Dejó de ser un rumor, para transformarse en un tema de conversación de cualquier ambiente, el proyecto oficial de buscar la segunda reelección de Cristina Kirchner
ARGENTINA.- Esa cantera inagotable de absurdos, apetencias, trampas y desvergüenzas que viene acumulando la historia política argentina desde hace 80 años (derrocamiento de Hipólito Irigoyen) sigue asombrando al mundo.
Ahora estrena un nuevo capítulo: Dejó de ser un rumor, para transformarse en un tema de conversación de cualquier ambiente, el proyecto oficial de buscar la segunda reelección de Cristina Fernández de Kirchner como Presidenta. Al principio, en la Casa Rosada culpaban a la oposición -cuándo no- de haber construido ese chisme para minar la imagen de la Jefa de Estado. Pero ahora, cuando ella reasumió su cargo después del reposo al que la obligó la cirugía por el problema cancerígeno que nunca tuvo, aquel “chisme maldito de los enemigos” asomó como verdad en boca del vocero -cantor Amado Boudou y el Diputado bonaerense Díaz Bancalari. La idea está en marcha, pues.
Soñando en vano
Su fundamentación tiene como base, eso está muy claro, el hecho de que dentro del Kirchnerismo, Cristina aglutina todas las miradas. No hay nadie que pueda arrebatarle la bandera del movimiento. Todo aquel que haya acunado el sueño de sucederle en el trono resultó destruido, o está siéndolo a través de ingenierías implacables. El caso más relampagueante es el de Scioli, a quien, amén de imponerle como Vicegobernador un “Camporista” muy cruel como Mariotto, le van taponando toda la ayuda presupuestaria que en años anteriores, cuando lo necesitaban, eran la envidia de todos los mandatarios provinciales.
Lo cierto es que la Presidenta, a sólo un mes y medio de haber asumido su segundo período, empezó su campaña por el tercero. Ello indica que su labor específica, que es manejar el Estado, estará teñida de política partidaria. Es lo peor que podía pasarle al país, un país que, cuando la comunidad internacional afronta un tiempo de “vacas flacas”, deberá administrar sabiamente sus bienes. No creo que con Guillermo Moreno, un flamígero Secretario vestido de superministro, pueda florecer la racionalidad.
Los 50 años de Onganía
Otro punto que la Jefa del Gobierno pasa por alto es que las reelecciones o los estiramientos de mandato nunca se coronaron bien. Juan Perón, por ejemplo, a partir del suceso clamoroso de su tramo inicial de seis años, echó a andar el sueño de la legendaria Evita, cuando el final de ella era inminente: el voto femenino. Ganó con amplitud, pero su gestión ya marchaba herida por el despilfarro populista al que se había entregado sin freno. Ya era tarde para administrar. Y en 1955 sus propios camaradas militares lo condenaron al destierro.
Otro caso que marcó casi ridículamente la segunda parte del siglo estuvo a cargo de Juan Carlos Onganía. Había derrocado al Presidente Arturo Humberto Illia, el más limpio demócrata de nuestra historia, cuya obra fue valorada sólo después que la Argentina cumplió el rito de resistencia a la dignidad y a la Constitución. Onganía proclamó la intención de instaurar un régimen de 50 años, pero a los 3 ya no estaba.
Triste regreso
Finalmente regresó Perón, ahora con un brujo y una riojana empleada de cabaret en Panamá. Él estaba frágil, muy frágil. Su viuda, Isabelita, cuando los militares la expulsaron subiéndola a un avión, era la imagen de la estupefacción.
Cristina tendría que revisar estos capítulos de nuestra historia última, en vez de dejarse entusiasmar por la corte. Zánganos abundan, consejeros honestos y prudentes no, señora Presidenta.
Por Dardo Nofal
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Escritor y periodista santiagueño radicado en Tucumán. En su obra literaria, las tres primeras novelas “Una lágrima por el Cóndor” (1996), “La prisión de Bautista” (finalista del Premio “La Nación” de Novela, 2001) y “Matar para Morir” (2007) recorren, desde perspectivas diferentes, la historia Argentina a partir de 1945 hasta la actualidad. Aguarda en edición su cuarta novela. En el periodismo sobresale su trayectoria en el diario “La Gaceta”, donde fue en más de tres décadas, sucesivamente, editorialista, crítico de cine y de teatro, jefe de Espectáculos y Cultura, Prosecretario de Redacción y, hasta su retiro, en el 2000, Secretario de Redacción.