La quema de cañaverales mostró ayer su costado más peligroso: la puesta en riesgo de vidas humanas de forma directa. Fue mucho más que contaminar el ambiente y afectar la salud de las personas.
En Los Ralos, las llamas destruyeron hogares, asfixiaron a decenas de pobladores y convirtieron en carbón enormes eucaliptos que de un momento a otro caerán sobre las casas precarias de los barrios Unión y Progreso y "orilla e’ la vía", como lo llaman los vecinos.
El fuego comenzó a alrededor de las 14 en un campo de caña en pie ubicado a la vera de la ruta 303, a la altura de Los Ralos, Cruz Alta. Simultáneamente comenzó a soplar un viento huracanado, cuyas ráfagas expandieron velozmente las llamas de norte a sur.
"Sacamos las cosas a tiempo. Se quemó un poco a la entrada pero, por suerte, nos salvamos", dijo Ariel Juárez. "Pero esto no hubiera pasado si los bomberos hubieran llegado a tiempo. Los llamamos cuando vimos las llamas y no nos hicieron caso", se quejó Amanda Rodríguez.
A eso de las 16.30, según el oficial Gustavo Alberto Valdez, de la zona 2 de la Regional Este, llegaron dos dotaciones de bomberos que hasta las 20 continuaban trabajando para sofocar los focos más rebeldes del fuego. Valdez informó que la Policía se ocupó de trasladar los pobladores al hospital.
La desesperación fue mayor porque, según relataban, la ayuda llegó tarde"¿Sabe qué me contestaban en Defensa Civil? Que dejemos de molestar. ¿Qué se piensan que somos?", decía una y otra vez Alejandra Jaime.
"Fue impresionante. Horrible", contaba, con el rostro todavía desencajado por la experiencia que le tocó vivir ayer por la tarde. "Yo filmé con el celular cuando las llamas avanzaban. Mire lo que es eso", mostró Pamela Moreno.
La imagen era aterradora. Se veía una bola de fuego amenazante por sobre los techos de las casitas, y la gente corriendo de un lado a otro, buscando agua, pidiendo ayuda, tratando de respirar, envolviéndose la cabeza con trapos para rescatar lo que se pudiera.