perteneció a esa famosa generación del 80, considerada como talentosa y despreocupada, afortunada y frívola
ARGENTINA.- Miguel Cané perteneció a esa famosa Generación del 80, considerada como talentosa y despreocupada, afortunada y frívola, ardientemente Argentina y placenteramente cosmopolita.
Sus amigos, Carlos Pellegrini, Aristóbulo del Valle, Roque Sáenz Peña, Lucio V.-López, Eduardo Wilde, Bartolomé Mitre y Vedia, le estimaron como maestro debido a su gusto refinado y a su gran influencia social, y así también le apreció el gran mundo porteño por sus obras sencillas, de tono familiar, y sus amenas conversaciones llenas de frescura y de gracia.
Estas indudables y atrayentes cualidades no perjudicaron, por su aparente superficialidad, a Miguel Cané en su papel de miembro de la clase gobernante de entonces, sea como legislador o como representante diplomático. Perteneció a la época de Roca, y luchó desde la prensa y el parlamento por la legislación laica. la educación común y la separación de la Iglesia y del Estado. Fue autor del proyecto de la ley No 4.144, llamada "ley de residencia", que el Congreso Nacional sancionó el 22 de noviembre de 1902, para autorizar al Poder Ejecutivo a expulsar a los agitadores extranjeros que fomentaban conflictos obreros en el país.
En otros géneros, especialmente en los ensayos, tenemos de él un libro titulado justamente Ensayos, publicado en 1877. en el que, pese a sus veintiséis años de edad, Cané demuestra ser un critico y un observador. Relata en esta obra sus primeros viajes a través de narraciones que algunos han estimado extravagantes.Prosa ligera, editada en 1903, continúa la serie de crítica literaria, pero dedicada ahora a la producción española y argentina. El arte español, título de uno de sus capítulos, debía, según se afirma, servir de base para un estudio más extenso sobre las pinturas de Velázquez. La obra capital de Miguel Cané en cuanto a critica literaria es el Enrique IV de Shakespeare, publicado en 1900, con una traducción castellana del texto inglés, producción interesante por su información y por las ideas que allí campean.
Pero la celebridad popular de Miguel Cané se debe especialmente a su libro titulado Juvenilia, aparecido en 1882, obra meritoria en un género que, en realidad, escapa a toda clasificación.
En sus páginas sin pretensiones literarias ha dejado Cané sus nostalgias de juventud y sus alegrías de estudiante travieso. Para una Argentina que vive hoy a más de cien años de su nacimiento, este libro conserva la frescura de una simpatía incapaz de marchitarse.