¿Qué estará en juego en la elección de hoy? Todo y nada. Las elecciones de hoy se abrirán, por lo visto, a dos escenarios alternativos.
¿Qé estará en juego en la elección de hoy? Todo y nada. Todo , porque a partir del largo escrutinio que nos espera esta noche se afianzarán o se disiparán miles de ambiciones políticas con miras a la jornada decisiva del 23 de octubre, cuando el país termine de decidir la suerte de la presidencia y el destino del Congreso. A esta larga lista de cuestiones por resolver se agregará la definición de innumerables posiciones locales en la provincia de Buenos Aires, que, porque no desdobló sus votos entre la instancia nacional y las instancias locales como hicieron la mayoría de las provincias, no sólo complicará el recuento en las mesas bonaerenses, sino que conllevará, además, el riesgo de que se anule una cantidad considerable de sufragios por la perplejidad que hoy asaltará a millones de votantes. Pero también nada , porque lo que decidan hoy los ciudadanos será ad referéndum de la elección definitiva que ocurrirá de aquí a dos meses y diez días, una elección que no necesariamente confirmará las cifras de hoy, ya que un número importante de electores podría revisar su actitud a partir de mañana, según los afecte la campaña electoral que seguirá a todo tren en las semanas que vendrán.
¿Hay alguna manera de simplificar lo que está en juego? Dos miradas podrían ayudarnos en este sentido. La primera, la advertencia de que, en los hechos, la de hoy será una primera vuelta de la decisión definitiva del 23 de octubre, convertida de este modo en una segunda vuelta en la que todo quedará resuelto a menos que, de no surgir de ella una decisión definitiva acerca del destino de la presidencia, haya que esperar todavía una suerte de tercera vuelta el 20 de noviembre, cuando los argentinos deberían resolver, en tal caso, quién, si Cristina Kirchner o el principal de sus opositores, quedará a cargo del país.
Esta simplificación de las alternativas electorales que se nos presentarán entre agosto y noviembre podría reducirse aún más a través de una segunda advertencia: que lo que se pone en marcha a partir de hoy es nada menos que un plebiscito sobre la continuidad o la discontinuidad de Cristina Kirchner al frente de la Nación. Si, por otra parte, nos pusiéramos estrictos, ¿es verdad que Cristina pretende ahora sólo su segundo mandato consecutivo , algo admisible según la reforma constititucional de 1994, y no un tercer mandato consecutivo , que está prohibido por el espíritu de 1994, ya que el mandato que inició en 2007 no hizo otra cosa que repetir hasta el mínimo detalle el período que inauguró su marido en 2003? Esta valedera objeción constitucional, empero, en los hechos no se ha producido, de modo tal que Cristina puede intentar ahora el simulacro de un segundo período presidencial y no la realidad de un tercero, porque nadie la ha objetado.
"CIFRAS MÁGICAS"
Hechas estas salvedades, ¿cuál es el porcentaje de los votos que debería obtener Cristina hoy para que pudiera decirse, aunque no que "ya ganó", al menos que "está ganando"? Si del escrutinio de esta noche surgiera que la Presidenta logró el 45 por ciento de los votos, también podría admitirse que está ganando porque, según la ley, este porcentaje, de repetirse en octubre, le permitiría triunfar en la primera vuelta. Esta sería su primera cifra mágica . Si lograra entre el 40 y el 45 por ciento, ésta podría ser su segunda cifra mágica en el caso de que, por quedar el segundo candidato a más de 10 puntos de ella, también sería elegida en la primera vuelta.
La tercera cifra mágica ya no corresponderá a la Presidenta, sino a sus opositores, y consistirá en saber si alguno de ellos alcanzará una luz de cuatro o cinco puntos sobre los demás, de modo tal que pudiera aspirar a una polarización de votos en su favor con miras a llevar a la Presidenta a una segunda vuelta el 23 de octubre. Esta otra cifra mágica se volvería más difícil para que todos los candidatos postergados o sus votantes le concedieran al vencedor relativo entre ellos el beneficio de la polarización, si ninguno de ellos se distanciara suficientemente de los demás.
Las elecciones de hoy se abrirán, por lo visto, a dos escenarios alternativos. Uno, hacia la victoria probable de Cristina, si obtiene el 45 por ciento del total, o entre el 40 y el 45 por ciento sin un opositor desafiante a la vista. El otro, hacia un ballottage en octubre, si surge hoy un opositor capaz de obligar a Cristina en dirección de una "segunda vuelta anunciada" de aquí a setenta días. Surgen, aquí, dos factores principales. El primero, el impacto psicológico que resultará, sea de una victoria provisional de Cristina, sea de su derrota eventual. Este dilema es legítimo porque, habida cuenta de que el cristinismo se ha movido hasta ahora en un clima triunfalista y en medio de la saturación propagandística que lo ha acompañado, el shock de las cifras de hoy acelerará ya sea el triunfalismo oficial o, a la inversa, un derrotismo oficial hasta ahora no computado.
La respuesta a estos dilemas desembocará en un interrogante final: ¿hasta qué punto el anticristinismo , el deseo profundo de que termine de una vez el ciclo de los Kirchner, gravitará en el cuarto oscuro entre los votantes? En los comicios de Santa Fe, Capital y Córdoba, un número decisivo de votantes escogió la opción más antagónica al continuismo cristinista. ¿Podría repetirse esta actitud, hoy, en la provincia Buenos Aires y en el resto del país?
A PARTIR DE SCIOLI
Un capítulo aparte merece la competencia entre Daniel Scioli y Francisco de Narváez por la gobernación de Buenos Aires. Quizá movida por el triunfalismo que hasta hoy la acompañó, la Presidenta se ha dado el lujo de "esmerilar" a Scioli, no sólo mediante la imposición de su propio candidato a vicegobernador, Gabriel Mariotto, y de sus incondicionales de La Cámpora, sino también al alentar las candidaturas a gobernador de Martín Sabbatella y Mario Ishii a costa del propio Scioli. Esta subelección que se realizará en Buenos Aires entre Cristina y Scioli resulta de dos motivaciones evidentes de la Presidenta: una, la convicción de que éste, aun así, prevalecerá sobre De Narváez; la otra, el deseo profundo de que Scioli no la aventaje a ella misma, como ya ocurrió en el pasado. ¿Ha sido ésta una maniobra demasiado arriesgada de Cristina? ¿Está De Narváez, por su parte, en condiciones de vencer otra vez al oficialismo como en 2009, cuando realizó la hazaña hasta ese momento impensable de derrotar a Néstor Kirchner?
En la provincia de Santa Fe se acaba de configurar un bipartidismo homogéneo porque el socialismo de Binner y el Pro de Macri-Del Sel, siendo uno de centroizquierda y el otro, de centroderecha, pero ambos democráticos, podrían anticipar en un futuro no distante una fórmula política nacional compatible con la democracia. Esta fórmula aún no se ha dado en la Capital, donde la centroderecha democrática de Pro y la izquierda autoritaria del kirchnerismo apenas configuran un bipartidismo heterogéneo , a la larga no sustentable en democracia. La centroizquierda democrática que debió albergar la Capital con "Pino" Solanas para lograr, también ella, un bipartidismo democrático homogéneo no se dio, pero podría darse en el futuro, a menos que acierten los encuestadores oficialistas cuando anuncian que una proporción importante de los votos macristas podrían inclinarse, finalmente, por Cristina. La elección de hoy disipará ésta y otras conjeturas, limpiando el horizonte que todavía se interpone entre nosotros y la democracia plenamente desarrollada, que, después de casi treinta años de gobiernos constitucionales, todavía nos debemos.
Mariano Grondona
para La Nación