TUCUMÁN.- Los conflictos nacionales de los últimos días tienen un factor común: en todos los casos fueron funcionarios los que salieron a interpretar los hechos. La Presidenta de las incontables cadenas nacionales continúa en el más cerrado silencio.
Tomalo vos, dámelo a mí
Cuando Alfonso Severo desapareció el día en que debía declarar contra las patotas ferroviarias en el juicio por el asesinato de Mariano Ferreyra, el silencio oficial retumbó en el País. Sólo la voz del Ministro de Justicia, Jorge Alak, apareció tímidamente para aclarar que el Estado no estaba obligado, en este caso, a garantizar la seguridad del testigo.
Cuando Severo apareció, con evidentes signos de haber sido secuestrado, la ciudadanía esperaba declaraciones oficiales. Comenzaron a llegar desde los medios oficialistas: “Podría ser un caso de delincuencia común, un robo al voleo”, “Es raro, sería un autosecuestro” fueron las primeras hipótesis para justificar el secuestro de quien declararía en contra del ferroviario mimado de la gestión
K, José Pedraza.
Sin embargo, el colmo del absurdo ocurrió cuando Alak volvió a hablar y, en un pase mágico, encontró la forma de culpar del hecho al archienemigo grupo Clarín. "La aseveración de Severo de que este secuestro que él sufrió ayer es para perjudicar a la Presidenta de la Nación hay que investigarla, porque está denunciando un hecho gravísimo. Está denunciando que se está creando una suerte de situación institucional delicada para amedrentar a la Presidenta, al Gobierno y al Parlamento para que no avance en un acto decisivo como es dar por cumplido el proceso de desinversión que hasta el 7 de diciembre tiene que culminar y cumplir el monop... (se corrige) el multimedio Clarín". Fue el mismo Severo quien debió salir a desmentirlo.
La rebelión de los armados
La
protesta de Gendarmería y Prefectura era una cuestión de tiempo. La modificación de sus salarios no podía derivar en otro hecho que el de la protesta. El Gobierno, no podía menos que dar marcha atrás en el famoso decreto que reducía sus haberes. Pero el conflicto continuó, esta vez por reivindicaciones más antiguas del sector, todas laborales.
La imagen de las fuerzas de seguridad reunidas en la calle y en reclamos al gobierno inquieta a cualquiera. Sin embargo, no se escuchó decir en ningún momento que el planteo tuviera un origen político o institucional. De hecho, los oficiales rebeldes negaron en todo momento cualquier intención de atentar contra la democracia.
Por algún motivo, el eje del planteo salarial fue corrido por el oficialismo a un intento golpista. Y, llamativamente, también promovido por el Grupo Clarín. No se agotó ahí el absurdo: una de los primeros compromisos asumidos verbalmente por el Secretario de Seguridad, Sergio Berni, fue alevosamente incumplido. El sábado, los voceros del reclamo fueron trasladados o directamente pasados a disponibilidad, pese al compromiso oficial de no sancionar a los manifestantes.
La impunidad de conducir a la Argentina como si fuese Ciudad Gótica, donde todos los problemas son atribuibles al archienemigo malvado, reside en la tolerancia de un importante sector de la sociedad que avala la reescritura de los hechos por más delirante, contradictoria y antidemocrática que sea.
Fuente: Semanario
de Tucumán, Edición Impresa