POR EL DR. RICARDO FEDERICO MENA

Literatura Argentina: Abelardo Castillo

Es un importante novelista, cuentista, dramaturgo, ensayista y uno de los autores latinoamericanos de más sólido prestigio

  • Sábado, 28/01/2012 | 08:44 hs

                                          LITERATURA ARGENTINA

                                             ABELARDO CASTILLO
 
                                         Por Ricardo Federico Mena
 
Revisando anaqueles de mi biblioteca, me encuentro con un interesante libro de Abelardo Castillo; el que ahora comentamos es “Ser Escritor”. Abelardo Castillo es un escritor argentino nacido en San Pedro-provincia de Buenos Aires en el año 1935. Es un importante novelista, cuentista, dramaturgo, ensayista y uno de los autores latinoamericanos de más sólido prestigio. El libro que le catapultara a la gran vidriera de las letras del mundo es “Las otras puertas” -cuentos- Premio Casa de las Américas (Cuba). El resto de su labor cuentística incluye “Cuentos Crueles”,”Las panteras y el templo” y las “Maquinarias de la noche”. Es autor de tres novelas esenciales, “El que tiene sed”,”Crónica de un iniciado”, y el “Evangelio según Van Hutten”. Dentro de las obras teatrales se encuentran “Israfel” y “El otro Judas”. Solamente con estos títulos constituye un creador admirable. Fundó las Revistas literarias “El Grillo de Papel”, “El Escarabajo de Oro” y “El Ornitorrinco”. Sus galardones más importantes además del mencionado Casa de las Américas son: Premio Internacional de Autores contemporáneos (Unesco-París), Premio Municipal de novela, Premio nacional Esteban Echeverría, y Premio Konex de Platino y Gran Premio de Honor de la Sociedad Argentina de Escritores . Sus obras han sido traducidas a trece idiomas.

En un capítulo del libro que estamos comentando, “El oficio de Escribir", dice:

POR QUÉ SE ESCRIBE
 
La literatura, por lo poco que sé de ella, nace quizá por una fuerte tendencia a la incomunicación. Un escritor de ficciones, es alguien que en la vida cotidiana, muy raramente puede comunicar lo que siente, sus miedos, sus admiraciones, sus pasiones, su amor. Es algo así como esa mirada de sorpresa ante lo real de la que hablaban los griegos: la que al filósofo le permite reflexionar y, al escritor, escribir. El único lugar donde un hombre que escribe se comunica, es en sus libros, y son sus personajes quienes hablan por él. Los escritores, en general, son grandes tímidos. Tal vez porque saben que los sentimientos más profundos, sólo pueden manifestarse con palabras triviales. De qué modo decir te quiero, o estoy desesperado, o tengo miedo, o la belleza me conmueve. No hay más palabras que ésas, pero uno no puede andar pronunciándolas en voz alta. Recuerdo una serie de televisión inglesa sobre la vida de Shakespeare, en la que hay una escena memorable. Se sabe que Shakespeare tuvo un gran amor, la famosa dama morena de los sonetos. En esa escena, ella le pide que por favor le diga palabras hermosas, como las que escribe en sus dramas, y no que meramente quiera arrastrarla a la cama. Shakespeare que ha escrito los diálogos de Romeo, debe recurrir a uno de sus actores para que le explique cómo se habla a las mujeres reales. Al ver esa obra, yo pensé: Shakespeare debió haber sido realmente así.

DESIDERATUM
 
He oído por ahí, que el problema central de la literatura es el lenguaje. Me parece muy bien: Hesíodo y Homero opinaban lo mismo, sólo que la idea les resultaba arcaica. También he oído que el desiderátum de la ficción, no es contar, sino imaginar. También me parece correcto, con una pequeña objeción: si no conseguimos contar lo que imaginamos, es probable que nuestras historias carezcan de una difusión adecuada. Tengo la fuerte sospecha, de que Cervantes sería un escritor más bien secreto si se hubiera limitado a soñar o a imaginar El Quijote .

LA ÉTICA DE LA FORMA
 
En cuarenta años de literatura aprendí dos o tres cosas más, pero por decirlo así, son de orden moral. Por ejemplo: corregir encarnizadamente un texto no es una tarea retórica o estilística, es un trabajo espiritual. Paul Valery ya habló de la ética de la forma: corregir es una empresa espiritual de rectificación de uno mismo. Hay palabras y palabras. Borges una noche de 1983 me contó que detestaba “Hombre de la Esquina Rosada” porque en ese cuento había escrito la palabra “cuchillón”.

GÉNEROS
 
No creo en los géneros literarios. Creo, sin embargo que el cuento es una forma estética nada casual y sospecho que no cualquier escritor es cuentista. Se puede ser un gran poeta y no saber escribir un soneto, como le pasaba con frecuencia a Neruda, y también se puede ser un gran escritor en prosa, sin haber escrito jamás un buen cuento. La inversa sin embargo no se cumple. Un hombre que escribe grandes sonetos es necesariamente un gran poeta. Petrarca, o Garcilaso, digamos, o Miguel Hernández. Un hombre que escribe grandes cuentos, es fatalmente un gran escritor. Poe, Chéjov, Borges, Cheever, Akutagawa, Cortázar. No tengo opiniones sobre literatura. Heine decía que las catedrales, fueron hechas porque los hombres que las construyeron, no tenían opiniones, sino convicciones. Seguramente no construiré nunca una catedral, pero, al menos, tengo una convicción: un buen cuento es una historia contada de la única manera posible.

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