El Intransigente comenzó este especial que enorgullece a los salteños. Cada semana una entrega para saber sobre aquellos que nos identifican
CALLE SAN JUAN APÓSTOL
UBICADA SEGÚN PLANO MILENIUM EN
5 B5
La palabra apóstol se la ve empleada una vez en Libro II de los Reyes, XIV, Seis en la versión de los setenta. En el Nuevo Testamento se la ve quince veces. En el arameo bíblico es Sheliah y más que mensajero significa delegado.
San Lucas es el único de los evangelistas que denomina de esta manera a los escogidos con la misión de evangelizar. Después de la Resurrección de Cristo, los doce con Matías) son denominados Apóstoles. El apostolado fue instituido por Jesús, aunque la escuela crítica racionalista lo niegue. El fin de la institución fue la educación de sus miembros para la cristianización del mundo. Los apóstoles constituyen el Colegio Sacro de Jesús a quienes Él asiste desde su bautismo hasta su Ascensión. Probablemente fueron escogidos entre los conocidos y familiares; son sin excepción gente sin instrucción y pertenecientes a la clase trabajadora, salvo Mateo. Éste (X, 2-4) los enumera así: Simón Pedro y Andrés (hijos de Jonás el pescador), Santiago y Juan (hijos de Zebedeo, también pescador, pero de más elevada condición); Felipe, Bartolomé, Tomás, Mateo el Publicano, Santiago Alfeo (el menor) y Lebeo. (San Marcos lo nombra Tadeo); Simón el Cananeo, y Judas Iscariote. Los demás evangelistas expresan variaciones de orden, pero todos coinciden en nombrar en primer término a Pedro y en último lugar a Judas Iscariote. Los cuatro primeros, tuvieron en el Colegio una señalada preferencia por parte de Jesús, y Pedro dotado de una mayor intuición y viveza espiritual, mereció del Maestro el primer lugar, en la naciente Iglesia. El número doce en los miembros del apostolado, se corresponde con las doce tribus de Israel, a las que debían juzgar en la vida futura. Por eso después de la Resurrección de Cristo, la vacante dejada por Judas fue llenada con Matías y es por eso que a Pablo no se lo tiene por Apóstol, sino como hombre apostólico, no obstante haber sido su labor más intensa que la de todos los demás.
Durante la vida pública de Jesús, los apóstoles vivieron familiarmente con Él, escuchando sus enseñanzas y presenciando los milagros a los que se refiere la Biblia. En los días de la Pasión, uno de ello le vendió, Pedro lo negó tres veces y él, junto a los otros lo abandonaron. Después de resucitado Cristo, en sucesivas apariciones terminaron la instrucción en cuanto se refiere a la misión a cumplir, y en el día de Pentecostés el Espíritu Santo se les apareció en forma de lenguas de fuego.
El apóstol San Juan era natural de Betsaida- Galilea- en la ribera norte del mar de Tiberíades. Sus padres fueron Zebedeo y Salomé y su hemano mayor Santiago. Formaban una familia acomodada que, al conocer al Señor no dudaron en ponerse a su sevicio. Juan y Santiago abandonaron a su padre Zebedeo. Salomé, la madre, también siguió al Maestro contribuyendo con sus bienes en Galilea, y acompañándole hasta el Calvario.
Juan había sido discípulo de Juan el Bautista cuando este estaba en el Jordán, y una vez, al pasar cerca de él Jesucristo , el Bautista señalándolo, le dijo: “He ahí el Cordero de Dios”. El Apóstol Juan habiendo conversado con el Maestro, no comunicó a nadie lo hablado con Él, pero sí, jamás dejó de seguirle. Al escribir su Evangelio, dijo al mundo que tal encuentro había tenido lugar a las cuatro de la tarde.
Juan era el más joven de los apóstoles y luego del primer encuentro volvió a sus trabajos de pesca. Luego de un tiempo de preparación, Jesús lo convocó a su lado y pasó a ser uno de los “Doce”. Tenía apenas unos veinte años, cuando dedica su vida al Señor. Eran doce hombres donde la vocación y el amor a Dios eran el norte de sus vidas. Era el único de los “doce que acompañó a su Maestro sin abandonarlo, hasta el mismo Calvario. Este es el mismo apóstol Juan, que reclinara su cabeza ante el Señor en la “Última Cena”; conoció los secretos Divinos, y Junto a Pedro recibió de Jesús particulares muestras de afecto. Como decíamos recientemente, prevenido de este afecto, no dudó en preguntar, por el nombre del traidor cuando Él les anunció que uno de ellos iba a traicionarlo.
La más grande prueba de su afecto la testimonió desde la Cruz, cuando le hizo entrega para su cuidado, a su santísima madre. Al verla allí, junto a su discípulo tan amado, dirigiéndose a ella, le dijo: “Mujer, e ahí a tu hijo”, a lo que el discípulo contestara, “e ahí a tu madre”. Se dedicó a su cuidado hasta el fin de sus días terrenales. Todos los cristianos representados en Juan somos hijos de María, y es esta una invitación a los cristianos a poner sus vidas en Ella. Es de imaginar dado el mutuo afecto que los apóstoles entre sí se profesaban, la influencia que la Virgen habrá tenido en ellos y específicamente en Juan. Este apóstol tan querido estuvo durante la resucitación de la hija de Jairo, en la Transfiguración de Jesús y en el huerto de Getsemaní, donde el Maestro se retiró a orar en agonía, sabiendo que sus horas estaban contadas. Fue asimismo testigo de sus apariciones milagrosas.
Decíamos que estuvo durante la Transfiguración del Señor, junto a Pedro y Santiago. Está descripto en los Evangelios Sinópticos donde se describe que el Señor, seis días después sube con ellos a la montaña Transfigurándose en su presencia: su rostro resplandeció como el sol, y sus vestiduras se tornaron blancas y refulgentes. Se aparecieron junto a Él, Moisés y Elías, cuando de pronto una nube de luz los cubrió, al tiempo que Él aún hablaba, diciendo: “Este es mi Hijo amado, en quién tengo complacencia, a Él oíd”. La Iglesia Católica celebra este hecho el día 6 de agosto y la segunda semana de cuaresma.
El término de Evangelios Sinópticos se refiere a los Evangelios Canónicos de Mateo, Marcos y Lucas, que guardan grandes afinidades entre sí.
Las polémicas que se abatieron y aún se abaten sobre él, es si Juan el Apóstol y Juan el Evangelista fueron una misma persona, o si Juan fue el gestor de otros libros del Nuevo Testamento y del Apocalipsis.
Diversos textos le adjudican su destierro en Patmos, durante el gobierno de Domiciano y una prolongada estancia en Éfeso, lo que viene a desempeñar el fundamento de la comunidad “Joanica”, en cuyo marco muriera a edad muy avanzada. Algunos autores modernos dicen que la presencia de Juan en Éfeso no está debidamente comprobada mientras otros sostienen que fue el fundador de la Iglesia de Éfeso. Algunos autores coinciden en que “El Apocalipsis” debe haber sido escrito durante el gobierno de Domiciano, en respuesta a la intolerancia religiosa del emperador. Según Tertuliano (circa 160-ca 220), Juan fue martirizado sin morir en Roma, en una caldera de aceite hirviendo, entre los años 91 y 95 en las cercanías de la Puerta Latina, en los Muros Aurelianos, que eran murallas de acceso a la ciudad de Roma. Juan de acuerdo a los testimonios habría salido ileso.
Como sucede con todos hechos y tradiciones de la antigüedad, hay autores que al no haber pruebas documentales del martirio, dudan del mismo, aunque tampoco existen pruebas que lo descalifiquen.
Es tan notable la presencia de Juan, que tanto las comunidades cristianas, como ortodoxas y anglicanas celebran una fecha en su memoria.
Las características que diferencian al “Discípulo Amado” de los otros apóstoles, residen en el acto de confidencia de Jesús respecto a quién es el apóstol traidor, confidencia esta que no reciben los otros apóstoles, tampoco niega a Jesús durante la Pasión; también está el hecho de haber dicho Jesús: “allí tienes a tu madre”; a todo esto se agregan los supremos cuidados brindados a la madre de Dios hasta su último día en la tierra.
Respecto a lo hombres de los Evangelios, y más específicamente a Juan se encuentran referidos en las escritos neotestamentarios; surgen del método histórico- crítico de fuentes primarias, consistentes en pasajes del Nuevo Testamento y en otros materiales considerados apócrifos por las distintas confesiones cristianas.
Juan, el mismo que luego sería el Apóstol San Juan, es presentado en las Sagradas Escrituras como dijéramos antes, como uno de los hijos de Zebedeo, hermano de Santiago y compañero de Simón Pedro. Los tres Evangelios Sinópticos lo sitúan como pescador de Galilea, cuya vocación en el seguimiento de Jesús, se inicia a orillas del lago de Genesaret; fue uno de los primeros cuatro discípulos.
En las proximidades del Mar de Galilea, Jesús vio a Andrés y Simón , ambos hermanos, arrojando las redes en el mar, ya que eran pescadores , entonces Jesús les dijo : “Venid conmigo y os haré pescadores de hombres”. *
Ellos de inmediato le siguieron y, a poco de caminar se encontraron con Santiago, el hijo de Zebedeo y a su hermano Juan, que estaban también trabajando con las redes. Jesús les llamó y dejaron a su padre Zebedeo con los jornaleros marchando con Él.
Por el Evangelio de Lucas se llega a saber que Pedro, Juan y Santiago, tenían una suerte de sociedad para la pesca. Cuando Jesús acabó de hablar, dijo a Simón: “Boga mar adentro y echad vuestras redes”, y así pescaron gran cantidad de peces, de manera que las redes amenazaron romperse. Hicieron señas a los socios de la otra barca, para que vinieran en su ayuda y, al ver esto Simón Pedro, cayó de rodillas ante Jesús diciéndole: “Aléjate de mí Señor, soy un pobre hombre pecador” La sorpresa al ver tamaña cantidad de peces fue tanta que no podían dar crédito a lo que estaban viendo.
Ya hemos consignado el porqué se considera a Juan el discípulo amado, pero también algunos estudiosos persisten en dudar de esto, diciendo que la verdadera identidad, es discutida.
La iconografía de occidente representa al apóstol eternamente joven, mientras que las representaciones orientales lo visualizan como un hombre anciano, con barba y en eterna contemplación.
Atenágoras I Patriarca Ecuménico de Contantinopla dice de él: “Juan se encuentra en los orígenes de nuestra más elevada espiritualidad”
Por Ricardo Federico Mena
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Currículum abreviado del Dr. Federico Mena
El Dr. Mena- Martínez Castro es odontólogo y ha escrito dentro de su profesión diversos trabajos de investigación clínica, como asimismo acerca de variadas materias: Historia, Genealogía, Poesía, Novela, Teatro y Cuento. Pertenece a distintas instituciones académicas de la región y de Buenos Aires, entre ellas es Miembro de Número del Centro de Estudios Históricos y Genealógicos “Gens Nostra” (Centro de Estudio Hispanoamericanos) con sede en Buenos Aires, Miembro correspondiente del Centro de Estudios Genealógicos de Tucumán, Miembro Fundador y de Número del Centro de Investigaciones Genealógicas de Salta, Miembro Correspondiente del Instituto San Felipe y Santiago de Estudios Históricos, Miembro de los Institutos Güemesiano, Belgraniano y Sanmartiniano de Salta, etc. Es autor de importantes trabajos dentro del cancionero popular, dos veces ganador en el Concurso Nacional de la Zamba ( zambas destacadas). Ha recibido numerosos premios provinciales y nacionales en su quehacer, entre los que se encuentran, el Primer Premio de Novela en el año 2000. Ha recibido de la Provincia de Salta el Premio al Mérito Artístico, etc. Colabora con EL INTRANSIGENTE en su columna “Las Calles de Salta y sus Nombres”.