El Gobernador de Salta acaba de criticar el actual modelo educativo y propone una “reforma estructural”. Una oportunidad para cambiar la historia o comprobar que sólo es un discurso
Es verdad irrefutable que solamente con la educación será posible construir una nueva provincia, y todavía más, un nuevo país. El ejemplo más claro fue la decisión que tomó la Generación del 80 que recibió un país armado en los papeles pero al que todavía le faltaba mucho por hacer.
Ya tenían el Estado pero faltaba estructurar la Nación, o sea, había que darle identidad y eso fue posible con la Ley 1420 de 1884, con la que resolvieron varios problemas graves: la disímil conformación social producto de la llegada de los inmigrantes, el altísimo grado de analfabetismo que para 1869 era del 77.4% y que diez años más tarde de la sanción de la Ley 1420 había bajado a un 53,3%; (Salta tenía un 88,0% y y un 77,4%, respectivamente) [1], en fin, fue una condición esencial para hacer del país una República.
Ahora el Gobernador Juan Manuel Urtubey acaba de plantear la necesidad de una urgente "reforma estructural" en educación, "con un cambio de políticas y con recursos", para asegurar calidad y para que "en el país se comiencen a formar chicos para el siglo XXI, y no para los siglos XIX y XX como sucede ahora".
Disiento con el Señor Gobernador en que la escuela esté formando “chicos para el siglo XIX y el XX”, en realidad, la escuela no está formando chicos para ningún siglo, mucho menos para el actual o los venideros. La escuela es un pasatiempo donde los padres depositan a los hijos esperando que la maestra y la institución subsidiariamente los contengan en todos aquellos asuntos emocionales, familiares y sociales en los que ellos han fracasado.
El segundo fracaso es éste, salvo las honrosas excepciones, la docencia está cada vez peor preparada, mucho menos se le puede pedir que haga de agente social, psicólogo y cura párroco. Esto último lo decimos desde la una experiencia de más de una década dedicada a la capacitación docente en la cual se ha podido comprobar cómo la calidad formativa y cultural de los maestros es cada vez más deficiente y la culpa es del Estado que eso está formando.
La mayoría de los maestros, por ejemplo, desconoce qué ocurre en el país y en el mundo porque ni siquiera leen un diario y la capacitación se ha convertido en una colecta de certificados para lograr un puntaje que la Junta de Calificación maneja a discreción.
¿Qué hacer?
Nada es más sencillo y fácil que la crítica. El desafío es intentar aportar ideas para abrir un debate, porque este tema de la educación, si el Gobernador Urtubey quiere que sea serio y abra el camino de una transformación social no se puede dejar en las manos de un ministro, ni de legisladores que han demostrado no comprender mucho de esto… y tal vez tampoco de otras cosas. Hay que hacer participar a la sociedad toda, comenzando con los padres.
El sistema de las “Jornadas Pedagógicas” es una estupidez que termina convertida en un asueto para los alumnos y en una mañana de café para los docentes que en muchos casos aportan ideas muy interesantes, pero que en todos estos años no se han visto en la realidad.
La Sociedad Educadora
La idea ni siquiera es nueva. Ya en Europa se viene hablando de la Sociedad Educadora hace más de una década. Basta bucear en los trabajos de Concepción Naval o Alejandro Mayordomo, por nombrar sólo dos exponentes.
Hablar de una Sociedad Educadora es mucho más que decir buenas escuelas, computadoras, e incluso buenos sueldos. El concepto supera a la acción política porque implica lograr una sociedad consciente de lo que es realmente bueno para ella, y para lograr ese concepto primero hay que instalar un concepto medio de moral social y rescatar la memoria de su propio pasado pero integralmente y no una memoria (historia) seccionada como la que se enseña, mucho menos en cuanto hace a los años más recientes.
Sobre esta base moral y con una plena identificación con los valores comunes a todos (nótese que no decimos cuáles son los valores sino que debe establecerlos la comunidad a partir del debate, no sea que algún distraído piense en fascismos inexistentes) será desde donde se podrá partir hacia una reforma educativa plena y útil para los venideros.
Se trata de construir primero una identidad, cualquiera fuere, saber quiénes somos y qué queremos, sobre todo, para qué lo queremos. Si no hacemos esto primero, estaremos otra vez elaborando leyes de reforma que son pura letra y vaciadas de contenido espiritual.
Esto del contenido espiritual dice que también es necesario considerar la formación ética y moral del educando, porque no se puede construir un hombre desalmado –privado de alma, se entiende-; por lo que el costado religioso es importante. Al decir religioso, no postulamos ningún catolicismo decimonónico que ha demostrado su fracaso, esto es verdad; pero del que nadie podrá negar sus bases conceptuales esenciales para formar un hombre, ese compuesto de “cuerpo” y “alma”, como diría Aristóteles. El individuo privado de lo espiritual es un cadáver, y privado de lo corporal es un espíritu; pero en ningún caso es un hombre. Un concepto para pensar seguramente para algunos.
Hay una urgencia en comenzar a formar personas. La educación ha caído en un simple espolvoreo de nociones que el viento de la indiferencia se lleva a los pocos minutos. Se brinda información pero no hay formación; así es la sociedad que tenemos, cada vez más violenta e insensible.
Por lo tanto, el problema de la educación es un problema esencialmente ético que alcanza una dimensión política, y cuando decimos política, no referimos acción de gobierno únicamente sino abarcativa de la “polis” según dirían los griegos, esto es, de la ciudad toda. La educación nos compete a todos: primero los padres, luego los docentes y allí el Estado como garante del sistema.
En cuanto a los padres, tenemos hoy que por “padres” se entiende a quienes engendran más que a quienes instruyen y educan. Bien decía Platón que educar es “aquello que desde la infancia ejercita al hombre en la virtud y le inspira el vivo deseo de llegar a ser un ciudadano perfecto, que sepa gobernar y ser gobernado de acuerdo con la recta justicia”. “La educación debe formar al ciudadano”. [2]
Urtubey y el Mito de la Caverna
Supimos escribir bajo este mismo título un artículo (Ver
01/01/2009) donde ya decíamos que el Gobernador Urtubey tenía la posibilidad histórica de quedar en el bronce reformulando la Provincia de Salta para los próximos cien años si decidía tomar una decisión de profundo valor político rediseñando el sistema educativo y dando de una vez verdadera jerarquía a la carrera docente. Entonces no lo hizo y todo siguió igual, aunque la Ministro pueda mostrarnos planillas que digan lo contrario. Contestaremos parafraseando al General Perón que “la única verdad, es la realidad”. Y hace unas horas al posicionar al Ministro Maximiliano Troyano reivindicó al peronismo más auténtico, de modo que interpretará qué estamos diciendo.
Excedería explicar el Mito de la Caverna de Platón, para lo cual remitimos a nuestro artículo ya citado, pero sí, renovaremos lo entonces escrito sobre qué podría pasar si Urtubey emprende tal reforma; decíamos entonces que: “…los primeros en caer serían los dispersos cuasigremios porque inmediatamente perderían su razón de ser o sea posicionarse políticamente, ya no tendrían sentido. (…) sus cabezas comenzarían a tener precio entre el mismo magisterio, ¿quién va a discutir a un gobierno que se empeña en lo mejor para el sector? Los siguientes en caer serían los integrantes de la Junta de Calificación y Disciplina, porque habría que revalidar el sitio que ocupan, ya que a más calidad, mayor exigencia para evaluar, y a dejar los bizcochitos. ¿Cuántos quedarían en condiciones en las distintas áreas del Ministerio de Educación? Porque la excelencia como requisito reemplazaría necesariamente al “cargo político”, otros que también quedan sin bizcochitos. ¿Quién podría ser Supervisor/a?, deberían acreditar un verdadero “cursus honorum”. El listado sería más largo de enumerar, sin duda, pero en la rodada llegaríamos a los mismos docentes: calificación académica, presencia, más estudio porque hay que revalidar el cargo, capacitación obligatoria –eso sí, gratuita-, asistencia por lo menos a un congreso anual, presentación de una investigación también anual por lo menos, coloquios de cultura general, etc., Quedan por caer los alumnos, a estudiar en serio, presencia: varones cabello razonablemente corto y pollera hasta la rodilla (en el horario de clases es uniforme no minifalda), basta de recuperatorio del recuperatorio del recuperatorio, y si el angelito sacó promedio 5 se lo ponemos a 6 para retenerlo, examen completo no por partes, bueno, lo que todos conocemos y que todos hicimos y nadie falleció en un aula ni frente a un tribunal, por lo menos que tengamos noticias”. Siguiendo el hilo de Platón, Urtubey sería el que baja a echar luz y al primero que “matarían”. ¿Quién va querer dejar de hacer lo que hace aunque no sirva?
Un Congreso Pedagógico Salteño
Si bien hemos abusado del espacio, el tema apenas está pincelado. En síntesis, el Gobernador Urtubey tiene en sus manos esa posibilidad de fundar una nueva Salta con una verdadera reforma educativa, y nada sería mejor que una convocatoria general al estilo de lo que hicieron los radicales con esa magnífica idea que fue el Congreso Pedagógico Nacional, fracasado a causa de intereses sectoriales e ideológicos.
Pues qué mejor, que el Gobernador mande llamar a un Congreso Pedagógico Salteño, donde todos podamos ir a discutir lo que nos está pasando y aportar ideas para lograr un consenso realmente democrático sobre lo que queremos para nosotros y para nuestra descendencia.
Esto sería un verdadero ejemplo para el país y un “poroto” significativo en sus aspiraciones presidenciales.
Para Salta sería un legado que la historia reconocería y agradecería. Es simplemente una idea, criticable y perfectible sin duda. Pero un desafío para el Gobernador que ha lanzado al nivel nacional la idea de una reforma educativa, la que apoyaremos en la medida que no sea un discurso político más sino el resultado de una discusión plural, seria, comprometida y sobre todo democrática.-
Por Ernesto Bisceglia
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