No te dieron el trabajo que solicitaste, tu galán se esfumó de la noche a la mañana, o un pariente te traicionó. Puedes recuperarte pronto con estos consejos.
Me ha pasado mil veces o más, alguna ocasión me invitaron a una gran fiesta de gala, compré todo lo que te imaginas, vestido, accesorios, cambio de imagen, y cuando llegué a la recepción, mi nombre no aparecía en la lista. Parece que a mi mejor amiga se le olvidó anotarme y su celular estaba apagado. Te cuento de la vez que otra amiga me dijo que no podía ir a la reunión que teníamos en la embajada, y cuando mi galán me llamó me canceló también, cuando llegué ahí los dos estaban tomados de la mano. O cuando ese empleo que ya era todo mío y al final no me lo dieron, después de tres meses de cansadas entrevistas. Y qué tal la vez que me culparon por la muerte de la mascota de mi prima a la que estaba cuidando, y que me decían que no comía nunca.
Tal vez alguna vez te hayas sentido así, quizás te hayan herido el amor propio, el desengaño es más tolerable que el ultraje o la aflicción, pero es demasiado doloroso para que lo ignoremos. Y es que lo puede provocar cualquier cosa demasiado trivial, algo así como ver los jeans que soñabas, tener el dinero y que no haya tu talla, o algo más de peso. Algo que deseabas, algo que pensaste que era tuyo, que pensabas que te correspondía y no se te dio. Y la verdad es que el desengaño duele tanto como una puñalada.
Y lo peor es que el desengaño no inspira respeto. La familia y las amistades probablemente no quieran oír más tus quejas, y como lo sucedido tal vez no es el fin del mundo, podrás sentirte tal vez hasta avergonzada de tanta turbación. Sé que yo lo he estado, pasaron días para que pudiera ir a la embajada sin sentir que ahí estaban los dos tomados de la mano. Pues me eché un clavado entre los expertos para tomar unos consejos de recuperación, y aquí te los comparto.
Velo desde el punto cósmico, es una técnica muy buena cuando no podemos entender lo que sucedió, cuando la situación está más allá de nuestro control,”Cuando a mi me sucede, pienso en lo que los dioses me han deparado, y que a la larga debe ser lo mejor para mi”, Es bueno pensar que cada situación por más desencantadora o dolorosa, nos permite aprender algo o trascender a otro plano. Y lo que hago es repetirme a mí misma lo siguiente: “No era para mí, cuando se cierra una puerta se abren cinco, no hay casualidades, con cada experiencia aparece algo nuevo”.
Analiza los hechos, si eres de las que prefieren ser extremadamente honestas consigo mismas, la estrategia de averiguar todos los porqués no obtuviste lo que querías, es buena. Aunque te advierto que puede resultar doloroso.
Recupera el control, para la próxima, formula un plan para obtener lo que quieres, no sólo te quitará preocupaciones, sino que te pondrá al mando de la situación. No sigas siendo una víctima, si el plan A, no funciona piensa siempre en un plan B.
Sé buena contigo, con la niña que llevas dentro. Sientes una vocecita que no para de llorar dentro de ti, trata de ser amable con ella, tal y como serías con tu hija o con una chiquita. Lo que puedes hacer cuando esto sucede, es reconocer tu decepción, y no te apresures en tratar de sentirte mejor. Entiende que hay cosas que están más allá del control. Identifica las creencias irracionales que puedan aumentar esa desilusión. Finalmente está en ti el poder de superar esta decepción.
No te quejes, el modo más sencillo para superar una decepción puede ser repitiéndote a ti misma, “relájate, todo está bien.”
Para ser realistas y justas, primero hay que ver si estás quejándote o lamentándote. La diferencia está en que lamentarse es dolerse por la oportunidad perdida, pero que a la larga se supera; y quejarse es como caer en un circulo vicioso, que no te lleva a ninguna parte y vuelve locos a los demás. Así que si te pasas dos semanas quejándote de lo mismo, detente.
Espera a que pase, si todo falla procura distraerte unos días, y probablemente el desengaño se esfumará. Lo que se sabe de los sentimientos, buenos y malos, es que no persisten se desvanecen como la niebla.
Así me sucedió a mi, meses después de mi encuentro en la embajada, de la decepción familiar, no me queda nada de las emociones que me embargaron. Puedo mirar atrás con cierta indiferencia, hasta con desenfado talvez, pero desencanto, eso ya lo superé y tal vez algún día hasta pueda volver a confiar en esa pariente, o volver a ver a mi ex, o aplicar para ese empleo. Con la plena seguridad de que triunfaré y si no, ya no entro en angustia, sé que las cosas pasan por algo, no crees?