ARGENTINA.- Preso de sus obsesiones políticas, el
Gobierno ha entrado en un
laberinto del cual no sabe cómo salir. Algunos de sus integrantes ya no
pueden disimular su fastidio ante este panorama en el cual abunda la
inconsistencia. Como se sabe, en este recrudecimiento de esta “patología
política”, para el Gobierno la culpa por las preguntas de los
estudiantes de la Universidad de Harvard, que descolocaron e hicieron
enojar a la Presidenta, fue de
Héctor Magnetto y de
Clarín. Pero eso no
es todo: para el Gobierno, las protestas por reclamos salariales de los
efectivos de
Gendarmería –su fuerza de seguridad preferida– y
Prefectura
son producto de las maquinaciones de Magnetto y Clarín. Y para el
Gobierno la desaparición por 24 horas de
Alfonso Severo –un testigo
clave en la causa del asesinato de
Mariano Ferreyra que complica a
adictos K como
José Pedraza y la cúpula de la
Unión Ferroviaria– sería
el resultado de una estrategia perversa de Héctor Magnetto y Clarín para
evitar la aplicación de la
Ley de Medios.
A este paso, para el Gobierno no habrá
fenómeno natural –frío, calor,
sequía o lluvia–, pestes y otros males que no queden libres del influjo
de Magnetto-Clarín. Así es como, en definitiva, el “r
elato” de la
administración de
Cristina Fernández de Kirchner busca cubrir sus
garrafales errores de gestión. “Si se nos acaba Clarín, ¿a quién le
vamos a echar después la culpa?”, se preguntaba el viernes un conspicuo
funcionario con despacho en la
Casa Rosada viendo el ridículo al que se
exponía el Ministro de Justicia,
Julio Alak, en su intento de vincular
el caso Severo con la Ley de Medios, disparate que el mismo Severo
desmintió.
El conflicto desatado por los reclamos salariales de Gendarmería y
Prefectura se veía venir. Una nota firmada por el entonces comandante de
Gendarmería
Héctor Schenone advertía ya en mayo a la Ministra de
Seguridad,
Nilda Garré de lo que se estaba viviendo en la fuerza a causa
del fallo “Zanotti”. “La aplicación del mencionado fallo producirá una
disminución significativa del salario inclusive menor al
salario
administrativo, afectando al personal más joven y de baja jerarquía,
generándose una disminución monetaria que en algunos casos superaría el
25%”, decía una parte de esa nota. El
decreto 1307/12 empeoró las cosas.
Nadie del Gobierno le prestó atención a este aviso. Tampoco la
Presidenta, quien en su “
Aló Presidenta” del 26 de junio se lamentó por
la muerte de los gendarmes que habían cumplido tareas en el conflicto de
Cerro Dragón y reconoció lo poco que ganaban.
En tren de adjudicar culpas, los dardos apuntan a
Raúl Garré, a su
hermana la ministra, e incluyen al Secretario de Legal y Técnica de la
Presidencia,
Carlos Zannini. La intención de los sectores
ultracristinistas de otorgarle a este reclamo un carácter golpista no
hizo más que desnudar la
inconsistencia de la acusación. Lo que sí
existe en esas fuerzas es un estado deliberativo sin liderazgo, producto
de la protesta generada por la pauperización de las condiciones de vida
de la mayoría de sus integrantes.
A esta altura, es evidente que el Gobierno está afectado por
cuatro
problemas fundamentales: la “
mala praxis” de su gestión, su
desesperación por la
n
re-reelección, su fijación por lograr la suma del
poder público y su obsesión contra Clarín.
La mala praxis de gestión es el origen de varios inconvenientes. Además
del presente conflicto con Gendarmería y Prefectura, la lista incluye el
cepo cambiario, la alteración de los índices del
Indek, el creciente
déficit fiscal, las idas y vueltas con las retenciones a las
exportaciones de biodiesel y con la
Ley de Riesgos de Trabajo, por citar
algunos. Al respecto, la
Presidenta debería pensar si
Juan Abal Medina
está capacitado para llevar adelante la compleja tarea que exige el
cargo de
Jefe de Gabinete. En su última aparición pública, exhibió una
notable escasez de conocimientos técnicos sobre el
decreto 1307/12, a lo
que agregó una falta de aplomo y una pobreza de lenguaje que sorprende a
varios de sus profesores en
Ciencia Política que lo recuerdan como uno
de sus alumnos más brillantes.
La desesperación por la re-reelección le impide consensuar con gobernadores que se oponen a la iniciativa.
La búsqueda de la suma del
poder público, recalentada en estas horas
por los episodios sucedidos en la
Auditoría General de la Nación y en el
Consejo de la Magistratura, representa una de las contradicciones y
claudicaciones más flagrantes del discurso con el cual el kirchnerismo
ingresó al poder. Uno de los logros indiscutibles del primer gobierno de
Néstor Kirchner fue la creación de una
Corte Suprema prestigiosa como
signo claro de la decisión política de
respetar y valorizar la
independencia de la Justicia. La
Presidenta está tirando esto por la
borda. Al hacerlo, además, ha inducido a quienes buscan complacerla a
echar mano a recursos que recuerdan a aquellos usados por el
menemismo.
He ahí el “recurso de arrancatoria”, giro acuñado para denunciar al ex
cortesano
Antonio Boggiano, quien en 1993 ordenó a uno de sus asistentes
arrancar la hoja de un fallo que condenaba al
Banco Central. Igual que
entonces, ahora el oficialismo pretende recusar a
Ricardo Recondo,
representante de los jueces en la Magistratura que se opone al
bochornoso intento de nombrar al frente del juzgado a cargo de la
controversia por la Ley de Medios a
Lorena Gagliardi, funcionaria
dependiente de Abal Medina, y que mágicamente saltó del puesto
15 en el
orden de méritos al
6. A Recondo se le quiere atribuir una firma que
nunca puso en el dictamen que nombró al juez jubilado
Raúl Tettamanti
para subrogar el cargo. Para sostener esa acusación, se arrancó la hoja
del dictamen.
La Ley de Medios fue algo
abstracto para la mayoría de la sociedad.
Pero las cosas cambiaron a partir del cacerolazo, al que la corporación
multimediática oficial y paraoficial intentó ignorar primero y minimizar
después. Sólo
El Trece y
TN lo transmitieron en su dimensión, por lo
que una parte de la sociedad comprendió que el verdadero significado del
7D es el de silenciar esos canales. Esa sociedad comprendió también que
si el Gobierno fuese
exitoso lo que conseguiría sería
silenciar sus
voces.
Esto no es más que otra muestra de la
irrefrenable necesidad de
dominación a la que la Presidenta lanzó a su gobierno. Y, como decía
Voltaire, “la pasión por
dominar es la más terrible de las enfermedades
del espíritu humano”.
Producción periodística: Guido Baistrocchi.