POR ROSARIO TORINO SOLÁ

Los pueblos de Salta: Alemanía

El Intransigente comenzó este especial que enorgullece a los salteños. Cada semana una entrega para saber sobre los pueblos de Salta.

Lunes, 27/06/2011 | 19:40 hs


       Alemanía, donde todo empezó con un ferrocarril


Es una pena para el viajero que se dirige a Cafayate, no detenerse en el camino a conocer el poblado de Alemanía. A 99 kilómetros , al sur de la provincia se encuentra, a 175 metros sobre el nivel del mar, este pintoresco paraje que tuvo su época de gloria entre los años 1916 y 1920, cuando llegó el ferrocarril.

Por la ruta 68, en la puerta de entrada a la atractiva Quebrada del río Las Conchas, se halla la localidad de Alemanía. Este lugar es muy pequeño y simple, con unas pocas y antiguas casonas que están envueltas en inmensos cerros verdes que le dan un aspecto de película, ideal para descansar a orillas del río y hacer un asado o simplemente relajarse ahí a tomar unos mates.

Desde que su antiguo ferrocarril dejo de funcionar, el pueblo quedo como quieto, como estancado en el tiempo; hoy en el viejo edificio se instalan numerosas artesanos del valle que ofrecen sus obras de arcilla, madera o alpaca.
 
Uno de los principales atractivos del lugar, que frecuentemente es visitado por miles de personas es la Cascada de Alemanía. Solo se puede llegar a este impactante fenómeno natural a pie, partiendo del pueblo y bordeando el río. De esta manera uno puede deleitarse con esta maravillosa cascada y vivir un día de pura aventura en el agua. Durante la travesía es posible observar un rica comunidad vegetal del monte: cactáceas, algarrobos, brea, etcétera. Y, a medida que se avanza el río comienza a encajonarse paulatinamente hasta que se llega a la cascada que tiene unos 15 metros de altura. La misma vierte sus aguas en una preciosa y clara laguna.



Para no tener problemas e imprevistos en el trayecto, es recomendable contar con zapatos cómodas, preferentemente de trekking, ropa apta para caminar, mucha agua para poder beber, repelente para insectos y abrigo. El trayecto dura 6 horas aproximadamente, por eso lo ideal es ir bien prevenido y así evitar incomodidades.

Debido a la limitada infraestructura de Alemanía, el pueblo solo cuenta con un solo camping para el alojamiento, pero no deja de ser una gran opción para quienes aman la aventura y la naturaleza. Este lugar es ideal para recorrer a pie y cruzar por los viejos puentes ferroviarios que lo atraviesan.

Con acento en la í, como pronuncian los salteños, la localidad de Alemanía aún conserva intactas sus historias de cuando pasaba el tren, de sus endemoniadas fiestas y de sus buscadores de oro. El lugar, que actualmente es habitado por no más de 10 familias, fue bautizado con el nombre del país europeo en honor a los obreros alemanes que dejaron su aliento en la construcción de un ramal que uniera la capital de la provincia con los Valles Calchaquíes.

En Cerrillos nacen dos ramales, uno es mundialmente famoso: El Tren a las Nubes, el otro, no tan famoso, pero más importante y antiguo es el C-13. La construcción de este surgió por la necesidad de unir a Salta con la red principal de trocha métrica construida por el Estado y se logró en 1892. Un tiempo después se quiso prolongar esta vía a través del fértil Valle de Lerma, lo que significó un importante beneficio para la población local y la producción agrícola ganadera.

Así, la intención era conectar al Valle de Lerma con los Valles Calchaquíes. Hacia allí se dirigió entonces el esfuerzo del Ferrocarril. Fue en ese momento que se estableció que su cabecera sería el pequeño poblado de Alemanía; a partir de la cual se podía llegar hasta Cafayate, donde comenzaban a instalarse los primeros viñedos de uva torrontesa. Entre los años de 1916 y 1920, Alemanía vivió un esplendor pocas veces visto en un pueblo de montaña.

La construcción del ramal que la unía con Salta, y de todos los otros ramales que pronto vendrían y unirían el norte argentino con distintos puntos del trasandino país de Chile, hizo que muchas personas se instalasen en Alemanía. Se dice que las expectativas eran tales que el pueblo se había convertido en un verdadero far west (lejano oeste), donde los contratistas y subcontratistas se hacían millonarios cada vez que firmaban un contrato para extender las líneas férreas.

Fue tal la locura y la diversión de aquellos años, que diversos buscadores de oro y plata que se encontraban en Bolivia y el Alto Perú comenzaron a llegar hasta el lugar para dedicarse enteramente al ferrocarril, el nuevo color que había tomado el oro en estas latitudes. En esta popular zona era más fácil conseguir vino que agua potable.



Pero el esplendor de Alemanía llegó a su fin cuando se desató la Primera Guerra Mundial y se paralizaron las obras. Allí comenzó el ocaso. Los contratos para extender el tren fueron anulados y las expectativas y grandes inversiones comenzaron a buscar otros destinos. Ya en 1920 se retomó la actividad ferroviaria, pero esto no benefició a Alemanía y nunca se llegó a concluir la proyectada línea a los valles Calchaquíes. El lugar pasó al olvido y quedó abandonado y a pesar que hoy es como un pueblo fantasma, muchos turistas lo visitan y caminan por sus calles, su vieja estación y sus casas desoladas.

Hoy, a pesar de que la línea férrea se encuentra dañada por las crecientes de los ríos que la rodean, hay quienes dicen oír todavía las vibraciones de los rieles y el bullicio popular que ocasionaba por esos años la llegada del tren. Y es que aún existen lugares donde es posible creer en fantasmas.

Por Rosario Torino Solá
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