La paradoja de la “Sociedad de la Información” es que hay cada vez más brutalidad, sobre todo entre manejan el Sistema
La brutalidad, como cualidad, suele aplicarse ligera y principalmente a las personas menos preparadas intelectualmente, al menos es lo que genéricamente suele hacerse a la hora de calificar a alguien por sus hechos o dichos, con la clásica expresión: “¡Es un bruto/a!”. Sin embargo, de acuerdo a la definición de diccionario, la brutalidad está relacionada a la violencia o a la crueldad intensa.
La brutalidad preside la época actual y se verifica sin rubor alguno. Los periódicos más importantes del mundo publican de qué manera toda barbarie tiene una explicación; por ejemplo, invadir un país es “prevención” y genocidio es “luchar contra los regímenes más peligrosos del mundo”; la tortura es para “salvar más vidas” y la eliminación de personas es necesaria para lograr que “el mundo sea mejor”; todas palabras que, por ejemplo, se pueden encontrar los discursos de los presidentes norteamericanos del último tiempo.
No es nada más que una cuestión de semántica; es el “discurso del político” poblado de lugares comunes del tipo: “todos los seres humanos son iguales ante la ley”, cuando la realidad está marcando una brecha cada vez más amplia e insostenible. Lo mismo que decir que los “marginados precisan de la ayuda de toda la sociedad para tener una oportunidad” y entonces se tercerizan los servicios subvencionando la pobreza; es decir, haciendo que los pobres sean cada vez más pobres, pero eso sí; asistidos.
Éstas son las sutilezas de la “democracia liberal”; los argumentos para imponer un capitalismo salvaje que aniquila y despoja mediante la explotación de recursos y de seres humanos. La lista podría ser mucho más amplia, se podrían incluir la estafa política, la impunidad y la xenofobia, la marginación y la decadencia cultural y moral.
A cambio han entronizado una cultura del éxito, pero sólo destinada a quienes logran superar las barreras morales y se instalan en el sector de los ganadores. Son los hombres fuertes, los que deciden la eliminación de poblaciones enteras en beneficio de la porción de humanidad que califica y que debe hacerse con la tierra, el agua y hasta la libertad de los naturales que viven en determinada zona del planeta.
En la base de esta estrategia está la brutalidad; esa con que diseñan estas macro estrategias invadiendo a las sociedades culturalmente primero, incorporándole vestimentas, usos y costumbres (Halloween es la muestra más evidente), vocablos extranjeros y borrando su pasado de la memoria colectiva mediante la eliminación en las escuelas del estudio de la Historia. Y la brutalidad de los que van quedando brutos a causa de la primera brutalidad.
Cualquier cosa que no comulgue con estos “principios” del Nuevo Orden será tomado como un signo de debilidad, antigüedad o “fascismo” como se suele llamar en las comunidades progres a los valores. En el fondo, nadie se da cuenta de que lo que están defendiendo es mucho más autoritario y peligroso que lo que combaten.
Se trata de una estrategia que tiene en la base el adormecimiento de la conciencia popular, que de a poco va dejando a las sociedades indefensas, solamente contentadas con placebos producto del consumismo. Aquel estoicismo en el trabajo y el esfuerzo con que nuestros padres edificaron sus posiciones ha sido cambiado por el facilismo del subsidio y la prebenda.
Apatía, holgazanería y mediocridad cultural son los rasgos más destacados de esta nueva forma de dominio que apunta a destruir el pensamiento crítico y consolidar un pensamiento único.
Es la hora de los brutos. Sí, pero no de aquellos que no tienen cultura sino de los que predican la violencia a través del discurso, de la moda y del consumo cada día más violento y frenético.
Como bien dijo aquél: “A un bruto dadle armas, pero nunca le deis una pluma porque os convertirá en brutos”.-
Por Ernesto Bisceglia
para