La situación de las provincias del interior en 1829, nos sitúa en un Buenos Aires donde la revolución unitaria, había producido como consecuencia la unificación federal: Las provincias de Córdoba, Mendoza y Corrientes habían reconocido a la Convención Nacional- desde aquel momento soberana- como parte de la defensa contra el enemigo común.
En el litoral señoreaba
Estanislao López (Santa Fe),
el Coronel León Sola se mantenía en Entre Ríos y en Corrientes Pedro Dionisio Cabral sustituía a Ferré que había renunciado voluntariamente en diciembre de 1829. Las provincias de Córdoba y Santiago del Estero estaban comandadas por Bustos e Ibarra. La provincia de Mendoza estaba gobernada por
Juan Corvalán y bajo la influencia del fraile
José Félix Aldao que había obtenido en la reciente campaña del Perú, el grado de Coronel.
Las provincias de San Juan, San Luis, La Rioja, y Catamarca estaban bajo el comando de
Timoteo Maradona, del doctor José Santos Ortiz, de José Patricio del Moral y de Marcos Antonio Figueroa respectivamente. Estas fuerzas conjuntas eran apoyadas desde los Llanos de la Rioja por
Facundo Quiroga, desde su finca de Atiles.
La situación en Tucumán se encontraba bajo el comando de
Javier López quien había reemplazado a
Nicolás Laguna, y finalmente en Salta, después de la
Batalla del Rincón de Valladares, había dejado la provincia de Tucumán en manos de las fuerzas federales. En Salta luego de la mencionada batalla del Rincón se mantenía el
General José Ignacio Gorriti, que en marzo de 1829 era sustituido por su hermano el canónigo
Juan Ignacio Gorriti que recientemente había cesado en sus funciones de diputado en el Congreso Nacional. Ambos hermanos que simpatizaban con la causa unitaria, se mantenían en el poder gracias a la actuación que les cupiera durante los tiempos de Güemes, pero no se los consideraba con el peligro de
“presidenciables”. Por su parte Javier López se apoyaba en el prestigio de la familia Aráoz, a pesar de que fue él, quien fusilara al tío de su mujer,
el Coronel Bernabé Aráoz.
El General Paz llegó a Buenos Aires, comandando la segunda columna del Ejército del Brasil, en el mes de enero de 1829, para ocupar el Ministerio de Guerra en el gobierno delegado de
Brown, aunque su interés estaba centrado en el gobierno de Córdoba que le desvelaba desde los años de 1820.
Paz logró formar su ejército con el que marchó hacia aquella provincia, compuesto por el 2 de Cazadores de
Videla Castillo (300 plazas), el 5 de infantería de
Larraya (250 plazas) y el 2 de caballería de
Pedernera (250 plazas), a los que se agregaron 90 voluntarios de caballería reclutados por Lamadrid entre los carreteros tucumanos de Buenos Aires. Se agregaban a estas fuerzas, cuatro piezas de artillería.
La marcha hacia Córdoba se efectuó a fines de marzo, cuando en el paraje
“Los Desmochados”, se encontró ya en el mes de abril, con Lavalle, que venía con sus
“Coraceros”, desmontados luego de su infructuoso intento de tomar Santa Fe. Paz continúo decidido su marcha hacia Córdoba, a pesar de que en Buenos Aires la situación estaba complicada por la derrota de
Rauch en el paraje de
“Vizcacheras”. Llegó a la localidad de
“Ojo de Agua” el día 10 de abril. Bustos no pudo hacerle frente, pues estaba reducido a milicias provinciales, por lo que hubo de retirarse hasta San Roque, próximo a la sierra.
El 18 de abril de 1829 en
San Roque se firma un convenio entre ambos jefes (Paz y Bustos), con la intervención de los delegados de Paz,
Narciso Moyano y José Roque Sanide, pues ambos jefes no buscaban confrontación, ya que sus ejércitos no eran suficientes para imponerse el uno sobre el otro. Mediante este convenio Bustos llamaría a elecciones y ambos ejércitos se retirarían a 9 leguas de la ciudad. Todas estas circunstancias desembocarían en
el combate de San Roque, a 50 kilómetros de la misma. Paz aprovechó ese viento a favor para exigir a Bustos tres días después, el desarme de su ejército. A todo esto, Quiroga aprestaba en los Llanos sus famosos
“Dragones”, cuando inesperadamente Paz atacó a las fuerzas de Bustos
el 22 de abril en San Roque, y habiendo vencido en la confrontación, todo el parque quedó en poder del vencedor. Bustos se refugió en la Rioja para unirse a Quiroga, donde Facundo ejercía un amplio liderazgo desde Mendoza a Catamarca; Quiroga entonces se dispuso ayudar a Bustos, para vencer al general Paz. Éste, instalado en Córdoba, logró sólo el apoyo de las clases más ricas, y aún cuando trató de presentarse como hombre con propósitos pacíficos, en misivas enviadas a las autoridades de La Rioja, San Luis y Mendoza, estas provincias se pusieron en su contra.
Este combate tuvo repercusión en todo el país y Lavalle abandonó su propósito de arreglo con López marchando a Santa Fe.
Paz no tenía intenciones de ayudar a la revolución unitaria y así lo hizo saber a sus colegas gobernadores diciendo en sus memorias:
“Después de la victoria de San Roque, uno de mis primeros cuidados fue hacer entender a los gobernadores de las provincias, que no me mezclaría en sus negocios domésticos y deseaba conservar con ellas, las mismas relaciones de amistad que mi predecesor”.
Muy prontamente Paz comprendió que no tendría tranquilidad alguna después de los hechos ocurridos, para lo cual realizó una leva en su provincia, pues se acercaba Quiroga al mando de sus temibles
“Dragones”. “El Tigre de los Llanos”, luego de reforzar su ejército en San Luis con las milicias de Mendoza y San Juan, entro al mando de 5000 hombres por Río Cuarto. Era el ejército más numeroso hasta entonces visto durante las guerras civiles. A todo esto aún con el refuerzo del contingente tucumano, llegado con Javier López, Paz reunía apenas 2.500 hombres. Sucedió entonces algo inesperado: Este jefe abandonó en una maniobra táctica la ciudad de Córdoba, ofreciéndola como una trampa abierta; entonces el Tigre de los Llanos, sorpresivamente cometió el error de entrar en ella y dividir sus fuerzas: la caballería que era la más numerosa la hizo acampar en La Tablada, mientras que a la infantería la hizo permanecer en la ciudad.
Estanislao López ansiaba llegar a un acuerdo con Paz, el mismo que no había podido concretar con Lavalle, y pidió a Quiroga, más bien ordenándole como
“General en Jefe del Ejercito de la Unión”, que no librase batalla, pues irían sus comisionados a tratar con Paz el tan ansiado arreglo. Los comisionados en cuestión eran el
Dr. José de Amenábar, a la sazón cura de la iglesia matriz de Santa Fe y
Domingo de Oro, que se desempeñaba como secretario de López. La nota tenía fecha de 23 de junio, pero a todo esto, la batalla ya se había producido el día 22 del mismo mes.
Esta batalla se libró en un paraje cercano a la ciudad de Córdoba, donde actualmente se halla el barrio Cerro de las Rosas de esa ciudad, los días 22 y 23 de junio de 1829. La victoria correspondió al ejército unitario, cuyo jefe pudo consolidar su situación política y militar en la provincia mediterránea.
El día 22 la artillería del General Paz, llegaba hasta La Tablada, procediendo a ametrallar a la caballería de Quiroga, mientras la infantería, más los jinetes del ejército de Paz, se colocaban en situación de batalla. Las tropas federales se batieron con aguerrida porfía, y por algunos momentos parecía que los legendarios Dragones, vencerían a los unitarios, pero los cuadros de Paz resistieron bravamente. Las tropas de Quiroga fueron cercadas por sus adversarios y Facundo debió huir durante la noche, por una brecha que dificultosamente lograra abrir.
Paz se creía ya vencedor, pero al intentar regresar a la ciudad el día 23, Quiroga que había logrado reorganizar sus fuerzas, lo acometió con su infantería, pero a pesar de su énfasis, no pudo quebrar los cuadros del
Manco Paz. Esta batalla fue de una dureza y de una crueldad sin fronteras en sus dos días de lucha, donde las tropas federales terminaron con mil muertos y 500 prisioneros. Quiroga pudo huir hacia la sierra, donde no lo entregarían, pues la zona se había declarado adversa al jefe unitario. Este alivio le permitiría llegar hasta los Llanos y preparar un nuevo ejército, con el que pretendería lograr la revancha.
El ejército unitario estaba compuesto por fuerzas de las provincias de Córdoba, Tucumán, y Salta, mientras que en las fuerzas federales estaban coaligadas las provincias de La Rioja, Mendoza, Catamarca, San Luis, a los que se agregaban los cordobeses exiliados.
Los comandantes de ambas fuerzas, fueron: para los unitarios José María Paz, Javier López, Gregorio Aráoz de Lamadrid y José González, mientras que por los federales estaban Juan Facundo Quiroga, Ángel Vicente Peñaloza, Juan Bautista Bustos y Marcos Antonio Figueroa de Catamarca.
Haciendo un relevamiento fino, las tropas unitarias estaban compuestas por 2.500 soldados: compuesto por 1700 jinetes y 700 o 750 infantes, más 12 cañones. Por la otra parte las fuerzas federales totalizaban unos 5000 hombres, distribuidos de la siguiente manera: 4200 jinetes, 700 a 800 infantes, más entre cuatro y ocho cañones. Los unitarios tuvieron 80 bajas, mientras que los federales tuvieron mil muertos y 500 a 700 prisioneros.
Todos estos acontecimientos nos llaman a la reflexión pues luego de tantos muertos en pos de ideas diferentes, pero siempre con el fin de servir a la patria, venimos revolcándonos en picada, a expensas de los gobiernos de turno.
José María Paz
Gregorio Aráoz de la Madrid
Facundo Quiroga
Dr. Ricardo Federico Mena
para

CURRÍCULUM ABREVIADO DEL DR. RICARDO FEDERICO MENA
El doctor Mena- Martínez Castro es odontólogo y oriundo de la provincia de Tucumán. Ha escrito dentro de su profesión diversos trabajos de investigación clínica, como asimismo libros acerca de variadas materias, Historia, Genealogía, Poesía, Novela, Teatro y Cuento. Ha recibido importantes premios provinciales y nacionales durante su quehacer Pertenece a distintas instituciones académicas de la región y de Buenos Aires, Ha recibido de la provincia el
Premio al Mérito Artístico. Dirige actualmente el Suplemento Cultural del Diario