UNA INVESTIGACIÓN DEL DR. RICARDO FEDERICO MENA

Las Calles de Salta y sus nombres: San Luis, Confesor- Rey de Francia

El Intransigente comenzó este especial que enorgullece a los salteños. Cada semana una entrega para saber sobre aquellos que nos identifican

  • jueves, 08/12/2011 | 20:05 hs
San Luis Rey de Francia



                                SAN LUIS
                    CONFESOR-REY DE FRANCIA
       CALLE DE SALTA UBICADA SEGÚN GUÍA MILENIUM
                    EN Nº 16 C4-17 B1-B3-C5-18 D1

Existe en esta ciudad, la calle del epígrafe; pero al estar dentro del grupo que homenajea a los santos, estimamos que la misma no se refiere a la provincia del mismo nombre, sino al santo, al que haremos referencia en esta nota, y no a la provincia de San Luis; pero de todas maneras, ambas responden y homenajean al santo.

En San Luis IX de Francia se conjugan dos importantes cualidades que distinguen al valeroso guerrero y al santo. Fue un Rey Cruzado, además de ser un vivo ejemplo de la cristiandad de la época, pues su vida fue dedicada a vivir para el bienestar de sus súbditos y para la gloria de Dios. Su padre fue el Rey Luis VIII, perteneciente a la dinastía de los reyes Capetos, y su madre la temida Reina Blanca, hija del Rey Alfonso de Castilla y de Eleonor de Inglaterra. Luis fue el mayor de los hermanos nacido en Poissy-sur- Seine, ciudad esta muy cercana a París, el 25 de abril de 1214, donde también fuera bautizado. Gran parte de sus virtudes fueron atribuidas la crianza dada por su madre, quien en persona estuvo dedicada a su educación, aunque tuvo tutores, que le convirtieron en un maestro de latín, el cual hablaba con soltura en público. También tuvo maestros en literatura que le enseñaron a escribir con la misma soltura y fluidez.

Fue también instruido en las artes de la guerra y en las artes de gobierno, con el extremo cuidado que todo rey debía adquirir para hacer exitoso su reinado, como asimismo felices a sus súbditos. La Reina Blanca, puso especial énfasis en fijar en su hijo el cuidado y respeto por la religión, al punto que según los biógrafos solía decir: “Te quiero querido hijo, tanto como una madre puede querer a su hijo, pero preferiría verte muerto a mis pies, que verte caer en pecado mortal”.

Luis jamás olvidó esa educación, y su amigo y biógrafo, según lo relata el Señor de Joinville, en sus Memorias, y quien le acompañara en su primera cruzada a Tierra Santa, cuenta, que en cierta ocasión el rey le preguntó: “¿Qué es Dios?, a lo que este replicara, Señor, es aquello que es tan bueno, que no puede hallarse nada mejor”. El Rey entonces le dijo: “¿preferirías ser leproso o cometer pecado mortal? Joinville le contestó: “Preferiría cometer 30 pecados mortales” Debemos recordar que en aquella época, el espectáculo de los leprosos que vagaban por los caminos de la Europa Medieval, debieron influir poderosamente el la respuesta de Joinville. Luis le recriminó vivamente por esta contestación, diciéndole: “Cuando un hombre muere, sana la lepra de su cuerpo, pero cuando muere un hombre que ha cometido pecado mortal, no puede estar seguro de que durante su vida, se haya arrepentido, de modo que Dios le haya perdonado; por ello debe sentir gran temor de que la lepra de su pecado, dure tanto como Dios en el Paraíso”.

Después de un corto reinado de tres años, su padre el Rey Luis VIII, murió cuando él sólo tenía 11 años, siendo su madre la Reina Blanca, nombrada Regente, mientras durara la minoría de su hijo. Los nobles aspirantes al poder comenzaron sus intrigas, por lo que su madre debió apresurar la ceremonia de coronación de Luis, que se efectuó en Reims, el primer domingo de Adviento del año 1226. El joven rey a pesar de ser alto y maduro para su edad, tembló al hacer su juramento; pidió a Dios valor, luz y fuerza para hacer buen uso de su autoridad, mantener el honor divino, defender la Iglesia y servir los deseos del pueblo. Los barones no estuvieron conformes y continuaron con sus intrigas palaciegas, pero las sabias alianzas que la Reina Blanca supo realizar, logró que el triunfo en la batalla, permitiera que Luis, cuando asumió el real y efectivo mando, su posición estuviera firmemente consolidada.

Luis con 23 años, contrae matrimonio en el año 1234, con Margarita, la hija mayor de Ramón Berenguer, conde de Provenza, con la cual tuviera 11 hijos, de los cuales cinco fueron varones y seis mujeres. Esta dinastía continuó durante quinientos años. Sólo basta recordar las palabras del Abate Edgeworth cuando estando Luis XVI, ante la guillotina, pronunciara estas palabras: “¡Hijo de San Luis, sube al cielo!”.
 
Al tomar las riendas del gobierno del joven rey, fue mandar a construir el famoso monasterio de Royaumont, con fondos que para tal obra legara su padre. Alentó todas las órdenes religiosas, instalando a los cartujos en el palacio de Vauvert en París, y ayudó a su madre en la fundación del Convento de Maubuisson. Las aspiraciones del Rey eran la de hacer a Francia la primera, de las naciones cristianas. Compró al Emperador de Constantinopla la corona de Thorns, además de otras reliquias. Para recibirlas envió a dos frailes dominicos a la localidad de Sens. Para guardarlas, construyó en una islilla del río Sena que lleva su nombre, la Santa Capilla, uno de los más hermosos exponentes de la arquitectura gótica de aquellos tiempos; pero durante la Revolución Francesa, la Capilla fue vaciada de todo su contenido...
 
Dice Joinville: ”Pasé unos veinte años en compañía del rey, y ni una sola vez le oí jurar por Dios, ni por su Madre o sus Santos. Ni siquiera le oí nombrar al diablo, excepto si topaba aquella palabra, mientras leía en alta voz o cuando se discutía lo que había leído”.

En 1230, el rey prohibió cualquier forma de usura, de acuerdo con la religión cristiana y, cuando las ganancias de los prestamistas judíos o lombardos fueron excesivas, y los deudores originales no pudieron ser hallados, Luis exigió a los usureros una contribución para una nueva cruzada que el Papa Gregorio trataba de organizar. Proclamó un edicto por el cual todo hombre culpable de blasfemia debía ser marcado con un hierro candente. Luego de algún tiempo, por intercesión del Papa Clemente IV, fue reducido a una multa, azote o prisión, según las circunstancias. Protegió a los vasallos o arrendatarios, cuando un conde flamenco colgó a tres niños por haber cazado conejos en sus bosques, hizo que el conde fuera encarcelado y juzgado por sus pares y por los jueces civiles ordinarios, los cuales le condenaron a muerte. Luis salvó la vida del conde, pero le multó con una enorme cantidad de dinero, que fue empleado en obras religiosas y de caridad. Frecuentemente, los barones prelados y príncipes le escogían para arbitrar sus querellas.

En 1244, luego de reponerse de unas fiebres altísimas, anunció su intención de organizar una cruzada en Oriente, ya pensada desde hacía mucho tiempo. Su marcha se pospuso por tres años y medio, pues debía solucionar algunos disturbios en su reino. Decretó que durante tres años toda la cristiandad debía pagar el 20% de sus rentas para liberar los Santos Lugares. La Reina Blanca debía ocupar su lugar mientras durara su ausencia.

Finalmente el 12 de junio de 1248, Luis partió con su mujer y tres hermanos en dirección a Egipto, cuyo Sultán, Melek Selah había devastado Palestina. Tomó fácilmente la ciudad de Damietta, en la boca de una de las ramas del Río Nilo. Luis y la Reina, acompañado por sus nobles y prelados, entraron a la ciudad cantando el Te Deum , dando la orden de que cualquier acto de violencia realizado por la soldadesca fuera castigado severamente, permitiendo además a los vencidos que si querían abrazar la fe cristiana, fueran instruidos en ella y consecuentemente bautizarse. El desbordamiento del Nilo y el calor extremo, hicieron que sus fuerzas no pudieran seguir avanzando por el lado opuesto del río, en Manourah. Las filas de los cruzados fueron diezmadas más por las enfermedades que por los combates. En abril de 1250, el propio rey fue hecho prisionero, y su ejército derrotado. Estaba extremadamente debilitado por la disentería.

Durante su cautiverio, el rey recitaba a diario el Oficio Divino, en unión a dos capellanes y hacía que las oraciones de la misa les fueran recitadas. Hacía frente a los insultos que le prodigaban sus vencedores con la majestad de un verdadero rey. Se entablaron negociaciones para su rescate, pero en el ínterin de ellas el Sultán fue asesinado por sus Emires. El Rey y sus camaradas de prisión fueron liberados, pero los heridos y prisioneros que quedaban en Damietta, fueron ejecutados. Con el resto de su ejército se embarcó en Siria, quedando hasta 1254, para fortificar las ciudades de Acre, Jaffa y Césárea que aún estaban en manos cristianas.
 
Hacia 1257, se echaron los cimientos, del famoso Colegio de Teología, que sería ulteriormente conocido como La Sorbona de París. Fue su director Maese Roberto de Sorbon. Fue esta quizá la más famosa Escuela Teológica de Europa. El método feudal de dirimir las querellas mediante combates fue trocado por el arbitraje pacífico y debido a su pasión por la justicia, cambió la “Corte del Rey” de sus antepasados, por un tribunal popular en el que oía las quejas de sus súbditos impartiendo justicia sabiamente.
 
En 1258 acordó la Paz de París con su enemigo el Rey Enrique III de Inglaterra, y aunque victorioso en la mayoría de las batalla cedió voluntariamente a Inglaterra, las provincias de Limousin, Quero y Perigord, mientras Inglaterra resignaba sus pretensiones sobre Normandía, Anjou, Maine, Turena y Poitou. Lamentablemente la paz no fue duradera, pues sobrevendría luego la guerra de los cien años. Luis anunció hacia 1267, otra cruzada hacia Túnez. Se embarcó en 1270. La Cruzada fue un fracaso rotundo. Por aquel entonces el segundo hijo de Luis que naciera en Damietta, murió de disentería. Aquel mismo día el Rey y su primogénito Felipe, contrajeron la enfermedad. Luis no se restableció y como a las tres de la tarde murmuró: “En tus manos encomiendo mi espíritu”, a continuación de estas palabras exhaló su último suspiro. Debido a sus obras pías y fundaciones notables, 25 años después de su muerte fue iniciado su proceso de canonización. Se convirtió en Santo de la Iglesia en 1297, veintisiete años después de su muerte. Dejó a su hijo Felipe un notable testamento, para que siguiera todas las enseñanzas de él recibidas. Se dice que lo hizo de su puño y letra.

SAN LUIS GONZAGA-n. en 1568 en Castiglione Delle Stiviere-Lombardía-Roma. m. 21 de junio de 1591. Jesuita italiano beatificado por Paulo V, el 19 de octubre de 1605 y canonizado el 13 de diciembre de 1726. Benedicto XIII lo declaró Patrono de la Juventud. Fue el primogénito del Marqués de Castiglione. Su madre fue Marta Tana de Santea. Sus padres se desposaron en la Capilla del Real Alcázar de Madrid.

 
Por Ricardo Federico Mena
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Currículum abreviado del Dr. Federico Mena El Dr. Mena- Martínez Castro es odontólogo y ha escrito dentro de su profesión diversos trabajos de investigación clínica, como asimismo acerca de variadas materias: Historia, Genealogía, Poesía, Novela, Teatro y Cuento. Pertenece a distintas instituciones académicas de la región y de Buenos Aires, entre ellas es Miembro de Número del Centro de Estudios Históricos y Genealógicos “Gens Nostra” (Centro de Estudio Hispanoamericanos) con sede en Buenos Aires, Miembro correspondiente del Centro de Estudios Genealógicos de Tucumán, Miembro Fundador y de Número del Centro de Investigaciones Genealógicas de Salta, Miembro Correspondiente del Instituto San Felipe y Santiago de Estudios Históricos, Miembro de los Institutos Güemesiano, Belgraniano y Sanmartiniano de Salta, etc. Es autor de importantes trabajos dentro del cancionero popular, dos veces ganador en el Concurso Nacional de la Zamba ( zambas destacadas). Ha recibido numerosos premios provinciales y nacionales en su quehacer, entre los que se encuentran, el Primer Premio de Novela en el año 2000. Ha recibido de la Provincia de Salta el Premio al Mérito Artístico, etc. Colabora con EL INTRANSIGENTE en su columna “Las Calles de Salta y sus Nombres”.


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