UNA INVESTIGACIÓN DEL DR. FEDERICO MENA

"Las Calles de Salta y sus nombres": Don Natalio Roldán: Tercera parte

El Intransigente comenzó este especial que enorgullece a los salteños. Cada semana una entrega para saber sobre aquellos que nos identifican

Pueblo de Iruya, zona de influencia de la Alta Cuenca del Bermejo
Lunes, 20/06/2011 | 11:23 hs


                    DON NATALIO ROLDÁN

EXPLORADOR Y CONQUISTADOR DEL RÍO BERMEJO
CALLE CÉNTRICA DE NUESTRA CIUDAD UBICADA EN EL COSTADO NORTE DEL SHOPPING-PERPENDICULAR CON AVDA. VIRREY TOLEDO Y URUGUAY


                      TERCERA PARTE






Cáscada Río Bermejo


Habíamos comentado en nuestra entrega anterior, acerca del viaje de los caciques a Buenos Aires -pueblo grande, al decir de ellos- Primero fueron dos los que aceptaron la invitación de Roldán, pero finalmente fueron cinco, lo cual demostró la confianza que don Natalio había conseguido trasmitir.

Luego de vestirlos adecuadamente, fueron recibidos por el Presidente Sarmiento, por el Ministro del Interior Dr. Vélez Sárfield y don Francisco P. Molina, Presidente de la Compañía de Navegación a Vapor del Río Bermejo. Roldán había tratado de hacer comprender a los indios que, por el solo hecho de haber nacido en el lugar en que lo hicieron, eran de nacionalidad argentina. Sarmiento convalidó la idea de llevar hasta 25 de estos hombres como una manera real y efectiva de conquistarlos. Para tal efecto dispuso que la Comisaría de Guerra, proveyera en cantidad, víveres, calzado y ropa para que llevaran a sus familiares. El Presidente Sarmiento, prometió declarar a la Compañía de Navegación del Bermejo, benefactora de la patria. Fueron numerosos los regalos que el gobierno nacional, a través de sus funcionarios, hicieron a los navegantes de este río y, para completar la lista, Roldán al pasar por Humaitá, cargó cinco fardos de tabaco, antes de entrar a las caudalosas aguas del Bermejo.

El punto de encuentro previamente concertado con los caciques, se encontraba atestado de gentes pertenecientes a las parcialidades de los caciques, y en el paroxismo de la alegría y exultantes de un orgullo que podía tocarse, acompañados siempre por las estridentes pitadas del barco, saludaban desde cubierta, a la espera que el vapor anclara en las orillas. No bien lo hiciera, cada uno de los caciques ataviados con seis ponchos cada uno, procedieron en simbólico gesto, a sacarlos uno por uno y distribuirlos entre sus seguidores. El reparto de la ropa se hizo equitativamente, de acuerdo a las necesidades y el número de hijos que cada familia tenía.

Un día mientras navegaba tranquilamente, un asesino silencioso acechaba escondido bajo la superficie bermeja de las aguas; era un tronco de palo santo, que vino a dar de lleno en la quilla del último vapor con que contaba la compañía, dejando entrar a raudales el agua, por un canal abierto bajo la línea de flotación. Los dos marineros ingleses, pensando que las calderas explotarían, saltaron al agua; sólo quedaron los dos indios matacos tratando de apagarla, cumpliendo con su deber, tal cual les había enseñado el Shilata Natalio. En los botes con que contaba la nave, descendieron Genara, algunos pasajeros, los marineros, y por último, como corresponde a la tradición, el Capitán y su segundo, es decir Roldán y Barbosa.

La desazón, el desconcierto y la pena insoslayable, emergían con violencia, mientras también lo hacía el último vapor de la Compañía, el Orán con su proa señalando el cielo. Era ésta, la última esperanza de conquistar el río que tantas batallas había dado. Los náufragos, sacaron del barco, todas las vituallas que podían servirles de abastecimiento, inmersos como estaban, a merced de las inclemencias del tiempo, de los carniceros y de la desolación.

Se hundía junto al barco, el esfuerzo titánico de más de tres lustros de combates contra las adversidades del río, pues jamás volverían a escucharse las pitadas estridentes del barco que, como clarinadas de triunfo, esparcían su alegría sobre el verdor de la selva.

La lucha había sido llena de penurias, esfuerzos denodados, a la intemperie, bajo carpas a veces improvisadas, en permanente riesgo de enfermedades, fieras salvajes, alimañas y también expuestos a la ira de los aborígenes.

A pesar que Roldán conocía el río palmo a palmo, las crecientes no sólo cambiaban el curso de su cauce principal, sino que movían de su lugar a los asesinos silenciosos, los troncos sumergidos que conspiraban siempre contra la navegación, de manera que cada viaje era una aventura nueva, un desafío permanente, en el que el río era siempre el vencedor.

Genara, su mujer, estaba como siempre a su lado, compartiendo angustias y frustraciones, sin temor a los indios, a las inclemencias ni a las extremas incomodidades.

La Revista Todo es Historia, reproduce una carta del entonces Comandante Samuel Uriburu, dirigida a la esposa del mítico Roldán, doña Genara Ñañez:

“A la Sra. Genara N. de Roldán:

Cuando alguna vez se escriba con imparcialidad y patriotismo, la historia de las grandes cruzadas civilizadoras de Natalio Roldán, navegando el Bermejo, y estudiando el desierto del norte de la República, se ha de destacar espléndida, para eterno reproche de las mujeres de poco corazón, la figura de usted, esposa y novia, que con abnegación espartana supo, animada por el amor, vencer el desierto   y soportar su intemperies  y peligros.

Rivadavia,   agosto 5 de 1884-márgenes del Río Bermejo”



Al segundo día del naufragio, y a pesar de los esfuerzos realizados por los indios, las bodegas del barco se llenaron de arena, convirtiéndolo en un inmenso peso muerto. El Shilata Natalio, desde la orilla, contemplaba la escena acongojada, escuchando el monótono golpeteo del agua en su camino al mar. Contemplaba cómo se hundía su última esperanza de dominar el río. Primero había sido su barco más querido, el “Gobernador Leguizamón”, luego el “Congreso Argentino”, seguido del “General Viamonte”. El “Orán” era el último en perder la batalla. La noticia se esparció a lo largo del río, trasmitida por los indios, hasta llegar a General Victoria, donde el Gobernador Juan Solá preparaba una expedición para llegar hasta Formosa. Corría el año 1881 y, al enterarse de inmediato preparó la tropa, para salir en su rescate. Los indios expresaron con su actitud una entrañable lealtad hacia su patrón Natalio y su mujer Yanasa (señora). Esta actitud demostró a las autoridades, que tan importante como la canalización y navegación del Bermejo, fue la experiencia de que millares de indios salvajes, podían incorporarse a la civilización en los confines de la patria.

Luego de 170 días sin recibir auxilios, Roldán emprendió a pie, la marcha hacia Rivadavia, penosa para las mujeres y expuestos a la selva impenetrable, a las alimañas y a las fieras salvaje. Lo ayudaron, no los blancos sino una multitud de indios que se abrían paso a machete y hacha, consiguiéndoles alimentos y agua. Esta demostración de fidelidades no tiene antecedentes en la historia, donde la voluntad y la bonhomía de un solo hombre habían conquistado sus almas, cuando hasta las armas, la Cruz y los doctrineros, habían fracasado.

Estando Natalio Roldán en el Chaco, una comisión presidida por el diputado provincial por Salta, M. Frías, el luego General Napoleón Uriburu, como asimismo vecinos caracterizados, le hicieron conocer una ley de la provincia, por la cual se le concedían 100 leguas de campo, sobre el río, en remuneración de sus servicios. Luego de algunas alternativas se le concedió en justicia la escrituración de las tierras, el 13 de marzo de 1890. La escrituración de las mencionadas tierras se hizo a favor de los hermanos Roldán, que habían invertido toda su fortuna en la empresa.

La propiedad de estas tierras tuvo un epílogo truculento, por razones económicas, lo que motivara la publicación de un “Memorándum” dirigido al Dr. Benito Villanueva. En síntesis, estas tierras, las cien leguas sobre el Bermejo, pasaron a poder del mencionado doctor Benito Villanueva, esgrimiendo maniobras legales de dudosa factura. Don Natalio Roldán, luego de intentar diversas defensas de la mano de sus abogados Leandro N. Alem y Aristóbulo del Valle, que murieron antes de concluir el litigio, se vio obligado ya sin defensas, a enviar el mencionado “Memorándum” al Dr.Villanueva. En la parte final donde rezuma su amargura dice:

“Es bueno que sepa el Dr. Villanueva, que yo gané ese premio de las 100 leguas, sin pagar coimas, sin padrinos, ni influencias, como es el signo característico de la época. Ese premio, lo gané con la acción de mis brazos, y me fue discernido con honor. Remuneración de patrióticos sacrificios, como consta en páginas anteriores y en la ley que me premió, como figura en la escritura, hoy en su poder”


El campo pasó luego a manos de la empresa Bunge y Born, desconociendo el autor de esta nota, sus actuales propietarios.
 
La Provincia de Salta, y la Nación toda, están en deuda con este Superhombre. Están aún a tiempo, a pesar del tiempo transcurrido, de rescatar para la memoria colectiva, las alternativas de tan grandiosa epopeya. Don Natalio Roldán, era tío del famoso orador y poeta, don Belisario Roldán.




                                        

                                             Dr. Benito Villanueva





Dr. Ricardo Federico Mena
Para


Currículum abreviado del Dr. Federico Mena

El Dr. Mena- Martínez Castro es odontólogo y ha escrito dentro de su profesión diversos trabajos de investigación clínica, como asimismo acerca de variadas materias: Historia, Genealogía, Poesía, Novela, Teatro y Cuento. Pertenece a distintas instituciones académicas de la región y de Buenos Aires, entre ellas es Miembro de Número del Centro de Estudios Históricos y Genealógicos “Gens Nostra” (Centro de Estudio Hispanoamericanos) con sede en Buenos Aires, Miembro correspondiente del Centro de Estudios Genealógicos de Tucumán, Miembro Fundador y de Número del Centro de Investigaciones Genealógicas de Salta, Miembro Correspondiente del Instituto San Felipe y Santiago de Estudios Históricos, Miembro de los Institutos Güemesiano, Belgraniano y Sanmartiniano de Salta, etc. Es autor de importantes trabajos dentro del cancionero popular, dos veces ganador en el Concurso Nacional de la Zamba ( zambas destacadas). Ha recibido numerosos premios provinciales y nacionales en su quehacer, entre los que se encuentran, el Primer Premio de Novela en el año 2000. Ha recibido de la Provincia de Salta el Premio al Mérito Artístico, etc. Colabora con EL INTRANSIGENTE en su columna “Las Calles de Salta y sus Nombres”.





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