TUCUMAN.- Pequeña, frágil y, por sobre todas las cosas, inocente.
Morena Caciccio Fernández dejó de existir a sólo 10 meses de haber llegado a este mundo. Al partir, dejó una estela de bronca basada en la incapacidad del sistema médico para atender una emergencia y la desidia de las autoridades políticas por actuar con celeridad y humanidad. Morena se fue volando, como el angelito que era, en las alas artificiales de una burocracia inepta, preocupada por cumplir horarios o asistir a actos políticos, antes que salvaguardar el bienestar de un paciente.
"Me tomo la autoridad, en medio del dolor, de decir si hubiéramos llegado el lunes, muchachos, esto habría sido otra historia".
Dardo Caciccio, padre de la pequeña, al igual que los médicos de Buenos Aires, dice la verdad. A Morena la mataron un empleado público, un gobernador y una serie de hechos que se repiten, incansablemente.
Lunes 01 de octubre. Sólo habían pasado 15 minutos del final del horario de atención en el Subsidio de Salud, cuando el desesperado padre llegó a tramitar el traslado de su hija. La noticia de la ausencia del avión sanitario, previamente prometido por el gobierno provincial, lo hizo movilizarse antes que fuera tarde. Sin embargo, al llegar a la puerta, sólo recibió una frase: "Vuelva mañana".
Una consulta, un odontograma y hasta un recetario para comprar medicamentos con descuentos pueden esperar.
El caso de Morena no era algo común. Fue la falta de información, o la "voluntad" que caracteriza a la mayoría de los empleados públicos, lo que terminó por condenar el futuro de la nena. Fue sólo el comienzo.
Antes de finalizar el día, se supo que la pequeña sería trasladada en un avión privado, alquilado por la obra social. Según el padre, en declaraciones radiales, el costo lo asumió el gobierno. Bien pudo tratarse de una confusión, pero lo grave se conoció al día siguiente.
Martes 02 de octubre. Morena viajó en los brazos de su madre, sin calefacción, sin posibilidad de ser medicada ni una incubadora para descansar su cuerpito. Al llegar a destino, los médicos de la capital increparon a los tucumanos por las condiciones a las que la beba había sido sometida, en conocimiento de su delicado estado de salud. Unas horas después, pasó lo que todos temían.
Para grabar en la memoria en casos similares: el avión sanitario es para personas sin obra social, personas cuyas obras sociales traban sus traslados, o para situaciones de EXTREMA URGENCIA. Un día antes de la muerte de la bebé, ningún funcionario pudo explicar el paradero de la aeronave. Para ellos era "irrelevante". Tuvo que pasar un día y medio para que el gobierno elaborara una respuesta, polémica e incomprensible: tanto el nuevo como el antiguo avión sanitario -según ellos- estaban en la provincia el lunes, día que era solicitado encarecidamente por la familia Caciccio para salvar a su hija.
Si la respuesta oficial es cierta, surgen algunas preguntas: ¿Acaso el caso de Morena no era de extrema urgencia? ¿La obra social tuvo más poder de decisión que el gobierno sobre la elección del medio utilizado para el traslado? ¿
José Alperovich viajó a Buenos Aires el lunes? Si lo hizo, ¿utilizó un avión de línea? Dardo Caciccio había comenzado los trámites de traslado la semana anterior ¿Qué lo llevó a interrumpir la acción?
El caso se tornó aún más indignante cuando
Sara Alperovich, hija del gobernador, salió en defensa de su padre, cargando las tintas, indirectamente, contra quien hace escasas horas había tenido que despedir a su hija. Ningún funcionario fue capaz de contestar preguntas antes que ella, dando cuenta de la incapacidad de acción sin previo consentimiento del mandamás.
A Morena la mató un empleado público, que no quiso atender la urgencia de un padre desesperado.
A Morena la mató un gobernador, que usa indiscriminadamente los bienes adquiridos con fondos públicos.
A Morena la mataron los medios, que callan, temerosos de recibir un pedazo más pequeño de la gran torta publicitaria oficial.
A Morena la matamos todos, que permitimos con el silencio que quienes nos dirigen hagan lo que quieran con lo nuestro.
Qué importa, Morena. De todos modos, ¿quién quiere vivir para siempre?
Sebastián Angel Zazzali
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