POR ERNESTO BISCEGLIA PARA EL INTRANSIGENTE

Ernesto Bisceglia: “El desafío de educar para una nueva gobernabilidad”

El escenario social ya ha cambiado. Es necesario comenzar a preparar ahora un ciudadano respetuoso de las instituciones que pueda reemplazar al corrupto sistema político

La tiza y el pizarrón, todo un símbolo
Domingo, 09/10/2011 | 10:28 hs

Quizás pueda afirmarse que más allá de todos los deméritos que puedan adjudicarse al sistema democrático, luego de tres décadas de ejercicio la sociedad ha comenzado a reconocer y catalogar las disfunciones y las insuficiencias de la estructura política en su relación con la realidad social. El mundo de los políticos no es el mundo real de las personas.

Es un momento de tránsito desde el político oportunista e improvisado –también corrupto- hacia un nuevo hombre político. Son cosas muy distintas el político que se vota hoy y que responde al estereotipo impuesto por el sistema y los medios de prensa, y el “hombre político” que los hay y en gran cantidad y variedad pero que por estar presidido por valores trascendentes se abstiene de participar, dejando lamentablemente el campo estos pseudorepresentantes de mediocre capacidad intelectual y moral.

Pero esta diferencia sólo pueden establecerla quienes están capacitados para un análisis crítico de la realidad social; la masa que permanece en la mediocridad y cada vez menos alfabetizada no puede hacer este tipo de evaluaciones; luego, la educación no puede ser una política de estado porque de aplicarse iría en contra de los intereses de quienes medran en los cargos en uso y goce de los beneficios y prebendas pagados por el trabajo del pueblo.

Han triunfado los arribistas y mediocres, parásitos del sistema democrático que ocupan altos cargos desde hace tres décadas sin importar quién suba o baje. Para más, en esa perennidad no han hecho nada por la sociedad salvo acaudalar un enriquecimiento personal que ostentan impunemente.

La mala noticia para estos forajidos de la política es que la sociedad global ha generado ya nuevos escenarios, que lógicamente precisan de nuevos protagonistas. El tiempo de los mediocres ha terminado, aunque la transición aún sea larga. El mundo exige la excelencia y la competitividad.

Hay nuevas inquietudes que impulsan un necesario debate que estos personajes están incapacitados para dar; viene allí la educación a jugar un papel preponderante en el análisis y la reflexión de lo que es necesario para ingresar a este nuevo tiempo que es ahora, no mañana. La mutación ya ha comenzado.

Al cambiar la sociedad, ha cambiado también el concepto de gobernabilidad que ahora necesita asentarse sobre la legitimidad y la eficacia de sus instituciones.

Un Poder Legislativo –por ejemplo- no puede seguir siendo legítimo cuando su cabeza máxima es sospechada públicamente de corrupción y tráfico de bienes del Estado. Para ocultar sus espurios procedimientos deberá recurrir a manipular los procedimientos. Se mantiene en el su sillón porque la gente carece de educación para reclamar su derecho a ser representada dignamente. Eso es educación cívica.

Al corromperse el Poder Legislativo que necesita mantener ocultos sus contubernios, necesariamente debe relajar su función de contralor del Ejecutivo permitiendo que los miembros de éste último también incurran en hechos moral y legalmente prohibidos. Y la cadena alcanzará al Poder Judicial en algún punto.

Esto no va más y lo demuestran las grandes sociedades que desde una PC y mediante las redes sociales se convocan a las plazas manifestándose contra la corrupción y la dictadura. En pocos meses ya han rodado cabezas que llevaban décadas en el poder.

Por eso esta nueva gobernabilidad exige una nueva manera de educar para la participación en los nuevos entramados políticos como único seguro para el sistema y para el gobernante.
Será necesario entonces generar una nueva “paideia”, es decir ejercitar una nueva docencia de las libertades y los derechos del ciudadano y su correspondencia con los deberes, algo que hoy está totalmente desbalanceado. Se ha enseñado a reclamar derechos pero no a cumplir deberes. Eso es demagogia y es un “bumerang” que en algún momento vuelve que el mundo ahora llama “Indignados”.
Hay que enseñar esa nueva relación entre identidades comunes y diferencias; respetar las diferencias pero conservando aquello que hace que sea lo que somos, no imponiendo modelos extraños y respaldándolos por la fuerza. Más claro, quien quiera ser diferente que lo sea porque le asiste el derecho, pero no se imponga por decreto esa diferencia como paradigma de una sociedad que naturalmente no lo tiene. La democracia es para todos.

Y la democracia es un sistema de valores antes que un sistema político que debe regular la conducta social, pero antes debe enseñarla. Este democracia no está enseñando ninguna clase de valores ni regulando esas conductas que deben ajustarse a un derecho preestablecido y que debe aplicarse sin temor y con la responsabilidad que tal ejercicio demanda.

Una nueva sociedad depende de una buena educación cívica, tronco desde el cual se ramifican todas las áreas de desempeño del ciudadano. Es una inversión cuyos frutos son lejanos y es una tarea agotadora que no la puede terminar un solo gobierno, pero sí sería bueno que éste Gobierno presente ponga la semilla para que germine una nueva sociedad.

Ellos ya no estarán cuando eso suceda, pero esos venideros seguramente se lo agradecerán. O sea, habrán quedado en la historia.-

Por: Ernesto Bisceglia
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Comentarios (6)

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PiensoPienso | 10/10/2011 | 12:26 |
Sr. GMaisares, Ud. lo pone muy bien, no podría coincidir más. La frase de Bisceglia, en cambio, me sigue pareciendo desafortunada. Por principio, no me parece bien descalificar a la “masa”, pretender que no entiende. Por otra parte, deseo acotar que el camino a la excelencia, que resulta tan luminoso en el ámbito privado, se desdibuja en los puestos electivos. ¿Quién es, al fin de cuentas, el mejor legislador? Pregunto desde lo teórico, por supuesto. Tal vez el Sr. Bisceglia acceda a desarrollar más su pensamiento, a fin de debatir ideas y no suposiciones.
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gmaisares | 10/10/2011 | 01:04 |
cuando Ernesto Bisceglia habla que solo pueden hacer un análisis critico de la realidad social el ciudadano que conoce sus deberes y derechos no está impulsando el voto calificado, nos está diciendo que solo puede hacerlo aquel ciudadano cuyo gobierno tiene como política de estado la educación, derecho constitucional, receptado en nuestra carta magna en su art. 75 inc. 22, que incorpora 12 tratados internacionales, entre ellos El Pacto Internacional de Derechos Sociales y Culturales (art. 13). Por eso es necesario que las Universidades Publicas cuenten con todas las carreras de grado, para que así todos puedan acceder a la educación y no solo aquellos que cuentan con los recursos para poder hacerlo. Cuando el soberano limita la enseñanza en sus instituciones y determina que se puede aprender y que no, se retacea la educación, priva a sus administrados de su derecho mas fundamental y los somete al yugo de su poder tirano, ahogándolo en su miseria analfabeta, para que así su poder pueda perdurar y gozar de los lujos pagado por la explotación de su pueblo.
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vengadorocultos | 09/10/2011 | 21:32 |
Las instituciones nunca respetaron al grueso de la sociedad don bisceglia, la sociedad no puede confiar en instituciones que no sean para beneficiarla sino que solo sean para mantener el status quo vigente. saludos.
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Ubencito | 09/10/2011 | 18:29 |
piensopienso, piensa demasiado, la linea es mucho más directa, lo que pasa es que usted busca encontrar lo que no hay, no hay nada oculto aquí y el planteo es claro, el que no se de cuenta de que todo cambio y ya cambio el mundo esta afuera. Ademas, basta ver cómo quien quiere trabajar le piden ser lo mejor en lo suyo, eso es excelencia. y la educacion civica significa formar un buen ciudadano para mejorar la calidad del sistema democrático, creo que es esto lo que Bisceglia dijo. A mi me parece.
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PiensoPienso | 09/10/2011 | 17:08 |
Sigo. Sin embargo, dos pasos más allá el columnista sostiene que la “sociedad global” (ya no la “masa”) está cambiando. Aparentemente basa su esperanza en el movimiento de “indignados” y en la “primavera árabe”, con lo que cae en un idealismo candoroso. ¿Que el mundo exige la excelencia? ¿En política? En fin, por estos vericuetos llega el autor a la irreprochable conclusión de que hace falta mejorar la educación cívica: el respeto por los derechos de los otros, la obligación de cumplir con los deberes propios, y la responsabilidad, tanto al elegir como al ser elegido. Para más demostración, vean lo que tenemos. Hay que concederle ahí su punto, al menos llegó a buen puerto.
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PiensoPienso | 09/10/2011 | 17:07 |
Es extraña esta nota de Bisceglia. No comparto el camino que sigue para arribar a su postulado. Por un lado enarbola el discurso sobre la mediocridad de la “masa”, que inmediatamente nos remite a pensar en José Ingenieros o en Ortega y Gasset. Con este ardid, se encarama temerariamente en el plano intelectual y moral superior de la sociedad, la “minoría selecta”, diría el filósofo español. La que debería gobernar, ¿parece sugerir Bisceglia? ¿Pero quién maneja el “mediocrómetro”? La supuesta ignorancia de la población también ha sido y es el argumento esgrimido por quienes impulsan el voto calificado, falseamiento cabal de la democracia. Bisceglia no va tan lejos, pero ningunea la capacidad de razonamiento de la gente, por lo tanto a la voluntad popular, a la que parece suponer hija de la ignorancia.

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