Otros estudios han demostrado que la luz tiene efectos directos sobre una gran cantidad de procesos fisiológicos y sobre nuestros estados de ánimo.
Otros estudios han demostrado que la luz tiene efectos directos sobre una gran cantidad de procesos fisiológicos y sobre nuestros estados de ánimo.
Según los doctores Jayant Vaidya, y Michael Douek, profesores del University College, de Londres es muy posible que los estados de ánimo dependan, al menos en parte, de la exposición a la luz solar y de los factores bioquímicos asociados como, por ejemplo, los niveles de vitamina D.
Sin embargo, los estudios relacionados con éste último aspecto han producido hasta ahora resultados no concluyentes.
Según John Nash Ott, estudioso de los efectos de la luz sobre los seres vivientes, no sólo es la cantidad de luz lo que importa, sino la clase de luz a la que estamos expuestos. Según sus investigaciones, la mejor luz para mantener la salud es la luz solar o aquélla que contiene el mismo espectro lumínico que ésta.
La mayoría de las personas que trabajan en oficinas pasan la mayor parte del día en luces de tipo incandescente o fluorescente, que además de proveer un nivel de iluminación insuficiente no poseen un espectro lumínico adecuado. Este tipo de luz evita la absorción óptima de ciertos nutrientes y contribuye a problemas tales como: cansancio, bajas en el sistema inmunológico, hostilidad, depresión, problemas de la piel, pérdida del cabello, y hasta cáncer.
Estudios llevados a cabo en los Institutos Nacionales de Salud de los Estados Unidos también se ha relacionado este tipo de luz con pérdida de fuerza y tono muscular. Aunque se sabe que el exceso de exposición a la luz solar puede causar problemas, las investigaciones parecen apuntar a que cierto nivel de exposición es necesario para la salud.
La exposición diaria a luz de espectro completo, es decir luz de espectro similar a la luz solar o a luz blanca (luz similar a la luz solar, pero con menos radiación ultravioleta) se emplea con éxito en el tratamiento de la depresión invernal. Este uso de la luz se conoce como terapia de luz o terapia lumínica.
El éxito de la terapia de luz en el tratamiento del trastorno afectivo estacional ha inspirado investigaciones para ver si también es efectiva en otros tipos de depresión. El profesor Daniel F. Kripke de la Universidad de Califomia en San Diego, dividió 950 hombres deprimidos en dos grupos. El primero pasó siete días consecutivos en un cuarto iluminado por 1600 vatios de luz brillante. El otro grupo permaneció en un cuarto con luz tenue. El resultado fue que el primer grupo tuvo una mejora de 18% en sus síntomas con respecto al segundo.
Con estos resultados vale la pena probar un poco de terapia de luz.
Así que: • Abra las ventanas de su casa para dejar entrar la luz solar.
•Use colores brillantes en las paredes y los muebles.
•Siéntese cerca de las ventanas cada vez que pueda.
•Trate de hacer ejercicio o caminar fuera de la casa mientras hace sol. Si lo hace dentro de la casa hágalo cerca de una ventana.