Aceites. Se utilizan para proteger la piel, formando una barrera protectora contra las agresiones externas.
Los aceites y lípidos naturales –que incluyen las grasas o mantecas– tienen una gran aplicación en cosmética. Ya sea formando parte de la formulación de cremas y emulsiones, o directamente sobre la piel”, explica la Dra. Jelena Nadinic, especialistas en Farmacobotánica y Farmacognosia, docente de la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la UBA y directora técnica de Natura Cosméticos.
Se los llama aceites fijos, para diferenciarlos de los esenciales, que también son aceites pero provienen de otras fuentes con distintos procesos de extracción y se suelen utilizar en perfumería.
Estos aceites fijos son ideales para utilizar en el cuerpo, ya que compensan y protegen la pérdida de lípidos. “La barrera lipídica de la piel se encuentra en el estrato córneo, sobre la epidermis.
Es una especie de muro de contención que impide que se evapore el agua, y depende de los lípidos intercelulares. Su función principal es proteger la piel de la deshidratación y de otras agresiones externas como la radiación UV, factores físicos y químicos.
Los aceites compensan la pérdida de estos lípidos”, comenta la especialista. Se pueden perder por diversos motivos, por ejemplo: el baño, el uso excesivo de jabones, los productos desengrasantes –como demaquillantes y lociones–, o la acción de esponjas y otros productos pulidores químicos o mecánicos. Por eso, es aconsejable aplicarlos después del baño para compensar esta pérdida.
Algunos necesitan ser removidos con un breve enjuague, y en otros no es necesario, ya que son rápidamente absorbidos por la capa superficial de la piel, manteniendo su elasticidad. Además, se sienten muy agradables, y al esparcirse con tanta facilidad son indicados para disminuir la fricción y hacer todo tipo de masajes corporales: relajantes, energizantes o descontracturantes.
“Algunos tienen además ácidos grasos esenciales que son indispensables para el cuerpo –como el linolénico y el linoleico-, pero que no son fabricados por el organismo y se adquieren por la dieta, o tienen uso tópico. Estos ácidos grasos están presentes en los aceites de palta, nuez, lino, trigo, sésamo y almendras”, advierte Nadinic.
Tienen distintas propiedades: el aceite de borraja por ejemplo, es antiinflamatorio y sirve para prevenir arrugas; el de germen de trigo tiene efecto antioxidante; el de macadamia es regenerador y emoliente y brinda un efecto aterciopelado a la piel y al pelo; el de rosa mosqueta es ideal para tratar pieles secas, es antioxidante y antiarrugas; el de sésamo contiene antioxidantes naturales y se utiliza, en general, en productos capilares; el de almendras sirve para relajar el cuerpo en baños de inmersión; y el de andiroba se usa desde antaño en las aldeas amazónicas por sus propiedades antisépticas, antiinflamatorias y contra picaduras, además de ser ideal para realizar masajes.