El Intransigente comenzó este especial que enorgullece a los salteños. Cada semana una entrega para saber sobre aquellos que nos identifican
DON NATALIO ROLDÁN
EXPLORADOR Y CONQUITADOR DEL RÍO BERMEJO CALLE CÉNTRICA DE NUESTRA CIUDAD, UBICADA EN EL COSTADO NORTE DEL SHOPPING-PERPENDICULAR CON AVDA. VIRREY TOLEDO Y URUGUAY
SEGUNDA PARTE

Colanzulí –Iruya- Zona de influencia de la Alta Cuenca del Bermejo
En nuestra primera parte, habíamos expuesto parte de la titánica empresa realizada por don Natalio Roldán. El Ingeniero Luis A. Huergo, Presidente del Instituto Geográfico Argentino, en la fiesta de gala en homenaje a nuestro biografiado Natalio Roldán el 15 de mayo de 1886, citado por don José del Nieto, en un enjundioso trabajo publicado por la Revista Todo es Historia, dice textualmente: “Cuando se habla del Bermejo, en la mente resuena el nombre de Roldán como una impresión instantánea .(…) luchador fanatizado por la aspiración de anunciar a la nación, que el río que cruza el Chaco, se abre al tránsito de las naves, cambiando la faz del norte de la República y el sur de la lejana Bolivia , en busca del mar, como las plantas prisioneras, buscan la luz , que les da calor y vida”.
La idea primigenia de Natalio Roldán y de Guillermo Matti, fue la de fundar la compañía de navegación a la que hicimos referencia anteriormente. Recién terminaba la Guerra de la Triple Alianza, cuando fuera designado como lo habíamos ya expresado el Ingeniero Thomas Page, llamado siempre por Roldán, con el apelativo de “Comodoro”.
Luego de completada la primera parte de los trabajos, llegaron de regreso a Buenos Aires, el 22 de febrero de 1872, o sea casi exactamente un año desde que se iniciara su partida. Este viaje permitió demostrar la viabilidad de la empresa, pero asimismo, se pusieron en evidencia, las serias divergencias entre Roldán y el Ingeniero Page. El primero de los nombrados, planteó al Directorio de la Empresa, la falta de carácter del segundo de los nombrados, y asumió, luego de separarlo de sus funciones, la responsabilidad total de la dirección de la obra. Al cumplirse la primera etapa del emprendimiento, con mano de obra exclusivamente indígena , “se movieron más de seis millones de metros cúbicos de tierra y arena , voltearon centenares de árboles , se trazaron cuatro grandes canales , con una longitud de 19 kilómetros , por cien metros de ancho y cuatro de profundidad. Levantaron seis diques de unos mil metros por 18 de espesor y cinco de altura. Volaron con dinamita, cinco saltos y los nivelaron. Cegaron muchísimos escapes que debilitaban el canal principal; construyeron murallones de la misma altura que las barrancas”. Una inmensa creciente volcó el cauce sobre el brazo norte y se demostró que el Teuco era en realidad el más apto para continuar los trabajos, a pesar de haber perdido lo hecho sobre el Bermejo. Lo que el Ingeniero Page había calificado como un inmenso estero, pasó a convertirse en un peligroso río, con un canal y curso más estable.
Habíamos consignado que, el vapor “Gobernador Leguizamón”,- en homenaje al Gobernador don Delfín Leguizamón- el día 5 de mayo de 1872, entra en el Bermejo, y llega a “Tigre Colorado”. El vapor allí se queda, y Roldán continúa su exploración hasta cerca de Orán. Al poco tiempo logran incrementar el capital, y envían a don Francisco R. Sosa a Inglaterra y Estados Unidos, con la misión de adquirir más barcos. Consideraron ya como un hecho incontrastable que la navegación era una brillante realidad. El vapor “Leguizamón” artillado con dos cañones, llevaba diversas mercaderías a Rivadavia y regresaba cargado de plumas, cueros, maderas, pasajeros, donde las pitadas estridentes del vapor, expresaban el contento y el triunfo de Roldán sobre la adversidad del los acontecimientos vividos. Existe una carta de Natalio Roldán dirigida al Comandante don Manuel Segundo Usandivaras, donde le solicita urgentemente víveres, debido a que roturas de hélices demoraron el viaje. Dice en otra parte “… Grandiosos son los resultados que tiene que alcanzar la navegación del Bermejo. Pero inmensos son también los sacrificios de toda especie y sinsabores que me cuesta” El Comandante Napoleón Uriburu, luego General, partió de Rivadavia. Los diarios del momento, comenzaron a esparcir la noticia a grandes titulares. El vapor Leguizamón no parará decían, hasta tocar la rada de Rivadavia, comandado por el Capitán Natalio Roldán. Era su quinto viaje. Pero el río, salvaje como siempre lo fuera, negaba su rendición, y poco tiempo después hundía irremisiblemente al orgullo de la flota: El mencionado “vapor Leguizamón”.
Este barco fue luego reemplazado por los vapores Gral. Viamonte, Orán y Congreso Argentino, adquiridos en los estados Unidos de Norteamérica, por don Francisco R. Sosa, enviado al país del norte a ese solo efecto, como ya lo enunciáramos anteriormente.
Ocurrió en el segundo viaje del Orán, que estando próximo a la orilla para cargar leña, y al estar esta ya cargada, apareció súbitamente la indiada, entre gritos infernales y gran estruendo, pretendiendo cobrar la carga, al grito de “Tierra nuestra, leña nuestra”. Las flechas volaban nublando el escenario, y una de ellas fue a clavarse certeramente en la mano de don Natalio Roldán, que en ese momento tomaba fuertemente el guinche, mientras caían heridos dos marineros de la tripulación. El lugar se denominaba “La Cangayé”. Las flechas continuaban volando al compás de la gritería de la indiada que se alargaba sobre ambas márgenes del río. Roldán jamás pensó en pagar la leña, pues interpretó que sería un mal precedente para el futuro de los viajes. Ordenó en consecuencia soltar amarras y proseguir el viaje, pues las calderas se encontraban con suficiente presión para hacerlo. Los indios no se amilanaron, y tomándose de la cadena, golpearon a los marineros que la sostenían, quienes debieron saltar de inmediato al agua y ganar a nado el barco para salvar sus vidas. Los marineros restantes se encontraban parapetados sobre la cubierta, con las armas dispuestas a ser utilizadas; estaban asimismo cargadas las dos piezas de artillería, esperando escuchar la orden de fuego. Roldán envuelto en una extrema palidez, se arrancó la flecha sujeta al guinche, y metiendo la mano ensangrentada en el bolsillo, alzó la voz por sobre los alaridos diciendo: “¡Listos para hacer fuego!”. Ordenó entonces efectuar la descarga de fusilería y cañones a un metro de elevación sobre los indios. Los marineros no podían creer lo que estaban escuchando, pues estaba en juego nada menos que sus vidas. Confiados en el juicio de su jefe, le obedecieron y, al grito de ¡Fuego! Guillermo Aráoz, el hábil artillero de la nave, lanzó la primera andanada retumbando ensordecedora sobre las encrespadas aguas del río. Luego de esto, hubo un silencio expectante y lleno de dudas. Los indios no sabían qué hacer cuando sonó la segunda descarga, e inmóviles y desconcertados, algunos de ellos tendidos sobre la tierra en actitud de muertos, pronto se incorporaron huyendo despavoridos de la escena. Este momento fue aprovechado por Natalio Roldán, para desatar la cadena, subir dos prisioneros y proseguir la marcha aguas arriba.
Genara Núñez, su mujer, que se encontraba junto a él, curó y vendó su herida, sin decir palabra, pero con toda la angustia del mundo reflejada en su expresión. Roldán valientemente sujetó su dolor, para no aumentar el sufrimiento de su compañera; luego de esto, salió a cubierta con la mano vendada, mientras Barbosa, su segundo, preparaba los aparejos junto al palo mayor, descontando la segura ejecución de los prisioneros. Nada de aquello ocurrió, pues Roldán juzgaba que esos seres no hacían nada más que defender lo propio. El hombre blanco siempre les había despojado, por lo tanto no se podía esperar otra actitud que la enunciada. Los dos prisioneros fueron preguntados por Barbosa, quién los comandaba, y uno de ellos respondió: “Tigreri”, mientras el otro dijo “Mulato”. Prometió Roldán en aquella oportunidad, colmarlos de regalos cada vez que el barco se estacionara en busca de leña. El vapor continuó entonces su viaje hasta la rada de Rivadavia. Los caciques Tigreri, Mulato, y ulteriormente “Llema” fueron conquistados por la confianza y el buen trato de don Natalio. Se los había ganado en buena ley y, hasta pudo llevarlos hasta la ciudad de Buenos Aires. El cariño y buen trato que recibieron hizo que los indios de todas las tribus de la región le llamaran “Shilata Natalio”, que traducido significaba: “Querido Natalio”.
La historia de este esfuerzo, realizado bajo el comando de un solo hombre, merece ser contada, para ejemplo de quienes debieron continuar la obra, después de tantos años de esperanzas frustradas. El desarrollo de esta conquista y su culminación, será expuesto en una tercera entrega.
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Natalio Roldán
Dr. Ricardo Federico Mena
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Currículum abreviado del Dr. Federico Mena
El Dr. Mena- Martínez Castro es odontólogo y ha escrito dentro de su profesión diversos trabajos de investigación clínica, como asimismo acerca de variadas materias: Historia, Genealogía, Poesía, Novela, Teatro y Cuento. Pertenece a distintas instituciones académicas de la región y de Buenos Aires,
entre ellas es Miembro de Número del Centro de Estudios Históricos y Genealógicos “Gens Nostra” (Centro de Estudio Hispanoamericanos) con sede en Buenos Aires, Miembro correspondiente del Centro de Estudios Genealógicos de Tucumán, Miembro Fundador y de Número del Centro de Investigaciones Genealógicas de Salta, Miembro Correspondiente del Instituto San Felipe y Santiago de Estudios Históricos, Miembro de los Institutos Güemesiano, Belgraniano y Sanmartiniano de Salta, etc. Es autor de importantes trabajos dentro del cancionero popular, dos veces ganador en el Concurso Nacional de la Zamba ( zambas destacadas). Ha recibido numerosos premios provinciales y nacionales en su quehacer, entre los que se encuentran, el Primer Premio de Novela en el año 2000. Ha recibido de la Provincia de Salta el Premio al Mérito Artístico, etc. Colabora con
EL INTRANSIGENTE en su columna
“Las Calles de Salta y sus Nombres”.