UNA INVESTIGACIÓN DEL DR. FEDERICO MENA

Las Calles de Salta: General Enrique Mosconi (primera parte)

El Intransigente comenzó este especial que enorgullece a los salteños. Cada semana una entrega para saber sobre aquellos que nos identifican

  • lunes, 02/01/2012 | 10:32 hs
General Enrique Mosconi


                             GRAL. ENRIQUE MOSCONI
               DEFENSOR DE LA SOBERANÍA NACIONAL
            PLANO GUÍA MILENIUM 17 D 5-18 D 1- 19 A1
                                  PRIMERA PARTE


Parece una incongruencia que tan destacado argentino, sea un prócer olvidado en la actualidad. La palabra prócer le cabe en toda su amplitud, dado los importantísimos trabajos efectuados en Pro del desarrollo industrial y petrolífero del país. Este patriota cuyo nombre lleva un modesto pasaje en las proximidades de Villa San Antonio, cuya nomenclatura figura en el epígrafe. Se trata del General don Enrique Mosconi.

Este militar argentino nacido en el año 1877 y fallecido en 1940, alcanzó el grado de general de división, se graduó de ingeniero civil en la Universidad de Buenos Aires y de ingeniero militar en la academia Técnica de Prusia. Fue el promotor de la organización y explotación integral del petróleo en la Argentina.

En 1922 se le designó Director de Yacimientos Petrolíferos Fiscales, cargo que desempeñó durante ocho años. Promovió la construcción de la enorme Destilería de la Plata inaugurada en 1925, llevó a cabo la electrificación de Comodoro Rivadavia y promovió la creación de una flota de buques tanques. Publicó “El Petróleo Nacional” y “Dichos y Hechos”, donde detalla toda la cadena de hallazgo y producción del preciado oro negro.

La explotación minera en la América de la colonia estuvo signada por experiencias dolorosas, tales como la de los indios mitayos, que escarbaron dejando sus sangre y sus vidas en los socavones mineros, para la corona española, que recaudaba todo lo extraído. Recién en el año 1886 por Ley 1919 se aprobó el proyecto presentado por el Dr. Enrique Rodríguez, que establecía en su artículo 9º: “El estado no puede explotar ni disponer de las minas sino en los casos expresados en la presente ley”. Desconocimiento del codificador, pues hacían siete años que la “Standard Oil Trust” estaba ya operando y se encontraba en pleno apogeo la lucha por la concentración de empresas en los Estados Unidos, luchando por el predominio sobre las fuentes petrolíferas. Ocurrió que cuando salió el primer chorro en Comodoro Rivadavia, a la sorpresa y alegría de los primeros momentos, surgió el desconcierto de que ese petróleo surgía fuera de toda protección nacional; surgieron entonces una serie de leguleyos, aprovechados y traidores, por suerte contrabalanceados por unos pocos campeones de la nacionalidad. Enrique Mosconi figuró a la cabeza de aquellos campeones. La historia del desarrollo de la industria petrolera está estrechamente vinculada a la soberanía nacional.

Enrique Mosconi nació en la ciudad de Buenos Aires, en la fecha indicada anteriormente. Fueron sus padres el ingeniero italiano don Enrico Mosconi y su madre doña María Juana Canavery, argentina pero de ascendencia irlandesa. Ingresó al Colegio Militar de la Nación el 26 de mayo de 1891, graduándose de subteniente a los 17 años de edad. En 1899, realizó estudios topográficos en la provincia de Mendoza, y al año siguiente formó parte de una comisión de estudios dedicada a la instalación de una importante red ferroviaria en la Patagonia. En 1903 se recibió de Ingeniero Civil en la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de la Universidad Nacional de Buenos Aires, y fue enviado a Europa a fin de estudiar la adquisición de plantas gasíferas y de energía hidroeléctrica.

El 16 de octubre de 1922, fue nombrado Director de Yacimientos Petrolíferos Fiscales durante la Presidencia del Dr. Marcelo Torcuato de Alvear, donde permaneció 8 años dedicando ímprobos esfuerzos para incrementar la producción y desarrollo de la industria petrolera. En su faz de ingeniero se doctoró con la tesis de: “un proyecto de construcción de una represa en el lago Nahuel Huapi y un sistema de válvulas para regular las aguas de los ríos Limay y Negro en Neuquén, con el objetivo de hacerlos navegables”.

El día del descubrimiento “oficial” del petróleo se ha fijado en la fecha del 13 de diciembre, es decir se fijó esa fecha como “Día Nacional del Petróleo”, fecha ésta en que saltó el chorro en Comodoro Rivadavia. Pero la historia viene desde muy atrás cuando se fundara en la provincia de Jujuy la “Compañía Jujeña de Kerosene”. Tal hubiera podido ser en justicia la fecha indicada para la celebración de tan importante descubrimiento.

Los reales descubridores del petróleo argentino fueron José Fuchs y Humberto Beghin, insistiendo una y otra vez en la búsqueda de agua potable, realizada a instancias de la firma Menéndez de larga proyección en la Patagonia, en terrenos conocidos como “Colonia Comodoro Rivadavia”, fundada por Francisco Pietrobelli, según el decreto del 23 de febrero de 1901, con mensura aprobada por otro decreto del 17 de diciembre del mismo año. Eran estas concesiones fiscales, y por lo tanto sujetas a la “Ley de tierras” de gran importancia como luego consignaremos. El hallazgo fue comunicado a la Dirección General de Hidrología, Geología y Minas” del Ministerio de Agricultura de la Nación”. Este hallazgo ocurría el 13 de diciembre de 1907. Pero a continuación de esto ocurrió un hecho inopinado: al día siguiente, apenas iniciado el horario de oficinas se presentó en la referida Dirección la “primera solicitud de cateo en Comodoro Rivadavia”. Pero resulta que, viene a descubrirse que, junto al todas “descubrimiento oficial”,  todas las pertenencias particulares estaban en manos inglesas. Esta situación redundaría en pingües beneficios, para la corona inglesa, dado que al no haber ferrocarriles, el transporte marítimo, dada su ubicación junto al mar resultaba treinta veces más barato que el transporte terrestre.

El gobierno nacional se enfrentaba con el problema que, de acuerdo al Código de Minería vigente, estaba obligado a conceder todas las solicitudes de cateos que se le presentaren en la nueva zona petrolífera. Además las concesiones de acuerdo al referido Código, en su artículo 17 decía: Las minas se conceden a los particulares por tiempo ilimitado, lo cual equivalía a que el petróleo nacional sería de propiedad británica, agravado por el artículo 9º, que prohibía al estado disponer de las minas y menos explotarlas. La primera solicitud como dijéramos más arriba fue presentada el 14 de diciembre a las 12,45 horas y tramitada bajo expediente nº 6366-M- 907, y hacía centro en el lugar descubierto por Fuchs y Beghin sobre el litoral marítimo, y se extendía cinco mil metros hacia el sur, otros tantos, hacia el norte y dos mil metros en dirección oeste, totalizando 2000 hectáreas circunvalando la zona del hallazgo. A todo esto el Ministro de Agricultura don Pedro Escurra, echó por tierra estos permisos y recurrió a la Ley de Tierras Nº 4167, en la que quedaba prohibida la denuncia de pertenencias mineras y concesión de permisos de cateos en la zona de Comodoro Rivadavia, en el Chubut “en un radio de cinco leguas kilométricas a todo rumbo, contándose desde el centro de la población”. No fue en definitiva el origen de una política de nacionalización de los yacimientos, sino solamente una paralización de trámites, pues por él no se autorizaba al Estado a realizar la explotación de los mismos.

Esta intervención exploratoria del gobierno era, por si los resultados eran alentadores, proponer al Congreso eludir el controvertido artículo 9º y permitir realizar las explotaciones en concurrencia con los particulares.

Comenzó entonces el gobierno a realizar por su cuenta la exploración y con ese objetivo contrató al ingeniero alemán J. Krausse, al ingeniero francés Pablo Viteau, y Enrique Hermitte, argentino. Posteriormente se agregó el geólogo Ricardo Stappembeck y el químico Fritz Reichter, cubriendo con este equipo todas las especialidades de la investigación exploratoria.

En el curso del año 1908 se perforaron otros dos pozos, ubicados a quinientos metros al norte y al sur del primer descubrimiento y a una profundidad uniforme de 535 metros. Se comprobaron rendimientos muy halagüeños con la extracción de 11.375 barriles lo cual hacía posible una explotación a gran escala. La investigación exploratoria de esta manera quedaba cerrada, y en conocimiento de esto sólo quedaba al poder ejecutivo, proponer al Congreso un nuevo Régimen al que se sujetaría la explotación de esta nueva riqueza. Recién que se hayan cumplido estos pasos surgiría la “política oficial”, a la que estarían sujetos los gobiernos nacionales a por venir. Esta política en nada difirió a la aplicada a otros sectores de la economía nacional, en las cuales se consideraba indispensable la concurrencia del capital extranjero.

Pasaron dos años después de la “etapa exploratoria”, más específicamente de la perforación de Fuchs y Beghin, cuando el poder ejecutivo envía al Congreso de la Nación, disculpándose por la demora en la dicha etapa exploratoria, proponiendo una ley que fijase una “reserva de cuatro leguas kilométricas cuadradas”, equivalentes a diez mil hectáreas. Dentro de aquellos límites no se podían conceder pertenencias mineras ni permisos de exploración y cateo. Su explotación estaba destinada al Estado, para lo cual se solicitaba el otorgamiento de un crédito extraordinario de medio millón de pesos, destinados a los gastos de explotación. En aquellos pozos se calculaba un rendimiento de 2 a 12 toneladas diarias por surgencia natural y de 30 a 50 por bombeo. Este producto tenía un 30% más de calorías que el carbón de Cardiff. Los pozos seguían perforándose y al llegar al quinto de los mismos, permitió al Poder Ejecutivo fundamentar y solicitar una “Ley de Excepción” al Código de Minería. El argumento era que el producido de la explotación fiscal redundaría grandemente para beneficiar los ferrocarriles que se construían en la Patagonia, pues además de aportar un mayor número de calorías, reduciría el costo de los 15 a 20 pesos la tonelada de carbón de Cardiff a sólo a 4 a 5 pesos de petróleo de Comodoro Rivadavia. Quedaba entonces reducido el interés del Estado, al consumo de los ferrocarriles patagónicos. El resto quedaba abierto a la explotación privada.

Aunque parezca mentira, de las cien mil hectáreas de reserva del año 1907, quedaban reducidas ahora a diez mil. Esta situación pone de manifiesto “toda la no intención “de proteger por parte del Estado la reserva petrolífera”, entregando la casi totalidad del petróleo a la explotación privada. Esta explotación no necesariamente era argentina; ocurría lo mismo que con los frigoríficos y los ferrocarriles. Comenzaba a efectivizarse una traición a los intereses argentinos, situación ésta que se materializó en el debate legislativo. Continúa en la próxima entrega.

Por Ricardo Federico Mena
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Currículum abreviado del Dr. Federico Mena

El Dr. Mena- Martínez Castro es odontólogo y ha escrito dentro de su profesión diversos trabajos de investigación clínica, como asimismo acerca de variadas materias: Historia, Genealogía, Poesía, Novela, Teatro y Cuento. Pertenece a distintas instituciones académicas de la región y de Buenos Aires, entre ellas es Miembro de Número del Centro de Estudios Históricos y Genealógicos “Gens Nostra” (Centro de Estudio Hispanoamericanos) con sede en Buenos Aires, Miembro correspondiente del Centro de Estudios Genealógicos de Tucumán, Miembro Fundador y de Número del Centro de Investigaciones Genealógicas de Salta, Miembro Correspondiente del Instituto San Felipe y Santiago de Estudios Históricos, Miembro de los Institutos Güemesiano, Belgraniano y Sanmartiniano de Salta, etc. Es autor de importantes trabajos dentro del cancionero popular, dos veces ganador en el Concurso Nacional de la Zamba ( zambas destacadas). Ha recibido numerosos premios provinciales y nacionales en su quehacer, entre los que se encuentran, el Primer Premio de Novela en el año 2000. Ha recibido de la Provincia de Salta el Premio al Mérito Artístico, etc. Colabora con EL INTRANSIGENTE en su columna “Las Calles de Salta y sus Nombres”.



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