devolver la vida a las instituciones de la Constitución Nacional, fue un hombre honesto que cometió sus errores pero que fue sincero en sus convicciones, tal vez el único presidente presentable hasta hoy.

Lo que sigue es historia muy reciente que todos hemos vivido y sobre la cual el análisis no puede ser objetivo.

Nos queda pensar después de este breve repaso, en este día de elecciones, que debemos hacer de la historia el marco de referencia de nuestro comportamiento cívico. No habrá país posible mientras no saquemos experiencia de los errores pasados.

Sin embargo, la historia es sólo eso, un pasado que nos cuenta de dónde venimos. No podemos –no debemos- continuar separando a los argentinos con fantasmas que ya existen. Las naciones de la posguerra enterraron a sus muertos y asumieron la lección construyendo potencias allí donde hubo tierra arrasada. Ya es hora de que comencemos a cambiar la mentalidad porque en este país aún está todo por hacer.


Ernesto Bisceglia para

















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Luisa Toledo | 28/06/2009 | 22:09 |
Me parece muy interesante y espero poder aprovecharlo
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