Un nuevo tiempo político ya está comenzando, llega lleno de retos y desafíos; pero ninguno tan grave como el intentar que la política sea vista como una herramienta útil y no como un próspero negocio
Luego de los abrumadores triunfos que vienen consiguiendo los candidatos oficialistas –lo que no cuestionamos en modo alguno-, sería interesante girar el objeto del debate hacia esos millones que votan y preguntarse si saben lo que han hecho. Es decir, si tienen conciencia de la responsabilidad cívica que significa el sufragio.
Este razonamiento es absolutamente independiente de cualquier avistamiento partidario y se inscribe no en la crítica a un Gobierno sino en un planteo quizás de corte sociológico y de interés general, claro está.
Porque lo que la mayoría ha votado tiene y tendrá repercusiones en el ámbito privado de cada uno de nosotros; entonces, es bueno poder preguntarse si los ciudadanos están conscientes de las imperiosas demandas que hay que hacerle a la política y a los políticos.
Ocurre que la política desde esta óptica es mucho más que la administración pragmática de intereses y presupuestos; importa delicados compromisos en una época de cambios capaces e desequilibrar en cuestión de horas al sistema.
Por lo tanto, es urgente repensar ideales, volver a organizar las Instituciones pero no sobre la base de caprichos correctivos del pasado sino para que sean útiles en el futuro. Pero sobre todo, es necesario plantearle a la sociedad debates nuevos y propuestas diferentes. La política no puede seguir siendo un tendedero de afiches con rostros y frases aisladas, sin sentido.
La última campaña se ha caracterizado por slogans inconducentes, vacuos y hasta absurdos acompañados de rostros excesivamente pasados por el Photoshop. Eso no es la política, eso es una falta de respeto al ciudadano.
Aquí entramos en el problema porque esta política de rostros pintados continuará siendo así en la medida en que los ciudadanos no tengan formación política y puedan integrarse efectivamente al juego de la democracia sabiendo qué eligen, a quién eligen y para qué lo eligen. Por supuesto que este razonamiento es un mito porque si hablamos de pragmatismo, nada más práctico que la ignorancia del vulgo, lógicamente. Si acaso alguien disiente solamente busque las encuestas al respecto.
Pero de eso se trata, de proponer debates, aunque sean semillas, pero necesarios para que éste tampoco sea un escrito más.
Sería deseable y saludable que alguna vez, en un remoto tiempo por venir, los argentinos supieran qué están haciendo cuando votan, y no se conformen con que “se vayan todos” (que nadie se fue), o haciendo de las elecciones un castigo electoral, y menos todavía lo peor que le puede acontecer a una democracia: la apatía y el desinterés.
Caemos en lo mismo de siempre, si alguna vez se intentara cambiar esta estructura política, será necesario conformar una pedagogía de la política, es decir, enseñar que la política es la estructura imprescindible para la construcción de una sociedad y no una carrera para enriquecerse; es en definitiva, una obra de cultura cívica.
Mal podrán mañana –y aun hoy- los ciudadanos pedirles conductas morales a sus representantes cuando ellos mismos no las practican. Qué país se podrá edificar sobre la base de prácticamente ya una generación que nunca trabajó ni vio trabajar, y a la que no le interesa hacerlo. Mucho menos estudiar, capacitarse. Evidentemente, la cultura del “plan social” se impone a la cultura cívica.
Éste es un grave mal que mañana traerá dolores de cabeza y que ya fue advertido por Abraham Lincoln en su famoso decálogo, que bien vale la pena recordar:
1. Usted no puede crear prosperidad desalentando la iniciativa propia.
2. Usted no puede fortalecer al débil, debilitando al fuerte.
3. Usted no puede ayudar a los pequeños, aplastando a los grandes.
4. Usted no puede ayudar al pobre, destruyendo al rico.
5. Usted no puede elevar al asalariado, presionando a quien paga el salario.
6. Usted no puede resolver sus problemas mientras gaste más de lo que gana.
7. Usted no puede promover la fraternidad de la humanidad, admitiendo e incitando el odio de clases.
8. Usted no puede garantizar una adecuada seguridad con dinero prestado.
9. Usted no puede formar el carácter y el valor del hombre quitándole su independencia (libertad) e iniciativa.
10. Usted no puede ayudar a los hombres realizando por ellos permanentemente lo que ellos pueden y deben hacer por sí mismos”.
Bien ha dicho el filósofo y sociólogo español José Vidal Beneyto, que una sociedad no se recompone a base de “falsas certezas consensuadas” sino que es necesario que el ciudadano tenga una “actitud crítica y propositiva”.
Y esto, es un inmenso reto político que únicamente podrá ser posible cuando alguien, en algún gobierno, decida volver la mirada hacia la educación y proponga una profunda reforma.
Porque la política, no es únicamente insertar un sobre con un voto en una urna; es sobre todo una tarea pedagógica.-
Ernesto Bisceglia
Para