POR PASQUINO

Hoy vamos a elegir el menos peor

Algún pensador dijo que “el hombre que durante más de veinte años siguen pensando lo mismo es un imbécil”. Sería hora de que comenzáramos a elegir otras personas

Domingo, 28/06/2009 | 07:56 hs

Siempre que hay que votar es un domingo soleado, no importa que las nubes cubran el cielo y haga frío, de todas maneras se siente como una de esas jornadas teñidas de sol y de esperanza.

Es tan fuerte el deseo de expresarse de cada ciudadano que concurre al comicio aunque los candidatos no satisfagan ni siquiera en un mínimo sus expectativas. Hacen las colas con paciencia oriental y estoicismo cívico, con la certeza inconsciente de están sólo cumpliendo un imperativo constitucional porque ese voto que portan en sus bolsillos o eligen en el cuarto oscuro no les cambiará en nada su vida diaria.

Se la cambiará si, a ese que resulte elegido que pasará a integrar la élite de los circunspectos favorecidos para usufructuar la beca que la democracia ha dispuesto para ellos. Cuatro años de bonanza y esplendor económico y social por lo menos esperan por delante. Viajes, choferes, secretarias, teléfonos pagos por el estado, viáticos, cafés, recepciones y lugares preferenciales en los palcos.

Nada de esto estaría mal si no fuera porque cada ciudadano se queda saboreando no sólo el gustillo a la goma del sobre que depositó en la urna sino también un dejo a ultraje a su buena fe, porque todos van a votar de buena fe. Lo hacen con sentida y sincera alegría porque sienten que están expresando su opinión y en el fondo conservan la esperanza de que algo cambie.
 
Porqué entonces esta compleja conjunción de sensaciones, si este domingo debe ser una fiesta del civismo y de la democracia. Es que íntimamente están sabiendo que van a votar no por el mejor candidato, por el más honesto, por ese que ha demostrado una conducta proba y puede enseñar sus manos limpias. No están a punto de elegir a un hombre cultivado y docto, no hay ningún “honoris causa” entre los candidatos, tampoco ningún lustre de intelectualidad, menos aún una obra social personal que los distinga.
 
Todos provienen del mismo aljibe, vienen del fondo del estanque, de allí donde las aguas son más turbias. Y no dice todo esto un iluminado sino un ciudadano argentino que sufre y siente esas mismas sensaciones que describo. Tampoco son acusaciones gratuitas de un resentido; es lo que ellos han dejado traslucir durante la campaña acusándose, denostándose y peleándose entre todos. Han llenado páginas y utilizado minutos acusándose mutuamente de corruptos.

Entre ellos se han echado las redes de la sospecha sobre el origen de los fondos que utilizaron. Ellos mismos se han refregado sus pasados y diligentemente han abierto los placares de sus adversarios para exponer los cadáveres que supuestamente ocultaban. Ni siquiera aquel que dice estar gastando su propia fortuna en la campaña ha quedado indemne, le han señalado el origen espurio de sus tierras lo cual lo ha llevado a romper en llanto, pobre.
Al otro le han enrostrado su complicidad con la gestión anterior y su incapacidad dirigencial, lo han tildado de títere y de cómplice; y ni qué decir del tercero al que abiertamente han tratado de corrupto y saqueador de fondos públicos, oportunista, trepador y tantas otras cosas feas que sus propios compañeros le han propinado. Una que firmaba sus afiches diciendo “ni un paso atrás”, terminó dándolo al costado y pegando un fiero portazo a su actual jefe y también al anterior por haberle quitado el juguete (y el ministerio).


El eterno ha vuelto a reciclarse en una nueva “rara avis” política para acusar a todos los otros, esta vez desde otra tribuna, porque en veinte años las ha probado todas. Como la rosa de los vientos ha señalado hacia todos los puntos cardinales indicando “¡ahora hacia allá!”, luego “¡para acá!”, ahora no sabemos para dónde.

El partido de la pseudo-oposición, diezmado en sus huestes y en sus cabezas ya no tan blancas ha reciclado un viejo prospecto que estaba ya en el archivo el cual con seriedad de jurisconsulto romano apuesta cual David a detener en tres meses al Goliat nacional y ocuparse de tantas cosas que ninguno de los otros juntos ha prometido hacer.

Por allí, un joven muchacho apuesta a terminar con el flagelo de la droga por decreto, única idea expuesta lo que lleva a pensar que sus cuatro años se diluirán en franca lucha contra el polvito blanco. ¿Habrá quórum ese día? Sería interesante verlo.

También son de la partida los jóvenes revolucionarios partidarios del sistema inexistente. Nadie les ha dicho que sus ideas murieron aplastadas bajo los escombros del muro que cayó en noviembre de 1989. Son pragmáticos, eso sí, resuelven las cosas de manera expeditiva: tomamos la fábrica, cortamos las rutas, quemamos unas gomas y apredreamos algún edificio público.

Es una izquierda un tanto extraña, combaten al capitalismo pero viven como capitalistas, será la “izquierda pituca” que le dicen. Sin embargo, hay que reconocerles un mérito: son insobornables. En el cultivo del absurdo no transan con nadie y es lógico, quién va a transar con lo imposible.

Quedan los que gobiernan, que se declaran “prescindentes” para que los compañeros arreglen entre ellos sus cuitas. Lo que no se comprende es que si no apoyan a nadie aparecen en todos los spots caminando al lado del candidato y aportando alguno que otro dinerillo.

Abajo estamos todos, los que tenemos que levantarnos cada día a trabajar en serio, a cansarnos en serio, a transpirar en serio, a pagar impuestos en serio y que durante meses hemos sido los asistentes obligados a estos combates de coliseo donde se devoraron entre ellos como fieras. Demasiada sangre derramada estérilmente porque dentro de unos días nuevamente todos serán amigos.

Por eso, esa sensación amarga en medio de tanta alegría cívica; porque no discutimos cuál es el mejor candidato sino que en la incipiente madurez que hemos alcanzado en estos pocos años de democracia sabemos que el menú es magro, la capacidad y profundidad intelectual es ínfima, casi inexistente. No elegimos propuestas porque no las hubo, tampoco elegimos trayectorias porque todas están sospechadas; para peor, tampoco elegimos sangre nueva porque son los mismos nombres, las mismas caras con las que convivimos hace veinte años.

Algún pensador dijo que “el hombre que durante más de veinte años siguen pensando lo mismo es un imbécil”. Sería hora de que comenzáramos a elegir otras personas. Me viene finalmente a la memoria aquella frase de Isócrates, un discípulo de Sócrates cuando dijo: “cuando accedas a un cargo público, procura salir de él más pobre de lo que entraste”.

Esto último basta para justificar todo lo que dije antes. Vaya, vote y disfrute, porque con todos sus defectos y hombres malos, estamos construyendo un país, aún equivocándonos, es parte del aprendizaje de la vida. Lo único que debemos tener en cuenta es que la experiencia de estos errores se aquilate para mejorar la Patria, que es hermosa, con gente buena y trabajadora.
 
Y sobre todo, es nuestra.-

Pasquino.

Comentarios (5)

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| 29/06/2009 | 12:28 |
pena que los que funcionaron como neoconservaduristas, no imimytenel paternalismo de los conservadores..que los progre, no se inmolen, y sólo hablen en el café..y los sensatos y probos, no tengan reconocimmiento...por eso el país, amado, está así... sólo piensan en la imagen- iralo un poco a romerito, le sacás la ropa, y queda.....hecho un coya! bueno, me voy. manon
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niceforo | 29/06/2009 | 02:04 |
perdon me quivoque en el comentario anterior, no quise decir CHOLO, en realidad queria poner CHORO!!!
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niceforo | 29/06/2009 | 01:15 |
yo creo que hoy los salteños elegimos a LOS TRES MAS PEORES!!!! eso si, son los tres con mas plata!!! yarade tien la plata de todos, wayar la que se quedo de los doce años con romero y olmedo la que hizo con la soja que saco de los campos que le donaron!!!! conclusion PA LLEGAR HAY QUE SER CHOLO!
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Antonio Perez Abella | 28/06/2009 | 15:09 |
No coincido... los candidatos tienen que ser honestos... Y aca en Salta de los que tienen chances no se puede hablar bien de ninguno. Saludos.
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gus | 28/06/2009 | 08:34 |
No, la verdad es que no está mal el dicho, pero...será verdad? Dejaremos de pensar lo que nos enseñaron nuestros padres, nuestra fe o nuestra filosofìa de vida? Entonces, Borocotò es un genio, un hombre preclaro? Galimberti, de guerrillero a magnate, es un genio? Menem, entonces, es un prohombre?

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