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Alberto Lebbos: “Desde hace seis años espero que Alperovich diga el nombre del asesino de mi hija”

Alberto Lebbos, padre de la joven asesinada en 2006, Paulina Lebbos, repasa en diálogo con El Intransigente los seis años de dolor y lucha

  • jueves, 01/03/2012 | 06:06 hs
Paulina era una chica como todas. Esa noche salió a festejar que había aprobado una materia en la facultad, y me dijo que luego iba a ir a ver a su novio. Al día siguiente, cuando vi que no volvía, me sorprendió: ella nunca dejaba tanto tiempo a su hija”

Alberto Lebbos rememora seis años de calvario. Vio por última vez con vida a su hija el 25 de febrero de 2006: dos semanas más tarde, tuvo que reconocer su cuerpo.

Paulina Lebbos tenía 24 años y una hija de 5, Victoria, cuando fue asesinada. Era estudiante de Comunicación Social en la Universidad Nacional de Tucumán e hija de Alberto Lebbos, entonces Subsecretario de la Juventud de la Provincia.

Se sabe que Paulina concurrió a un local de la zona conocida como El Abasto, donde permaneció toda la noche. Salió entre las 6:30 y las 7 de la mañana junto a su amiga, Virginia Mercado, tomó un remise y se dirigió a La Rioja al 400, donde bajó Virginia. Paulina entonces debería haberse dirigido a calle Estados Unidos al 1200, donde vivía César Soto, su novio, pero según su declaración, nunca llegó. Al mediodía del domingo, Soto se comunicó con la familia Lebbos preguntando por Paulina, y comenzó la búsqueda.

“Buscamos con los amigos, comenzamos a recorrer hospitales, pero no la encontramos. Entonces fui a la Policía. Pero ese día jugaban san Martín y Atlético, y casi toda la policía estaba ahí, por eso nos mandaron a otra comisaría. Nos tomaron la denuncia y yo pensé que en ese momento habían comenzado a buscarla, pero nunca me imaginé lo que me iba a pasar después” relata Lebbos.

Los días pasaron y Paulina continuaba sin aparecer. Alberto Lebbos comprobó al poco tiempo lo que hasta entonces era sólo una sospeche: la Policía no la estaba buscando.

“Un día me avisan que habían encontrado un auto en San Andrés. Fui y encontré a cerca de 30 policías debajo de un árbol, porque hacía calor. El Jefe del Operativo me dijo entonces que habían realizado un tremendo rastrillaje en los cañaverales y no habían encontrado nada. Miré las botas de los policías y me di cuenta: estaban limpias, ninguno había entrado al cañaveral. Le pregunté de frente con qué necesidad me había mentido, pero no me respondió”

Alberto Lebbos era funcionario público. El Gobernador Alperovich estaba de vacaciones en Punta del este entonces, y cuando volvió lo recibió y le prometió su total colaboración “Dijo lo que dice siempre: ‘Tu causa es mi causa’”

El hallazgo

“El sábado 11 de marzo era un día horrible, gris, lluvioso. El Fiscal (Alejandro) Noguera me llamó a las 7 de la tarde y me informó que habían encontrado un cuerpo en el camino de Raco”

Alberto Lebbos acudió al lugar y encontró una gran cantidad de gente, policías y hasta una autobomba de bomberos. El entonces Jefe de Policía, Hugo Sánchez, lo recibió y le informó que luego de un gran rastrillaje realizado desde los cerros, la policía había encontrado un cuerpo, a cinco metros de la ruta.
El cadáver estaba en estado de descomposición, desfigurado y atacado por los animales, pero conservaba las pulseras y la ropa que llevaba Paulina cuando desapareció.

“Lo primero que vi cuando me acerqué fue el codo de mi hija, y me di cuenta que era ella. Pedí las pericias de ADN, por supuesto, pero ya sabía que era ella”

Entonces ocurrió algo impensado: “Un muchacho del lugar se me acercó, y me dijo ‘Don Alberto, qué desgracia, ojalá que no sea Paulina. Los chicos Goitia la encontraron hoy’. ¡A mí el Jefe de Policía me dijo que la habían encontrado en un rastrillaje!” Cuando Lebbos quiso pedir explicaciones, Sánchez ya se había apartado del lugar y no volvió a cruzarse con él.

Los hermanos Sergio y Marcelo Goitia efectivamente habían encontrado el cuerpo de Paulina, por casualidad. Circulaban por la zona a caballo, cuando el animal se encandiló con el brillo de la pulsera de Paulina. Los muchachos bajaron del caballo, la encontraron y dieron aviso a la Policía. Entonces, les hicieron firmar declaraciones diciendo que quien había hallado el cuerpo fue la Policía, y que además en la zona se sentía mal olor desde hace tiempo.

Era mentira, ellos mismos habían estado limpiando varios días antes el lugar y no había nada. El cuerpo había sido arrojado allí hacía pocas horas. Finalmente, los Goitia se presentaron a la Justicia y cambiaron la declaración que les hicieron firmar, además de denunciar amenazas y apremios para guardar silencio. “Dos chicos de un coraje extraordinario” recuerda Lebbos “cuando los hicieron firmar, incluso uno ni si quiera sabía escribir. Ojalá hubiera más gente con el coraje de estos muchachos que pese a las amenazas dijeron toda la verdad”

“El cuerpo fue encontrado a las 2 de la tarde, pero al Fiscal fue avisado del hallazgo a las 6 de la tarde. En ese tiempo no sólo prepararon la declaración falsa de los Goitia, también limpiaron y desmalezaron el lugar. Las pruebas que rodeaban al cuerpo se perdieron para siempre. La policía sacó fotos del hallazgo que nunca aparecieron y movieron el cuerpo. Adulteraron las actas de procedimiento y hoy, a seis años, no se consiguió el cruce de llamados telefónicos, que debería haber demorado no más de 20 días. Nunca hubo una sanción, sólo un pobre perejil fue sumariado por incumplimiento de los deberes de funcionario público”

Paulina, un mito urbano

El misterio que rodea la muerte de Paulina Lebbos es grande. Se sabe que tanto la Policía, como miembros de Tribunales y del Gobierno tuvieron una actitud de encubrimiento, pero aún no se sabe a quién protegen.

Las hipótesis son muchas y por todas partes aparecen personas que aportan datos o revelaciones que parecen dilucidar el enigma.

Se habló de una fiesta vinculada a los “Hijos del Poder”, de allegados a la familia Alperovich que llevaron a Paulina al Centro de Salud Ramón Carrillo de Yerba Buena, de un médico que la recibió ya muerta y la devolvió jurando guardar silencio. Se dice que el cuerpo de Paulina llegó a la autopsia completamente bañado, por lo que se perdieron muchas pruebas. Se dice que César Soto, su novio fue quien la mató.

Todas estas hipótesis no pueden ser confirmadas por Alberto Lebbos: “No puedo afirmar algo sobre lo que no tengo pruebas. Se dijeron muchas cosas, por eso es función de la Justicia investigar todas esas líneas. Pero ni si quiera sé si se pudieron comprobar porque, aunque soy parte querellante, tengo prohibido el acceso a la causa. Dicen que allí hay ‘actuaciones reservadas’ que hacen que no pueda verlo”.

La hipótesis oficial dice que Paulina murió estrangulada y que había sido torturada, violada y herida con armas blancas. Eso es todo lo que se sabe y, por lo demás, el resto son puras especulaciones.

Alperovich, seis años de silencio

Alberto Lebbos se dio cuenta que entre quienes creía sus pares no encontraría el apoyo para desentrañar el misterio del encubrimiento del crimen y renunció a su cargo.

La última vez que se entrevistó con el Gobernador, en abril del 2006, recibió una noticia más que alentadora: José Alperovich le confesó que sabía el nombre del asesino de Paulina, y que en cuestión de horas estaba por ser detenido.
 
Y no conforme con dejar semejante revelación en la intimidad, Alperovich salió en seguida a anunciar a los medios de comunicación lo mismo.

Nunca se detuvo a nadie, y Alperovich nunca reveló el nombre que dijo conocer. Alberto Lebbos nunca consiguió que fuera llamado a declarar en la causa.

La vida después de la muerte

La vida de Alberto Lebbos desde entonces no fue fácil. Se dedicó a la actividad privada y a su nieta, Victoria, hija de Paulina.

Recibió durante estos seis años muchas amenazas y agresiones. “Los testigos no pueden declarar, tienen miedo. En 2006 se sancionó la Ley de protección de Testigos y le dieron 90 días a Alperovich para que la reglamentara. Pasaron más de cinco años y nada. Lo denunciamos ante el Presidente Néstor Kirchner, después ante Cristina, ante el Secretario de derechos Humanos Eduardo Luis Duhalde; ante la Corte Suprema de Justicia de la Nación, ante el mismísimo Zaffaronni; pero nadie hizo nada. A nadie le interesa que los testigos tengan miedo”

El mismo Alberto Lebbos fue agredido hace unos años delante de las cámaras de la prensa dentro de la Legislatura, cuando fue a reclamar una golpiza que había recibido.

Paulina, un caso entre muchos

El caso de Paulina Lebbos no es el único impune en Tucumán. Alberto Lebbos se fue uniendo en estos años a otras familias que padecieron lo mismo y formaron la Comisión de Familiares de Víctimas de la Impunidad.

Son cerca de 200 familias, muchas con causas ya prescriptas, que marchan todos los martes pidiendo Justicia. En todos los casos, la impunidad viene de la mano del encubrimiento policial, judicial y político.

Pero en la mayoría de los casos se trata de personas humildes, que no tienen los recursos para movilizarse como lo hace Lebbos. Sus muertos son anónimos, pero, al igual que Paulina, enterrados bajo el manto oscuro de la impunidad.



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Fuente: Semanario de Tucumán, Edición Impresa.











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