SALUD

Cáncer de mama

La estandarización de la mamografía, diagnósticos cada vez más certeros y drogas cada vez más precisas hicieron posible noticias mejores.

Lunes, 22/02/2010 | 19:01 hs

La estandarización de la mamografía, diagnósticos cada vez más certeros y drogas cada más precisas hicieron posible noticias mejores: la tasa de mortalidad descendió un 5% en el último año y un 27% en los últimos veinte. Hoy, 3 de cada 5 mujeres se curan. La detección precoz sigue siendo fundamental.

Cada año más de 15 mil argentinas son diagnosticadas con cáncer de mama, según datos de la Fundación para la Prevención e Investigación del Cáncer (FUCA). Sin embargo, gracias a los avances científicos y a la creciente concientización de las mujeres acerca de la importancia de hacerse la mamografía anual, a partir de los 40 años, la tasa de mortalidad disminuyó un 5% en el último año y 27% en los últimos 20 años.
 
“La curva de mortalidad del cáncer de mama se mantuvo estable hasta los años ’90. Pero luego comenzó a bajar”, afirma la Dra. Astrid Margossian, cirujana mastóloga, directora del Breast Center de Buenos Aires e investigadora asociada de la Baylor College of Medicine, de Houston, Texas. Opina la especialista:

“El advenimiento de la mamografía en forma estandarizada a todas las mujeres a partir de los 40 años ayudó a detectar la enfermedad en estadíos tempranos. Esto permite tener altas tasas de curación (en estadío I, la probabilidad de curación es del 90%)”.

El cáncer de mama es el tipo de cáncer más común en mujeres y se ubica como la segunda causa de muerte más frecuente, luego del de pulmón. Representa el 32% de los tumores diagnosticados en mujeres, siendo su edad de aparición más frecuente a partir de los 50 años. En Estados Unidos, la curva de la incidencia de cáncer de mama viene disminuyendo. “Se cree que esto es debido a la reducción del consumo de hormonas como terapia de reemplazo”, señala el Dr. Carlos Bas, jefe del servicio de oncología del Hospital Alemán.

“Una de cada 8 mujeres va a tener cáncer de mama a lo largo de su vida. Como oncólogo clínico, la tercera parte de los pacientes que llegan a mi consultorio tiene esta enfermedad”, advierte el Dr. Reinaldo Chacón, presidente de FUCA y director académico del Instituto Alexander Fleming. La cifra es alta, pero diagnosticado a tiempo se cuenta con excelentes terapias para tratarlo eficazmente. “Hace ya diez años surgieron los tratamientos monoclonales, como el trastuzumab, que marcaron un quiebre en el abordaje de esta enfermedad y las terapias disponibles.

Estos tratamientos biológicos fueron revolucionarios ya que son terapias dirigidas, que cambiaron la forma de tratar el cáncer alcanzando altas tasas de remisión de la enfermedad. Así el de mama –detectado en forma temprana– es una enfermedad tratable y hasta incluso curable”, comenta Chacón. Para Margossian, “el patrón oro en esta enfermedad fue la aparición del tamoxifeno –en los años setenta–, un antiestrógeno para el tratamiento de los tumores hormonodependientes ya que baja la potencia compitiendo con el estrógeno natural.

Además, es usado como prevención en mujeres con alto riesgo (con antecedentes familiares o pacientes que han tenido lesiones pre-malignas o bien, cáncer en una de las mamas)”. Adrián Pablo Huñis, médico oncólogo, director médico del Centro Oncológico Buenos Aires comenta que “habría que revisar aquella premisa que decía que el cáncer de mama era incurable. Hoy, es una situación médica controlable. Tenemos tantas alternativas científicamente probadas y tratamientos a medida que la cura es cada vez más eficaz”.

Sin embargo, Darío Schejtman, director asociado del Centro Mamario del Hospital Austral, advierte un tema no menor: “Entre los especialistas está presente la sensación de que cada vez el cáncer de mama se da en mujeres más jóvenes. Si bien el cáncer de mama no es prevenible, si se lo diagnostica a tiempo tiene grandes chances de curación”.

De ahí la importancia de seguir las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud de hacerse una mamografía de rutina cada año, a partir de los 40, combinada con ecografía mamaria en caso de mamas densas, y una mamografía de base entre los 35 y los 40 años (si hay antecedentes familiares de la enfermedad, la edad puede descender a los 30).
 
“La mamografía sigue siendo el estudio de elección, ya sea digital o analógica. Y para aquellas pacientes de alto riesgo, con antecedentes familiares de la enfermedad, es recomendable la resonancia magnética. Es un método muy sensible y se tiene una certeza del 98%, aunque a veces aparecen falsos positivos (lesiones que no son cánceres)”, aconseja Schejtman.

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