POR NELSON MULONI

Hola, Adiós

La Argentina es un país de incesantes partidas y continuos retornos

Domingo, 17/01/2010 | 18:25 hs




La Argentina es un país de incesantes partidas y continuos retornos. La columna argumental y filosófica de Mircea Elíade en "El Mito del Eterno Retorno" casi se diría que está contenida en estas mareas en las que el pensamiento se acerca a las playas para refrendarlas y volverlas cíclicas.

Es un país, el nuestro, en el que ponderamos sin medidas ("ni clemencias", diría el bolero) y cuando nos hastiamos, le rompemos el trasero a patadas al que nos desventajó la mollera. Es cuando llega el momento del "departure" tras el descontrolado "willkommenn" anterior: De la Rúa terminó con la mitología menemista-duhaldista en una primera vuelta que olía a revancha religiosa. Los Cruzados contra el Mal.

Claro que, después, el mismo De la Rúa, cosechero de prolijidades y burguesías tranquilas, debió partir al son de cacerolas de teflón (antes de que las mencionara Ignacio Copani, ya existían en la protesta urbana) de esa misma burguesía que lo había entronizado contra el menemato. Las amenazas del camionero Hugo Moyano ("Lo vamos a sacar a patadas en el culo...") se habían cumplido. Como corresponde, diría Néstor Kirchner aunque ello significara hacer acuerdos bastardos entre esa misma urbanidad de clase media y el duhaldismo militante de la provincia de Buenos Aires.

Después llegaron y partieron en ciclos confusos los que llegaron y partieron. El país incendiado y la recuperación de la mano de los "bienvenidos". Con ellos se acrecentó el mito del eterno retorno. Del inaguantable menemato, pasando por el delarruísmo insólito y pazguato, a la abortada extremaunción setentista, llegaron todos. Inclusive, los que no debían estar.
Por eso llama la atención este nuevo empellón de los que trajeron a los vikingos rubios, altos y prepotentes y ahora los quieren echar transformándolos en "demonios blancos" porque no sirven a los conjuros del mito histórico del "retorno a los 90". ¿O es que acaso Martín Redrado, aquel mecánico potenciador de relaciones carnales y económicas con los supraorganismos económicos, no fue designado por las atribuciones presidenciales de los actuales gobernantes? ¿No fue el mismo que largó buena parte de las reservas para pagarle al Fondo Monetario cuando todavía no debíamos hacerlo? Hola, adiós. Bienvenido. Chau, pibe...

Me llama la atención, decía, esta tendencia a la descalificación que se esgrime, casi con obscenidad, desde el poder que amparó a los mismos descalificados. Cobos, Alberto Fernández, Martín Redrado y hasta la jueza Sarmiento, que debe hacerse cargo de tiempos que no inventó y de turnos que ni esperaba. Ahora, dicen, parte y queda otro que regresa. Un círculo que comienza. O termina.

Norberto Oyarbide, en cambio, es digno. Porque falla a favor del Gobierno en todas y cada una de las causas. Extraña el enojo de Kirchner cuando la oposición cuestionó el fallo que absolvió al matrimonio presidencial: "La Justicia es buena cuando falla a favor de ellos, pero cuando falla en otro sentido, entonces es mala", vociferó desde una tribuna para descalificar, cuándo no, las arremetidas opositoras.

Casi en el borde (los psicólogos sabrán dilucidar el sentido de la última palabra), criticó a la jueza Sarmiento en el mismo tono con que la oposición lo hizo con Oyarbide, desabrochando un discurso no sólo incoherente consigo mismo, sin claramente perverso. Es la llegada y la ida del pensamiento fútil. El retorno del mito del poder por el poder mismo. La baratura de un progresismo que no duda en acordar con los organismos internacionales a los que hasta hace poco detestaba, sólo por un afán inicuo de poder eterno. Sin retorno...

Hola, adiós. El kirchnerismo cunde, si ya no en lealtades, sí en comportamientos. Juan Manuel Urtubey, en Salta, es el numen que inspiró el mito del cambio que, finalmente, se transformó en otro eterno retorno: los viejos romeristas se transmutaron en urtubeycistas acérrimos y hasta los herederos de la dictadura procesista vinieron a ser actores colaterales de la vuelta al pago de la vieja historia. El mismo Urtubey es un romerista-menemista vergonzante, ido hacia el kirchnerismo al que ya abandona para repetir la historia de regresos, aunque más no sea a través de una reelección provincial.

Claro que la oposición también tiene sus mitos y sus retornos. Así como sus adioses. La insignia de esta tramoya es, sin dudas, Julio Cobos que de afectuoso radical pasó a simpático vicepresidente kirchneriano para partir luego, en la nave de la 125 agraria nuevamente hacia las costas de un radicalismo que comienza a bajarle, lentamente por ahora, el puente para el regreso triunfal.

Atafagados todos, poderes y pueblo, se acude al eterno retorno: los peronistas quieren volver a ser más peronistas que otros peronistas; los intelectuales tornan en mercaderes de filosofías baratas al servicio de los mismos poderes que hoy les permiten vivir con cierta holgura pero sin decoro; los radicales quieren volver a ser gobierno aunque ya no sepan con cuál de las cruces cargar: Cobos, Carrió o Lucifer; Duhalde dice que vuelve, pero no, porque se quedó sin manzaneras; Scioli, a este ritmo de obsecuencias y retornos a los palcos, se va a quedar sin Karina que ya abraza, públicamente, a ese androide llamado Fort, y los radicales de Salta retornan pero travestidos de socialistas y/o viceversa.

Hasta Carlos Menem quiere volver, aunque sin la Chechu pero del brazo de una buena Albinoni.

La cuestión es que nadie piensa que habrá que partir algún día porque naturalmente nos lleve la vida o porque nos echen a patadas limpias. O amenazados por este otro poderosos que supo partir profugado con sus mismos mostachos sostenedores de bravías mucosidades.
Y como nadie piensa en nada más que los retornos, anticipándose al "Superhombre" de Nieztche, por allí se dan de narices contra la realidad. Porque el mito es una creación del inconsciente (sea éste colectivo o no) que deriva, luego, en religión o en superchería, ambas de indudable inasibilidad racional. Y la realidad pude ser más frustrante.

Por eso, en la Argentina ya parecemos demasiado de paso. Llegamos y al rato debemos pirarnos como linyeras, sin nada más que la frustración que, en el caso del poder, ha de ser frustración de todos. Con los bártulos en el hombro ("los chismes", diría Joan Manuel Serrat), deberemos irnos por donde hemos venido...para inventar, quizás, algún nuevo retorno.
"Hola, Adiós", cantaban Los Beatles en esa magnífica concomitancia de contrapuntos vocales. Retorno y despedida. Mito y realidad. Esperanza y frustración. La historia cíclica o no. El tema es qué nos sucede cuando llegamos sin que nos esperen o partimos sin avisar.

FUENTE:AGENSUR.INFO

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