UNA INVESTIGACIÓN DEL DR. RICARDO FEDERICO MENA

"Las Calles de Salta y sus nombres": Eva Perón (cuarta entrega)

El Intransigente comenzó este especial que enorgullece a los salteños. Cada semana una entrega para saber sobre aquellos que nos identifican

Miércoles, 12/10/2011 | 17:34 hs


                           EVA PERÓN
                       Cuarta Entrega
 
             CALLE DE NUESTRA CIUDAD UBICADA EN
                    Barrio Juan Manuel de Rosas
                     Plano 2-B3-Guía Milenium



Decía Eva Perón en alguna oportunidad: “El amor no es ninguna lección que yo aprendí, ni sentimentalería romántica, ni pretexto literario. El amor es darse y darse; es dar la propia vida”.

En nuestra nota anterior habíamos dicho que, dado su carácter forjado de adversidades y templado en las más angustiosas circunstancias, no le hubiera permitido faltar a la cita del 4 de junio de 1952, cuando la segunda asunción presidencial de su marido Juan Domingo Perón, casi no podía creerse que esta frágil mujer pudiera tener el empeño y la decisión para asumir este papel, cuando diez años antes no se atreviera a realizarse una cirugía estética, sugerida por sus mentores, en beneficio de su carrera artística.


Eva Duarte en su primera época

Aquel día trató de mostrarse más bella que nunca, a pesar de que la enfermedad la devoraba salvajemente por dentro. Estaba extremadamente delgada y traslúcida, pero a pesar de ello, una extraña fiebre la hacía arder en los fuegos de su propio fanatismo. Estaba el la cúspide de su poder, pero no podía dar un paso atrás, pues era la hora de las justificaciones, de todos esos años miserables de un sórdida prehistoria. No podía aflojar, menos ahora, sin perder esa fortaleza que hacía temblar a sus opositores y aún a sus ministros. Se decía que no pocas veces hizo aterrorizar y dar un paso atrás al mismísimo Perón. De alguna manera sentía que su existencia estaba justificada.

Se le escuchó decir en algunas oportunidades: “Cuando Perón tiene los ánimos por el suelo- ella utilizaba otras palabras más fuertes- yo se los levanto a patadas…”.
 
Dicen quienes la siguieron y la amaron, que ella tenía la intuición muy clara, el sentido de esa misteriosa transmutación de una Eva Duarte de los tablados de tercer orden, a esa otra Eva que se encaramara en la cúspide de los escenarios mayores de la República. En el libro “La Razón de mi Vida”, decía: si no hubiera llegado a ser lo que soy, toda mi vida hubiera quedado sin sentido”.


                                  Primera comunión de Eva. 7 años
 
En la vida debe haber millones de seres humanos que transitan caminos oscuros, miserables y hasta vergonzantes, que no saben levantarse de su propio barro, soñando quizá en vencer sus propias frustraciones, sin atinar a cómo hacerlo. Eva Perón tuvo la suerte de poder cambiar sus primeros años de miseria por escasos años dorados donde ejerció su poder de manera discrecional, omnímoda diríamos, pues debe haberse sentido una predestinada de un fin supremo, donde sus primeras penurias le hicieran salir de ese fuego infernal, para emerger templada y recia para cumplir su objetivo.

Todos estos episodios se trasladaron de alguna manera a su vida pública, expresados en su alta agresividad hacia la clase alta, los “oligarcas”, como solía llamarles. Esta clase en sus primeros momentos trató de atraerla, invitándole a sus reuniones de “five o’clock” o en su defecto a las honorables comisiones de beneficencia. Jamás aceptó estos convites, quizá fuera la venganza de una chiquilina de siete años, a la que los reconcomios almacenados en algún lugar de su alma, le volvieran a aquellos años, cuando se le impidiera despedir los restos de su padre muerto. Lo que nunca llegó a conocer, es que de acuerdo a los genealogistas cordobeses, por parte de una de sus abuelas apellidada Núñez, descendía directamente de mismísimo fundador de la ciudad de Córdoba.


         Perón sostiene a Evita en el acto del 17 de octubre de 1951

Esta alta agresividad hacia la aristocracia, se extendía hacia las actrices que fueron sus compañeras o acaso rivales en los momentos oscuros de sus inicios actorales.

Cuentas quienes bucearon en su historia y reproducidos en algunos textos, que la ex reina de España, al manifestar su deseo de conocerla, le respondió: “Que se ponga en camino, como todo el mundo”. De la misma manera, volviendo a desconocer las reglas del protocolo, le permitió inferir un terrible desaire a la Reina de Inglaterra: “O me aloja en el Palacio de Buckingham, o no voy”. ¿Por qué lo hacía? Quizá fuera la manera de resarcirse de tantas representaciones en que personificaba a reinas, zarinas o mujeres de alta importancia para la vida de los países. Todos estos desatinos eran perdonados no sólo por las mujeres y hombres del pueblo, sino también por sus asesores y ministros que temían contradecirle. Las mujeres del Partido Peronista Femenino, le seguían ciegamente, y en más de una oportunidad salvaron con sus votos la candidatura de Perón.


Eva llora y abraza a Perón durante el acto del 22 de agosto de 1951

Eran realmente un misterio las transmutaciones de esta mujer, a la que se amaba y odiaba con la misma intensidad. Sus descamisados siguieron su carrera ascendente, con la misma pasión de propiedad personal. En algún momento de su vida fue una reina de cuentos de hadas, pues a pesar de despotricar en contra de los ricos y aristócratas, no temblaba a enfundar las más costosas joyas, ni usar los más exquisitos modelos traídos de París o de Florencia, cuando ellos solamente eran usados por personajes de la alta nobleza y la burguesía pudiente de allende el mar. Sabía positivamente que el pueblo y sus “cabecitas negras” o “descamisados” jamás osarían en criticarle, pues se sentían también de alguna manera ataviados de la misma forma.

Eva Perón tuvo una vida pública de tan sólo siete años, pero en ese escaso tiempo, fue adoptando personalidades diferentes, de acuerdo a sus cambios espirituales. Su carrera comenzó con un atuendo sencillo y una sonrisa hasta diríamos cándida. Estamos hablando de cuando acompañaba a su marido en la campaña presidencial de 1946, y ensayaba sus primeros intentos oratorios desde el tren, donde recorría las provincias en gira proselitista. Después, cuando vio afianzado su poder, amplió su escote y comenzó cargarse de joyas, luciendo deslumbrantes vestidos de fiesta, participando en una comida oficial al lado del Cardenal Copello, que es de pensar desviaría su mirada para no contemplar los hombros desnudos de la primera dama.


                                           Casamiento Eva Duarte y Juan Domingo Perón
 
De vuelta de su viaje a Europa, comenzó a hacer más sencilla su vestimenta y su peinado, que conformaba una complicada red de trenzas doradas; se convierte poco a poco en un rodete simple de cabellos tirantes, como el que usaría cualquiera de las mujeres que circulaban por la ciudad. También sus costosos vestidos de Dior, se van transformando en sencillos trajes sastres o en su defecto en comunes conjuntos de lana. Su figura también sufre transformaciones, al volverse más afinada y su aspecto más austero. El rostro se le tensa y aparenta una cierta iracundia que se acentuará con el transcurso del tiempo. Su aspecto se masculiniza de cierta manera, pero acaso ese nuevo aspecto le sienta mejor, sin dejar de ser femenina. Se profundizan sus rencores y sus ganas de hacer cosas por su pueblo.Tenía bajo sus órdenes tres instituciones de enorme poder, como lo eran la CGT, el Partido Peronista Femenino y la Fundación Eva Perón. En realidad queda para la especulación, el giro que Eva Perón hubiera tomado de haber vivido algunos años más. La vida se le interrumpe tempranamente, y quizá hubiera girado hacia a la izquierda. No lo sabemos, sólo lo suponemos. La vida se le trunca cuando estaba apareciendo recién la verdadera naturaleza de Eva Perón. Llegó al final de su camino, escuálida, desmadejada, y no pudo observar su multitudinaria despedida. Sus ocho mil coronas de flores y las 2000 personas contusas y las desmayadas que pugnaban por ver su cadáver, reducido al de una muñeca o al de una niña de doce años. Tampoco pudo prever que su cadáver sería un elemento más de su mito. Fueron sólo siete alucinantes años, explosivos y vertiginosos, de amores y de odios.


 
Vale culminar con uno de sus dichos: “Mi vida es de ustedes”, reproducido por Tomás Eloy Martínez en su obraSanta Evita”.

En el comienzo de esta novela, la más traducida a los distintos idiomas del mundo, dice:

“Al despertar de un desmayo que duró más de tres días, Evita tuvo al fin la certeza de que iba a morir. Se le habían ya disipado las atroces punzadas en el vientre, y el cuerpo estaba de nuevo limpio, a solas consigo mismo, en una beatitud sin tiempo y sin lugar. Sólo la idea de la muerte no le dejaba de doler. Lo peor de la muerte no era que sucediera. Lo peor de la muerte era la blancura, el vacío, la soledad del otro lado: el cuerpo huyendo como un caballo al galope…”
 

Dr. Ricardo Federico Mena
para

Currículum abreviado del Dr. Federico Mena El Dr. Mena- Martínez Castro es odontólogo y ha escrito dentro de su profesión diversos trabajos de investigación clínica, como asimismo acerca de variadas materias: Historia, Genealogía, Poesía, Novela, Teatro y Cuento. Pertenece a distintas instituciones académicas de la región y de Buenos Aires, entre ellas es Miembro de Número del Centro de Estudios Históricos y Genealógicos “Gens Nostra” (Centro de Estudio Hispanoamericanos) con sede en Buenos Aires, Miembro correspondiente del Centro de Estudios Genealógicos de Tucumán, Miembro Fundador y de Número del Centro de Investigaciones Genealógicas de Salta, Miembro Correspondiente del Instituto San Felipe y Santiago de Estudios Históricos, Miembro de los Institutos Güemesiano, Belgraniano y Sanmartiniano de Salta, etc. Es autor de importantes trabajos dentro del cancionero popular, dos veces ganador en el Concurso Nacional de la Zamba ( zambas destacadas). Ha recibido numerosos premios provinciales y nacionales en su quehacer, entre los que se encuentran, el Primer Premio de Novela en el año 2000. Ha recibido de la Provincia de Salta el Premio al Mérito Artístico, etc. Colabora con EL INTRANSIGENTE en su columna “Las Calles de Salta y sus Nombres”.

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