Los padres de Constanza González constituyen un ejemplo de buena crianza. Para los otros, que "dejan hacer" a sus hijos, vale este cuento.
TUCUMAN.- Los padres de “Conty” constituyen todo un ejemplo de buena crianza de hijos. Normas éticas claras, autoridad sin látigo, buenas costumbres y, sobre todo, atención permanente.
Distinto de otros padres que dejan hacer a sus hijos lo que quieren, ya sea “porque son chicos” o “porque se nos fueron de las manos”, como suelen argumentar para desligarse de la responsabilidad de tener hijos y dejarlos indefensos en las calles.
Vale para estos últimos, un cuento del tiempo de nuestro abuelos, que nadie debería olvidar. Acá va.
Una viejita delgada, encorvada, de rostro bondadoso y suaves modales, solía ir todos los días a la cárcel a ver a su hijo Francisco, un hombre de unos 30 años, corpulento, de aspecto feroz, que purgaba cadena perpetua por un triple homicidio. El padre había muerto el mismo día de la sentencia, de un ataque al corazón.
Los carceleros conocían a Francisco desde que tenía 18 años, cuando entró por primera vez por una causa de robo a mano armada. Luego volvió al penal por un homicidio y ahora lo tenían de nuevo de residente.
Ya que el tipo era de extrema peligrosidad, las visitas de su madre transcurrían a través de una reja. Ella le hablaba, le decía cuánto lo quería, le prometía cuidarlo mucho cuando saliera en libertad y le contaba cosas lindas, pero él sólo miraba al suelo.
Un día, para el cumpleaños del reo, la autoridad de la cárcel permitió que la viejita lo visitara en la celda, para poder darle un abrazo. Así lo había hecho toda la vida. Jamás le reprochó nada, ni lo retó por faltar a la escuela o por llegar tarde a la casa cuando era joven.
La viejita entró en la celda, se acercó a su hijo gigante, y cuando abrió sus brazos delgadísimos para darle un abrazo recibió una trompada en la cara que la dejó casi muerte y sangrante en el piso. Cuenta que se le oyó al reo decir: “¡Por tu culpa he llegado a ser lo que soy!”
Por Coco Quintero
Para el Semanario
de Tucumán, Edición Impresa.