Los hechos que se van sucediendo en el norte de África van marcando el cambio de una época cuyas consecuencias para Occidente pueden resultar decisivas.
Ninguna religión es mala en sí misma, de las cinco grandes religiones monoteístas reconocidas por la sociología (Cristianismo, Judaísmo, Islam, Hinduísmo y Budismo), todas comparten en el fondo los mismos principios éticos y morales y tienden a dar respuesta a los enigmas de la existencia humana.
En la base de cada creencia, más allá de diferencias estructurales subyacen las mismas cuestiones relativas al bien, al pecado, la muerte y el misterio sobre qué es lo que sigue a la vida.
Son los hombres y la interpretación que hacen las estructuras religiosas de esos principios los que convierten a una religión en algo perverso. Y la historia demuestra como entre las tres religiones proféticas (Judaísmo, Cristianismo e Islamismo) el matar ha sido la forma de imponer al Dios de cada una, para luego seguir matando a los que se resistieran a la nueva fe. Desde el “¡Dios lo quiere!” de las Cruzadas hasta el “Allah Akbar” (Dios es Grande) musulmán, en el medio, hubo de todo.
La introducción sirve para entonar la reflexión sobre lo que está ocurriendo en el Magreb y su correlato inmediato en Europa, donde el Islamismo está creciendo como reguero de pólvora y ya se puede leer con mayor frecuencia el término “Eurabia”.
A esa situación se le suman ahora los resultados de la llamada “Primavera Árabe”, un movimiento que puede resultar contradictorio porque se viene sacudiendo uno a uno a los tiranos que sojuzgaron a esos pueblos durante décadas, pero a cambio no alientan ningún futuro ventajoso, sino por el contrario, el peligro de consagrar en el poder dictaduras religiosas mesiánicas del tipo de la Revolución Islámica instaurada en Irán por el Ayatolá Ruhollah Komeini.
Dos hechos recientes se agregan a esta escalada de islamismo que pone en jaque los intereses de Occidente: la caída y muerte de Muammar Kadafi, un socio converso de los aliados occidentales y el fallecimiento del Sultan bin Abdul Aziz al-Saud de Arabia Saudita, cabeza del mayor exportador de petróleo y aliado más próximo también de Occidente.
El desalojo y muerte de Kadafi supone ahora un complicado tablero para un país que no tiene ningún tipo de organización política y donde solamente en Trípoli, la Capital de Libia han quedado en pie 28 milicias con sus respectivos jefes y fuertemente armadas, cada una de las cuales irá ahora por su pedazo en el próximo reparto del poder. Esto sin contar la división que hay entre las dos ciudades más importantes, Misrata y Bengasi que ya disputan cuántos muertos puso cada una para acabar con Kadafi.
Tanto en Libia como en el resto de los países tocados por la “Primavera Árabe” se está levantando con fuerza un islamismo de fuerte cuño tradicional.
Hoy, domingo 23, se celebran elecciones en Túnez, el país que inició este dominó hace diez meses y siete días echando del poder a Zin el Abidin ben Alí. El gran tema de debate en Túnez, es qué modelo de sociedad se viene y cuál será el lugar que ocupará el Islam en ella, donde un partido como el Enahda es el favorito, profundamente islamizado y conservador.
Una suerte de animadversión hacia los cristianos viene tomando cuerpo en varios de esos países. Hace poco más de una semana miembros de la minoría cristiana de los coptos mantuvo cruentos enfrentamientos con las fuerzas gubernamentales a raíz de la demolición parcial de una iglesia en Asuán, que terminaron con la vida de al menos 24 personas y dejaron a más de 300 heridas de diversa consideración, mientras el Ejército egipcio lanzó varios cadáveres al Río Nilo.
En Irak, a fines del año pasado un grupo supuestamente relacionado con Al Qaeda (aunque se duda mucho de esto), secuestró y mató a un hombre mientras lanzaba a modo de advertencia que «Mataremos a todos los cristianos empezando por él». Muchos cristianos han emigrado a Turquía, mientras otros que se fueron al regresar encontraron sus casas ocupadas y sus tierras trabajadas por musulmanes protegidos por el Estado.
El fenómeno del crecimiento del Islam más fanatizado y su peligro se confirma con las declaraciones del líder de Hamas en Cisjornadia, Hasan Yusef, quien dijo que el “Islamismo pronto controlará el mundo árabe”, para agregar seguidamente en tono profético que "EE.UU. y Europa deben empezar ya a negociar con los Hermanos Musulmanes, y no con los otros grupos políticos”.
Estos Hermanos Musulmanes son la corriente mayoritaria en el mundo árabe y se presume que ganarán las elecciones que haya en el futuro en Egipto, Jordania, Siria y seguramente en Libia, por supuesto.
Si bien para los árabes los Hermanos Musulmanes no son tan radicales como los que proponen una Jijad contra los “infieles occidentales y cristianos”, algunos comentarios hacen notar la preocupación de esos mismos pueblos porque se impongan en las elecciones ya que correrían peligro algunas conquistas logradas como por ejemplo, que la mujer pueda manejar un vehículo o asistir a la universidad.
El linchamiento de Kadafi viene a subrayar los términos de un comunicado de la Liga Árabe que pidió una cumbre en Bagdad para tratar los "acontecimientos graves y funestos" en Medio Oriente y el norte de África.
La “Primavera Árabe” se ha cobrado quizás su pieza más importante y un cable de Wikileaks revela que los observadores espías de Estados Unidos en Medio Oriente vienen desde hace un año advirtiendo sobre una “Gran tormenta de fuego” que se avecina para la que el Gobierno de Estados Unidos no está preparado y la chispa sería el conflicto palestino/israelí.
Así las cosas, si bien la liberación del soldado judío Gilad Shalit se saldó con el canje de 1.027 palestinos presos en Israel, Hamás reclama todavía la liberación de 5.000 palestinos todavía encarcelados mientras denuncia que Israel continúa avanzando con asentamientos. Denuncian asimismo la dureza de los puestos de control y el gran muro que los divide.
Si estos dos pueblos no llegan a un acuerdo, o alguna célula comete un atentado significativo contra un objetivo israelí, Estados Unidos no tendría más que ayudar a su aliado de donde proceden los grandes capitales que sostienen la economía norteamericana.
Siendo que Afganistán, Irán y en parte Irak –más allá del anuncio de retiro de tropas hecho por Obama-, sienten que luchar contra Estados Unidos es una labor de fe, acudirían en pos de sus hermanos palestinos.
El resto es fácil de imaginar.-
Por: Ernesto Bisceglia
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