ARGENTINA.- ¿Por qué partir desde el análisis del discurso para relatar lo expuesto por nuestra Jefa de Estado,
Cristina Kirchner, ante las Naciones Unidas? ¿Qué poder tienen las palabras? ¿Qué mensaje se intentó transmitir en la 67ª Asamblea General de la
ONU?
Podemos encontrar infinidad de material publicado respecto al discurso presentado ante la Asamblea de Naciones Unidas, podemos partir de convicciones políticas diversas, podemos coincidir o discrepar con el actual gobierno, pero si hay algo que debemos remarcar y reconocer es el excelente manejo discursivo de nuestra representante.
La capacidad retórica de nuestra Presidenta ha dejado perplejo a más de uno. La habilidad para llevar adelante un discurso prolongado, sin siquiera realizar pausas, sin necesidad de leer sus notas, es una cualidad que debemos reconocer a Cristina Fernández de Kirchner (de ahora en más CFK) Puede no gustarnos su estilo, pero no podemos más que reconocer su “don” para llegar directo a su audiencia. No hay dudas de que sin intermediarios es ella quien interpela a sus interlocutores de forma directa y en este sentido el poder y uso de las palabras no tienen nada de inocente.
Es por ello que considero crucial analizar el discurso expuesto ante la Asamblea General de las Naciones Unidas el pasado 25 de Septiembre haciendo especial hincapié en el uso del lenguaje de nuestra jefa de Estado. Comenzaré haciendo una brevísima reseña de los temas desarrollados ante la Asamblea General para luego detenerme en lo referente a las críticas dirigidas contra el Fondo Monetario Internacional (FMI) y su representante, Christine Lagarde.
Las temáticas planteadas ante la Asamblea General son harto conocidas y es por ello que no quiero extenderme demasiado en este punto. Entre ellas podemos destacar nuestro “imprescriptible” reclamo de soberanía por las islas Malvinas y el correspondiente pedido a Gran Bretaña de que acate las Resoluciones dispuestas por la Asamblea General. Entre ellas podemos señalar la 2065 aprobada en 1965 y cuya resolución insta a las partes en litigio a negociar en pos de arreglar pacíficamente las controversias. Sin embargo, Gran Bretaña no ha acatado dicha Resolución, demostrando una vez más el poder que tiene en tanto miembro permanente del Consejo de Seguridad y en tanto puede ejercer el conocido “derecho de veto” demostrando una vez más que la “igualdad soberana” de los Estados es un principio que difícilmente se lleva a la práctica.
Otra de las cuestiones planteadas por CFK ante la comunidad internacional es el derecho al reconocimiento del Estado de Palestina, instando a la Comunidad internacional para que dicho pueblo se incorpore a la organización, garantizando así mayor estabilidad y seguridad al mundo.
Asimismo, CFK manifestó un sentido pésame ante el crimen cometido en Libia contra el Embajador norteamericano por parte de terroristas musulmanes. En este hecho el poder de las palabras también fue clave, ya que la llamada “primavera árabe” se convirtió lamentablemente en un “invierno árabe” para los familiares de las víctimas, tal como señaló nuestra mandataria.
Ahora bien, quiero centrarme en las duras críticas lanzadas contra el FMI y su representante femenina. En este sentido, una vez más, el uso de las palabras y metáforas no es casual y el mensaje que se quiso transmitir dejó de lado el lenguaje “diplomático” para dirigirse directamente a su objetivo: una fuerte crítica a dicho organismo de crédito internacional, considerado la causa de numerosos males en la región.
En los primeros minutos de su presentación, nuestra mandataria respondió duramente a la directora del FMI, Christine Lagarde, quien amenazó con sacarle a la Argentina "tarjeta roja" por las estadísticas del Indec. "Esto no es un partido de fútbol, replicó duramente CFK, esto es la crisis económica más grave que se tenga memoria desde la década del 30" Claramente un mensaje directo y sin rodeos. Remarco a su vez otra frase de nuestra jefa de Estado: “ Mi país no es un cuadro de fútbol, sino un país soberano y no va a aceptar ninguna amenaza", mensaje que no precisa aclaraciones por cierto y cuya intención fue claramente “knockear” al adversario, utilizando la jerga del box si se me permite extrapolar el ejemplo.
Dentro de las duras críticas versadas sobre el organismo de crédito, nuestra jefa de Estado aseguró que "el rol del presidente de la FIFA fue más satisfactorio que el de cualquier director del FMI", en relación con la metáfora de la "tarjeta roja" utilizada por Lagarde. Cabe señalar la fuerte crisis que está atravesando Europa, donde queda de manifiesto que las “recetas neoliberales” defendidas por los organismos multilaterales de crédito, entre los que podemos mencionar al FMI y Banco Mundial, han demostrado no ser efectivas: el mal de la pobreza, la desocupación, el descontento, la movilización, los “indignados” parece no haberse erradicado… y muy lejos está de ello por cierto.
Hemos hecho un breve análisis del discurso de nuestra mandataria ante la Comunidad Internacional. Y como se sostuvo a lo largo de este artículo, las palabras nada tienen de inocentes, nada tienen de “casual”, son artilugios poderosos para transmitir mensajes claros y directos. Ahora bien, cabe preguntarse si es legítimo su uso, si es apropiado que una jefa de Estado hable en esos términos ante una institución tan importante y renombrada como es la ONU. Podemos pensar en miles de respuestas, yo opto por retomar a los grandes clásicos de la filosofía política como Max Weber o Nicolás Maquiavelo. La ética de la convicción nos permite diferenciar lo justo de lo injusto, lo correcto de lo incorrecto en base a preceptos morales, mientras que la ética de la responsabilidad obliga al político a actuar teniendo en cuenta las consecuencias de su accionar. Como podemos observar, el universo de la moral y el de la política se orientan en base a principios diversos y a veces contrapuestos. Es el Príncipe el encargado de ejercer la “razón de Estado” no teniendo en cuenta su interés personal, sino en función al interés de SU Nación, en función al “bien común” de la sociedad que representa. Que así sea…
Por Antonella Migliavacca
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Licenciada en Ciencias Políticas (UBA)
Master en Relaciones Internacionales (Universidad de Bolonia)
Aspirante al ISEN (Instituto de Servicio Exterior de la Nación)