ARGENTINA.- El decreto del
Poder Ejecutivo que ordenó modificar
la
escala salarial de las fuerzas de seguridad tomando en cuenta un
fallo de la
Corte Suprema de Justicia afecta un fabuloso
negocio del que
participan miembros de los servicios jurídicos y/o contables de las
Fuerzas Armadas y de
Seguridad,
abogados próximos a ellos y
jueces
corruptos. Uno de esos jueces es oficial retirado de la
Gendarmería y
otra ya fue
destituida en juicio político. Esto permitió que el
79 por
ciento de los más de
30.000 agentes en actividad de la Gendarmería y el
60 por ciento de los
16.500 de la Prefectura, cobraran sus haberes según
resoluciones judiciales, porcentaje que llega al ciento por ciento en
las cúpulas. Lo mismo ocurre con la mitad de los
retirados y
pensionados
de ambas fuerzas.
De acuerdo con un informe realizado en
julio por la
Unidad de Auditoría Interna del
Ministerio de Seguridad (es decir mucho
antes del acampe), debido a estos amparos judiciales “la autoridad
política ha perdido absolutamente el control sobre la política
salarial”. El intento de
retomar ese control,
mejorar los salarios más
bajos y
contener los más altos, provocó una insidiosa respuesta por
parte de quienes gozaban de los beneficios de la situación anterior.
Aunque el
decreto 1307, firmado el
31 de julio, disponía en su
artículo 6
que ningún miembro de ambas fuerzas percibiría menos que el mes
anterior, la liquidación de los sueldos realizada por
Prefectura y
Gendarmería redundó en fuertes reducciones salariales en los niveles más
bajos del escalafón, que desataron el conflicto. Una vez practicada la
liquidación y de- soyendo la orden de la Ministra,
Nilda Garré y del
Secretario de Seguridad,
Sergio Berni de detenerla antes de que se
depositaran los fondos en las cuentas individuales, los jefes de
Prefectura responsables se
alejaron de sus puestos, algunos de
vacaciones y otro en una inverosímil gira de inspección contable, de
modo de estar bien lejos de las esquirlas en el momento del estallido.
Por eso, es tan cierto que los gendarmes y prefectos que acamparon
frente a las sedes de sus fuerzas sólo
reclamaban por sus salarios, como
que el
desbarajuste fue inducido con
deliberación, en defensa de los
ingresos
siderales de las respectivas cúpulas y, una vez producido, lo
aprovecharon los distintos sectores interesados en
deslegitimar,
carcomer y
destituir al gobierno de
CFK, justamente aquel que está
blanqueando las distorsiones salariales iniciadas durante la gestión de
Carlos Menem y
Domingo Cavallo y continuadas por todos los gobiernos
anteriores al actual. Esta es la historia de cómo se incubó la
crisis y
se preparó el
estallido y de todas aquellas contradicciones que
dificultan la comprensión del episodio.
Mingo y minga
En
1993, como parte del proceso de
ajuste de gastos estatales, el
gobierno comenzó a pagar los incrementos salariales al personal en
actividad de las
Fuerzas Armadas y de
Seguridad mediante suplementos y
compensaciones no remunerativas, de modo de que no fueran percibidos
también por los retirados, cuya capacidad de presión era reducida. Esto
invirtió la relación histórica entre los componentes
remunerativos y no
remunerativos de los haberes. Estos suplementos, cuya modalidad
desfinancia los sistemas de previsión y de Obras Sociales llegaron a
constituir el
65 por ciento de los ingresos del personal en actividad,
al mismo tiempo que se desfasaban de los haberes de retirados y
pensionados. Este fue el sustento objetivo de la creciente
litigiosidad,
para que los suplementos se incorporaran al haber remunerativo. Sobre
esta base se montaron los negocios
ilegales.
El cuadro 1 muestra el
altísimo porcentaje de gendarmes que cobran sus haberes por medidas
judiciales, sobre todo en los niveles jerárquicos más altos, y el cuadro
2 exhibe la gran dispersión salarial producida por la intervención
judicial. Ambos cuadros se refieren a la Gendarmería, pero el panorama
es similar en la Prefectura.
La
Asociación de Magistrados declaró en su
descargo que los jueces resuelven los conflictos individuales, según una
antigua
jurisprudencia del derecho del trabajo, “declaran que el pago
de los adicionales no remunerativos son
ilegales, establecen la doctrina
para los futuros fallos, pero nunca fijan una política salarial de
carácter general, ya que se trata de una atribución que corresponde a
los poderes políticos del
Estado Nacional”.
Cierto, pero en muchos casos
se llegó a este resultado por caminos turbios y su efecto fue una gran
dispersión salarial, sobre todo entre quienes cuentan o no con alguna
medida judicial que determine su remuneración, y en muchos casos difiere
el tratamiento de casos similares, según los distintos
criterios de los
jueces intervinientes. Esto rompió las relaciones entre niveles
jerárquicos y amplió las
desviaciones entre integrantes de un mismo
grado.
También se llegó a una
desproporción flagrante entre el haber
básico y algunos suplementos (como la compensanción por vivienda, que
puede representar hasta el
232 por ciento del sueldo). La connivencia
entre estudios jurídicos, jueces y funcionarios de las fuerzas de
seguridad condujo a
irregularidades e
incumplimientos de distintos pasos
procesales e incluso de disposiciones judiciales. Esto elevó en forma
significativa los honorarios, costas, tasas de justicia e intereses y el
costo del
servicio de Justicia para la tramitación de miles de casos y
redundó en un fuerte
incremento de los gastos en personal para
satisfacer medidas judiciales que deformaron la
pirámide remunerativa en
contra de los niveles inferiores.
DASQUETES
Al detectar esta situación, la ministra ordenó que la
Auditoría
Interna revisara el comportamiento de la
Dirección de Asuntos Jurídicos
de la Gendarmería, que demoraba el cumplimiento de aquelas órdenes
judiciales que disponían cesar el pago de grandes
sumas por medidas
cautelares. El estudio concluyó el viernes con la intervención
ministerial a esa Dirección.
En la primera reunión con los auditores,
las autoridades de asuntos jurídicos explicaron esas demoras por un
presunto exceso de trabajo, porque además tenían que defender personal
acusado en causas por
apremios ilegales o torturas a detenidos, “gracias
a Dios, con ninguna condena”.
Uno de los funcionarios que recibieron a
los auditores fue el sonriente comandante
Manuel Barros, quien entre
2006 y 2010 se desempeñó en la Dirección de Asuntos Jurídicos, después
pasó al Operativo Centinela y en julio de 2011 al Operativo Cinturón
Sur. Abogado recibido en la Universidad Católica Argentina, también
integra el estudio jurídico Dasque, Tes y Asociados.
El curioso logotipo
de esa empresa dice, con viriles mayúsculas ESTUDIO DASQUETES,
denominación que surge de los apellidos de los abogados
Fernando Dasque
(especialista en derecho civil, aeronáutico y empresarial) y
Fernando
Tes. Dasque es comandante mayor retirado y autor de un estudio sobre El
régimen de Contrataciones en Gendarmería Nacional. Igual que Barros,
formó parte de la Dirección de Asuntos Jurídicos del Gendarmería. Otro
de los socios del estudio es el Comandante Mayor Estanis Drebnieks (que
no es abogado sino licenciado en administración de empresas). Se graduó
en la Universidad Católica de Salta, cuya denominada Subsede Buenos
Aires es controlada por la Gendarmería desde su creación en septiembre
de 1989 y se maneja en forma autónoma del Arzobispado del que depende.
Las carreras y cursos que ofrece incluyen abogacía, administración de
empresas y de consorcios, informática, comercialización, cortesía
verbal, oratoria moderna y esteticista (sic). Drebnieks cumple funciones
en el Servicio Administrativo Financiero de Gendarmería y había sido
propuesto para dirigirlo. Ante la Dirección General de Transparencia del
Ministerio de Seguridad, Drebnieks negó ser socio del estudio DASQUETES
y dijo que hace tres años pensó en pedir el retiro si no le concedían
un ascenso y entregó un currículo a su amigo Dasque, pero que no llegó a
incorporarse al estudio, que sin embargo lo anuncia en su publicidad
como miembro de su staff.
El
Comandante Mayor Drebnieks es uno de los
beneficiarios de una medida cautelar en el expediente “Tosoroni, Mario y
otros con Estado Nacional”, concedida por el juez de Paraná, Entre
Ríos, Daniel Edgardo Alonso, hoy ascendido a camarista. El magistrado es
otro camarada de Barros, Estanis y Desque: ingresó en 1985 como primer
alférez de Justicia y llegó hasta oficial auditor de la Agrupación VI,
Formosa, de Gendarmería, donde permaneció hasta 1999. El juez federal
subrogante Gustavo Zonis dispuso la caducidad de la instancia en
septiembre de 2009 y ordenó dar por decaída la medida cautelar en
Tosoroni y otros. Sin embargo, la Gendarmería continuó realizando los
pagos indebidos. Recién el 25 de abril de este año, el Comandante Mayor
Drebnieks hizo la consulta a Jurídicos pero hasta el día de hoy sigue
cobrando
53.000 pesos por mes que no corresponden. La Unidad de
Coordinación de Políticas de Transparencia del Ministerio de Seguridad
solicitó a Gendarmería copia del expediente Aj2-401 732, pero no obtuvo
respuesta. En la Prefectura cobra sus haberes con una medida cautelar el
Asesor Jurídico de esa fuerza, prefecto mayor Domingo Nicolás
Rotondaro. El amparo fue presentado en el juzgado federal de Río
Gallegos, Santa Cruz, pese a que Rotondaro tiene domicilio en la Ciudad
Autónoma de Buenos Aires. Una vez concedida la medida por el tribunal,
la Asesoría Jurídica de la Prefectura instruyó a la delegada del cuerpo
de abogados del Estado en la provincia, que no apelara la decisión a
favor de su titular. Experto en la materia, Rotondaro es coautor del
libro Medidas cautelares y bloqueo registral.
Los 7000
La tramitación de amparos para obtener pagos extraordinarios de las
fuerzas de seguridad derivó en mayo de este año en la destitución de la
jueza provincial de Santo Tomé, Corrientes Graciela Beatriz Duarte, por
unanimidad de los siete miembros del jury. Al acusarla, el Fiscal
General de Justicia de Corrientes, César Sotelo, dijo que “vamos a
encontrarnos con los hechos más inverosímiles vividos hasta ahora en la
Justicia de Corrientes”: un centenar de demandas contra el Estado
Nacional (para lo que la justicia provincial no tiene jurisdicción), “y
en cada una de ellas una pluralidad de actores increíble, de diversos
lugares del país. El país entero se hizo cita en Santo Tomé y no por el
Festival del Chamamé sino por el Juzgado Civil y Comercial”.
Calculó que
esos amparos habían beneficiado a no menos de
7000 personas, en
demandas colectivas que incluían entre
30 y 70 actores cada una, con
domicilio en distintas partes del país. Duarte los concedía de
inmediato, para lo cual declaraba inconstitucional un artículo de la ley
provincial de amparo, lo notificaba a Prefectura y Gendarmería y luego
se declaraba incompetente. Las dependencias estatales debían pagar lo
solicitado, hasta que no llegara una orden en contrario. Pero esa orden
nunca llegaba, porque una vez ordenado el pago, la jueza dejaba dormir
los expedientes en su juzgado. El personal que trabajaba con ella
describió con asombro ese
boom de los amparos, a los que la jueza
prestaba una atención especial. Aunque todas las demandas eran por
“
reajuste salarial”, Duarte les imprimía el trámite sumarísimo, que no
está previsto para asuntos patrimoniales, sino sólo en casos urgentes
que provoquen un perjuicio irreparable y en consecuencia exigen una
respuesta inmediata excepcional.
Secretarios y otros empleados del
tribunal declararon que la jueza guardaba esas causas en su propio
despacho, les otorgaba prioridad de ingreso y las tramitaba por un canal
distinto de ingreso y registración dentro del tribunal. “Conseguido el
propósito de la acción, se desentendía de dichos expedientes, tal como
se demostró con la no remisión a su debido tiempo, es decir
inmediatamente después de declararse incompetente, a los Juzgados
Federales”, se lee en la sentencia de destitución.
Una inspección
ordenada por el Superior Tribunal de Justicia de Corrientes en diciembre
de 2009 encontró gran cantidad de cajas de embalaje que contenían
“múltiples causas de amparos, que aún no habían sido remitidas al
Juzgado Federal de Paso de los Libres o al de Corrientes, Capital”.
También se demostró que la jueza tenía conversaciones privadas
frecuentes con los abogados que presentaban esos amparos, el matrimonio
Amílcar Nelson Serial y Josefa Raquel Milán.
La investigación determinó
que cuando ellos intervenían, la medida cautelar se concedía en un lapso
brevísimo y no se les exigían los trámites y recaudos previos a los que
estaban sometidos los litigantes minoristas. Según el fiscal Sotelo,
Serial y Milán obtuvieron ganancias por unos veinte millones de dólares,
en complicidad con la jueza, “estafando escandalosamente al Estado
Nacional”.
De acuerdo con datos de la Dirección de Transparencia, otro
juez de Santo Tomé, Humberto de Biase Echeverría, dictó un amparo
similar a favor del padre de la ex jueza Duarte, quien solicitó “un
recálculo de su haber como jubilado de la Prefectura”. En realidad, De
Biase Echeverría fue el juez pionero en el circuito
amparo-incompetencia-y-al-cajón que Duarte hizo propio. En febrero, el
Superior Tribunal de Justicia sancionó a De Biase Echeverría con una
multa de 30.000 pesos y le ordenó que se abstuviera de emitir
resoluciones que involucraran a entes u organismos nacionales.
También
en los miles de casos de este juzgado intervino el estudio
Serial&Milan. Se calcula que el perjuicio de estas maniobras para el
Estado en los dos tribunales oscilaría entre 80 y 200 millones de
pesos. Según el titular del Ministerio Público de Corrientes, entre el 9
y el 10 de febrero de este año, Serial obtuvo 43 medidas cautelares a
favor de 11.000 miembros de la Gendarmería, en un Juzgado de El
Colorado, en la provincia de Formosa, que ordenó “liquidar diferencias
salariales de acuerdo a la petición de los actores”. Esta es la mayor
concentración de cautelares de todo el país y abarca a casi la mitad de
los efectivos de la fuerza.
Once mil amparos concedidos en dos días por
un juez subrogante en una ciudad de trece mil habitantes constituye un
indiscutible record. Un caso similar culminó con la renuncia, hace un
año, del juez en lo civil y comercial de Sáenz Peña, Chaco, Luis Alberto
Pintos, cuando el Consejo de la Magistratura analizaba iniciarle un
jury de enjuiciamiento por haber concedido más de 7000 medidas
cautelares contra el Ejército y la Gendarmería.
La Procuración del
Tesoro de la Nación, que analizó los casos de Santo Tomé, el Colorado y
Sáenz Peña no descarta que la misma mecánica se haya utilizado en otros
lugares del país y que además se hayan cometido otros delitos, como
asociación ilícita y tráfico de influencias. El caso del prefecturiano
Rotondaro en Río Gallegos parece confirmarlo.