Compartimos un chiste diferente todos los días para que arranque la jornada con humor. Si quiere compartir el suyo, lo puede hacer a lectores@elintransigente.com.
Un ateo, mientras caminaba a través de la selva, sonriendo ante la belleza que había a su alrededor, oyó un murmullo cerca del río.
Fue a investigar y vio que un enorme oso pardo estaba yendo el camino hacia él.El hombre empezó a correr como un rayo y, cuando tuvo coraje para darse la vuelta, vio que el oso lo estaba alcanzando.
Trató de retomar sus pasos, pero tropezó y cayó al suelo. Mientras trataba de levantarse, el oso saltó sobre su pecho y levantó una pata para aporrearlo.
El ateo gritó:
- ¡Ay, Dios mío!
El oso se congeló, y una luz blanca brilló sobre el hombre y una voz resonó desde el cielo:
- Has negado mi existencia durante todos estos años, has enseñado que no existo y abonas la concepción de un accidente cósmico. ¿Esperas que te ayude en esta situación? ¿Puedo contarte como un creyente?'.
El ateo miró hacia la luz y dijo:
- Sería hipócrita de mi parte si de repente te pidiese que me tratases como a un creyente, pero quizás podrías convertir al oso al cristianismo.
Entonces, el oso bajó su pata derecha, puso sus dos patas juntas, inclinó su cabeza y dijo:
- Te doy gracias, mi Dios, por el alimento que voy a recibir...
(Enviado por Carolina del centro, Salta Capital)