Un reciente Decreto acaba de crear un Instituto de Revisionismo Histórico a cargo de Pacho O’Donnell. ¿Se revisará toda la Historia para contarla objetivamente, o continuarán ocultando la parte que falta contar?
ARGENTINA.- Una coincidencia promueve estas líneas: la conmemoración del Combate de la Vuelta de Obligado, su feriado desplazado y la reciente creación del "Instituto Nacional de Revisionismo Histórico Argentino e Iberoamericano Manuel Dorrego", a cuyo frente han designado a Pacho O’Donnell.
Ante todo habría que definir qué se entiende por revisionismo histórico y lo primero que se podría decir es que se trata de un esfuerzo intelectual para revisar el pasado que debe estar conducido por el sentido común y libre de connotaciones ideológicas.
La Historia es una ciencia y como tal se puede tener puntos de vista sobre determinados momentos o protagonistas, pero nunca se debe falsearlos o peor aún, ocultarlos. Lamentablemente, en la Argentina las cosas se hacen siempre buscando un doble fin. Basta ver la intencionalidad política y sectaria de la que conocemos como Historia Oficial, y la no menos subjetiva historia revisionista posterior.
Durante casi un siglo, generaciones de argentinos se formaron pensando que la República Argentina era el producto de la acción de un grupo de prohombres cuyas virtudes los convertían en seres poco menos que angélicos. Eran hombres, eso es todo; por lo tanto, cargados de virtudes y también de terribles defectos, lo cual indica que cada hombre debe ser juzgado según las circunstancias de su tiempo y no con los parámetros actuales.
El caso de Juan Manuel de Rosas
El Gobierno de Juan Manuel de Rosas es uno de esos casos testigo. Hoy, casi dos siglos después la discusión sobre si fue un tirano o el hombre apropiado para ese tiempo anárquico continúa. Nuestra generación creció pensando que Rosas era una ícono del nacionalismo y Roca un visionario que agrandó las fronteras del país, y hoy Rosas es un dictador y un tirano que sembró de cadáveres el país, mientras Roca es un genocida.
Lo correcto sería estudiar a Rosas en ese contexto donde desde 1810 ya iban casi dos décadas sin gobierno nacional estable y de no haber sido por Rosas quizás el territorio de las Provincias Unidas se hubiera segregado en republiquetas o habría sido absorbido por los vecinos. Con Roca ocurre otro tanto. En ese momento era necesario agrandar el país y terminar con la amenaza del indio. Habría que estudiar cuál podría haber sido la variante a lo que ellos hicieron. Y así podríamos analizar todo lo demás.
Allí es donde el revisionismo histórico juega su papel, exhumando nuevamente la documentación para interpretarla según criterios más modernos y despojados del subjetivismo con que fue escrita aquella “Historia Oficial”. ¿Qué otra cosa se podía esperar que escribieran Bartolomé Mitre o Domingo Sarmiento?
Dirán lo mismo dentro de cien años de nuestro actual momento cuando se revisen los documentos de la Argentina reciente y alguien se pregunte: ¿Qué otra cosa se podía esperar de los “K”?
Hay que utilizar el revisionismo histórico con la mayor objetividad posible (muy difícil, casi imposible esto último), tratando de recuperar la ciencia de la historia y no haciendo de la historia un folleto de propaganda ideológico, que al fin es lo que hizo Mitre en su momento y hoy hace Felipe Piña, por ejemplo.
Es que todo proceso histórico tuvo lo suyo. Hay que ver nada más el empeño de los gobiernos kirchneristas por enraizar en la conciencia argentina el rechazo más absoluto a toda forma de dictadura o tiranía y esto está bien, porque desde ese mismo punto de vista del revisionismo, hay que aceptar que muchos llamados demócratas fueron repetidas veces a “golpear las puertas de los cuarteles”, como lo hizo el mismo Ricardo Balbín. Aquí nadie puede tirar la primera piedra.
¿Al final?
Para probar el subjetivismo con que se puede llegar a utilizar el revisionismo histórico no hay más que recordar cuando hace un año, al rememorar la Vuelta de Obligado, la Presidente Cristina Fernández elogió sin reservas a Juan Manuel de Rosas con frases del tono: “por orden del General Rosas se cruzaron estas cadenas”, o “la valentía y la decisión de Rosas”, y “la gran nación que soñó Rosas”, desde el más objetivo punto de análisis y de acuerdo a lo que se enseña en las escuelas hoy esto es un contrasentido; desde un punto de vista revisionista está perfecto lo que hizo Cristina.
Se entiende así que el revisionismo histórico no sólo es un buen aporte al estudio de la Historia, sino además una necesidad de urgencia para los argentinos que venimos con media historia contada, paradójicamente, por quienes ahora impulsan este Instituto de Revisionismo histórico.
Pacho O’Donnell es un hombre que ha remozado la historia argentina a través de sus libros. Podemos coincidir o no con algunos puntos de vista, pero su estilo agilizó la lectura y contribuyó incorporando sucesos y personajes que la Historia argentina antes no había tenido en cuenta. Si se lo quiere más franco al término, hizo de la Historia argentina un relato para contar.
Conviene preguntarse ahora qué es lo que vamos a revisar. ¿Toda la historia? O solamente la que el Gobierno quiere que sea revisada, que de hacerlo objetivamente sería un gran gesto de honestidad intelectual de parte de Cristina Fernández, porque al lado de los genocidas habría que poner a lo subversivos ya que ambos existieron y ambos dispararon. Ésa es la Historia que todavía le están debiendo por contar a los jóvenes y niños.
Sí, pues, lancémonos a revisar toda la Historia y a contarla como es, tal como ocurrió; porque los hechos han existido, de uno y otro lado, en 1810, con Rosas, con la Generación del 80, con Yrigoyen, en la Década Infame, con Perón, y en la Década del Setenta.
Si no se hace así, no sólo se habrá perdido una gran oportunidad de refrescar y sincerar la Historia Argentina, sino que lo más grave es que seguiremos contando la mitad de esa Historia, lo que es lo mismo que contar una mentira sobre esa misma historia.-
Por Ernesto Bisceglia
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