ARGENTINA.- El domingo 9, luego de cubrir las
elecciones en Venezuela, un equipo periodístico argentino fue retenido en el aeropuerto de Caracas. Todo el material obtenido durante su estancia fue borrado.
El hecho, atribuible exclusivamente a la responsabilidad del Gobierno Venezolano, fue vergonzosa y peligrosamente tratado por las autoridades nacionales.
Cuando
Jorge Lanata logró comunicarse con el Embajador Argentino en Venezuela, Carlos Cheppi, para informarle que unos autos los habían encerrado y los llevaban detenidos, habiéndoles quitados los pasaportes, Cheppi le pidió que “le pasara por mensaje de texto mi número de celular”, explicó Lanata.
Durante el tiempo en que los periodistas estuvieron incomunicados, acusados de “espionaje” y mientras sus computadoras, cámaras y celulares eran borrados, la Embajada Argentina se ocupó únicamente de hacer un llamado telefónico, según relata el propio Cheppi: “(Lanata) me pedía que por favor actuara. Yo rápidamente llamé a la Cancillería venezolana planteando el tema. Me pidieron diez minutos para informarse. Habrán pasado 20 minutos y me llamó el ministro del Interior, diciéndome que había sido un tema de rutina y que enseguida lo liberaban". En eso consistió toda la acción diplomática para garantizar la seguridad de ciudadanos argentinos.
Con retorno de los periodistas al país la cosa empeoró. Las voces oficialistas no sólo minimizaron el ataque contra la prensa argentina en territorio extranjero, sino que muchas incluso lo celebraron.
El oficialismo pleno estuvo de acuerdo en afirmar que el equipo de periodistas, para algunos, mintió, y para otros, se merecía el ataque. Se lo merecía por haber manifestado una actitud crítica hacia el Gobierno Venezolano y el Argentino. Por eso, los abusos contra la prensa sólo son condenados en la medida en que operen contra medios adictos. Por eso, la defensa a la censura, siempre que se trate de ideas opositoras.
Fuente: Semanario
de Tucumán, Edición Impresa