El Intransigente comenzó este especial que enorgullece a los salteños. Cada semana una entrega para saber sobre aquellos que nos identifican
GUAYAQUIL ¿ENCUENTRO O DESENCUENTRO?
PRIMERA PARTE
CALLE DE NUESTRA CIUDAD UBICADA EN PLANO GUÍA MILENIUM Nº 19 C5- 25 B2
Santiago del Guayaquil, nombre oficial de la capital del Guayas, fue fundado por Sebastián de Benalcázar el 25 de junio de 1531. Hubo antes tres intentonas a orillas del Babahoyo, a orillas del Yaguachi y en el Lominchao, a 25 kilómetros de su actual emplazamiento. Habiendo sido abandonada, finalmente por orden de Pizarro. Francisco de Orellana la fundó definitivamente al pie del cerro Santa Ana en 1537, habiéndola ulteriormente reedificado don Diego de Urbina después de que fuera destruida por los indios. En uno de sus paseos, llamado de La Planchada se encuentra una placa de bronce donde están grabados los nombres de los primeros fundadores de Guayaquil. Entre ellos, Juan de Jaén, Lope de Acevedo, Juan Fernández, Cristóbal de Villalta, Manuel de Estancio, Francisco de Olmos, Francisco de Valverde, Diego Martín, Enrique Díaz y N. Goljón.
Desde el principio de su fundación, Guayaquil., debió afrontar las bravas envestidas de los indios Huancavilcas, y ataques de piratas en los años de 1687 y 1709. También en el año 1587, hubo una catastrófica epidemia, presuntamente de viruela, donde murieron más de doce mil personas. También otras 7000, perdieron la vida por obra de la fiebre amarilla. Otro de sus cataclismos fue un incendio entre los días 5 y 6 de octubre de 1896, que destruyera la parte más rica de la población.
La famosa entrevista de Guayaquil, se refiere a la reunión secreta y a puertas cerradas de los Generales José de San Martín y Simón Bolívar. No estuvieron nada más que ellos dos, sin testigos presenciales, hecho este que ha despertado una larga polémica que, aún en estos días a pesar de las últimas consideraciones, hipótesis o descubrimientos aún continúa.
Lo cierto es que Bolívar, en carta a Santander, que a la sazón se encontraba en ejercicio de la presidencia de Colombia, donde daba cuenta de la entrevista desarrollada entre los días 26 y 27 de julio de 1822, reproducido por la Revista Todo es Historia Suplemento Nº 5, esto decía: “Antes de ayer por la noche partió de aquí el General San Martín, después de una visita de Treinta y seis o cuarenta horas; se la puede llamar visita propiamente, porque no hemos hecho más que abrazarnos, conversar y despedirnos”. (¿?) (Expresión del autor de esta nota)
Tal conferencia sólo tuvo un momento de interrupción, pues durante la jornada del día 26, en un momento Bolívar abrió la puerta del recinto para pedir a su edecán la correspondencia con el General Santander, probablemente para consignar algún dato a su colega Libertador.
Continúa la carta diciendo: “El Protector (del Perú) me ha ofrecido su eterna amistad hacia Colombia; intervenir en el arreglo de límites; no mezclarse en los negocios de Guayaquil; una federación completa y absoluta, aunque no sea más que con Colombia, debiendo ser la residencia del Congreso Guayaquil; ha convenido en mandar un diputado por el Perú a tratar de mancomún con nosotros los negocios de España con sus enviados. No me ha dicho que trajese proyecto alguno ni ha exigido nada de Colombia… En fin él desea que todo marche bajo el aspecto de la unión porque conoce que no puede haber paz ni tranquilidad sin ella…Dice que se retirará Mendoza y que está cansado del mando y de sufrir a sus enemigos. …Su carácter me ha parecido muy militar y parece activo, pronto y no lerdo. Tiene ideas correctas de las que a usted le gustan, pero no me parece bastante delicado en los géneros de sublime que hay en las ideas y en las empresas…Hemos logrado en estos días uniformar la opinión, a lo que no ha dejado de concurrir también la venida de San Martín que ha tratado a los independientes con el mayor desdén. Esto es lo que se llama sacar partido de todo. No es para mí este elogio, sino para el que sabe lisonjear a tiempo, aunque sea al cuerdo. “La Prueba” y “La Venganza no estarían hoy en el Perú, sin la política de San Martín…He logrado con mucha fortuna y gloria cosa importantes: primera LA LIBERTAD DEL SUR; segunda la incorporación a Colombia de Guayaquil, Quito y otras provincias. Tercera la amistad de San Martín y del Perú para Colombia y cuarta salir del ejército aliado, que va a darnos en el Perú gloria y gratitud y todos nos respetan, porque a nadie he cedido…”
Existe una carta del Protector del Perú San Martín al Libertador Bolívar publicada por Lafond, considerada por algunos apócrifa y por otros verdadera. Los historiadores e investigadores aún tienen sus divergencias encontrando reales algunos conceptos y equivocados otros. La más reciente tentativa de demostrar que la carta de Lafond es apócrifa corresponde al historiador argentino J. Pérez Amuchástegui. Sus conceptos se encuentran vertidos en un libro de su autoría y las conclusiones a que arriba son novedosas. En síntesis el mencionado autor sostiene que entre ambos generales hubo un total acuerdo y que San Martín manifestó a Bolívar su intención de retirarse, debido a no poder dominar la conflictiva situación de sus cuadros y la situación política del Perú, especialmente dentro de su propio partido. Para hacerlo debía tomar medidas severísimas. San Martín según este autor habría dado vía libre para tomara las diligencias que fueran necesarias. Esto de trascender habría resultado demasiado comprometedor para ambos jefes, por cuyo motivo hicieron un pacto de silencio. También conjetura que dejaron deslizar un desacuerdo mutuo para facilitar la ejecución del plan trazado. Supone asimismo que detrás de todo esto habría andado la masonería y que ambos jefes pertenecerían a la misma logia. De ser esto cierto los principales perjudicados serían los amigos de San Martín.
Esta interpretación corre por cuenta de Pérez Amuchástegui, que algunos historiadores bolivarianos la hacen falsificada hacia 1843 y que habría sido compuesta hacia 1826, es decir a cuatro años de haberse realizado el encuentro, atribuyédose la autoría a alguien desconocido del partido peruanista de San Martín. La carta estaba destinada a desprestigiar a Bolívar en beneficio de San Martín y que este habría tolerado su difusión debido a que estaba destinada a pacificar al Perú. Todo esto corre por cuenta del citado autor, pero la verdad sea dicha, no se ha encontrado ningún nuevo documento que avale esta teoría.
Pero hay documentos verdaderos escritos por San Martín al General Miller y a Castilla, no obstante ello, la carta al General Miller también resulta difícil de digerir, pues los historiadores no conciben que el Encuentro de Guayaquil se haya realizado con el sólo efecto de pedir su apoyo militar. En cuanto a la carta de Castilla, éste le destina apenas un lugar de destierro en el contexto de su obra.
Hasta aquí importantes historiadores de nuestro país y del exterior dan por cierta la autenticidad de la carta a Lafond, entre ellos Ricardo Rojas, miembro de la Academia de Historia del país, Enrique de Gandía, Bartolomé Mitre y J.V. González. También la avalan historiadores como Ariosto González (uruguayo), Julio César Chávez (paraguayo) y el norteamericano Gherard Mazur. Chávez en su trabajo logra descubrir al Teniente Coronel Ruperto Delgado, colombiano, 2do jefe del Regimiento de Voltíjeros, ex Numancia que viajó de Perú a Colombia luego de la entrevista, llegando a ésa el 13 de octubre de 1822, con pliegos para Simón Bolívar, y uno de ellos pudo ser la carta del 29 de agosto. Los conceptos de Pérez Amuchátegui son rechazados finalmente tanto por historiadores sanmartinianos como bolivarianos.
Por su parte el General San Martín le escribe al Mariscal Castilla, del cual extraemos un fragmento: “Boulogne Sur Mer-Septiembre 11 de 1848-
He aquí mi General un corto análisis de mi vida pública en América; yo hubiera tenido la más completa satisfacción habiéndole puesto fin con la terminación de la guerra de la independencia en el Perú, pero mi entrevista en Guayaquil con el General Bolívar, me convenció no obstante sus promesas, que el solo obstáculo de su venida al Perú, con el ejército de su mando, no era otro que la presencia del General San Martín, a pesar de la sinceridad con la que le ofrecí ponerme a sus órdenes con todas las fuerzas de las que yo disponía. Si algún servicio tiene que agradecerme la América es el de mi retirada de Lima…”
Fragmento de la carta al General Miller:
Bruselas, abril 19 de 1827
Me dice usted en la suya última lo siguiente “Según algunas insinuaciones que he oído verter a cierto personaje, el quería entender que usted quería coronarse en el Perú, y que éste fue el principal objeto de la entrevista de Guayaquil”. Sí, como no dudo, (y esto porque me lo asegura el General Miller) el cierto personaje ha vertido estas insinuaciones, digo que lejos de ser un caballero, sólo merece el nombre de un insigne impostor y despreciable pillo, pudiendo asegurar a usted, que si tales hubieran sido mis intenciones no era él quién me hubiera hecho cambiar mi proyecto. En cuanto a mi viaje a Guayaquil, él no tuvo otro objeto que el de reclamar del General Bolívar los auxilios que pudiera prestar para terminar la guerra del Perú, auxilios que una justa retribución (prescindiendo de los intereses generales de América) exigía por los que el Perú tan generosamente había prestado para libertar el territorio de Colombia. (…) pero mis esperanzas fueron burladas al ver que en mi primera conferencia con que el Libertador me declaró que, haciendo todos los esfuerzos posibles, sólo podía desprenderse de tres batallones con la fuerza total de 1070 plazas. Estos auxilios no me parecieron suficientes para terminar la guerra. (…) y así es que mi resolución fue tomada en el acto, creyendo de mi deber hacer el último sacrificio en beneficio del país”. (…) Se considera que el personaje de referencia en el primer párrafo es Simón Bolívar, pero ese cierto personaje, el vehículo del chisme, impostor y pillo sería Riva Agüero, por el que San Martín sentía un profundo desprecio. De modo que los calificativos en la carta dirigida a Miller no estaban dirigidos a Bolívar.
Tal vez haya sido un error de pluma lo de los 1070 soldados que dice la carta. En realidad fueron 1700.
Las mujeres de los Libertadores Manuela Sáenz- de Bolívar- y -Rosita Campusano- de San Martín, jugaron un papel preponderante tanto en el amor, como en la intriga y en el espionaje para sus enamorados, como para sus países.
Manuela Sáenz era todo fuego y pasión, como lo revelan las carta y el diario personal que se salvó de las llamas en un incendio ocurrido en su última residencia. En un tramo de su Diario de Paita, decía esto; “Cuando surgió el asunto de Guayaquil, yo ya conocía bien al General San Martín, y usé mi amistad con algunos de sus devotos; especialmente con Rosita, para averiguar cosas necesarias a la causa de la anexión de Guayaquil a Colombia. (…) Le manifesté a S.E. que yo conocía muy bien las debilidades del Señor General San Martín, que me había condecorado como “Caballeresa del Sol”. Simón no permitió que yo le hablara de esas debilidades. Por el momento. Pero luego muy preocupado me preguntó: “¿Sabe usted señora con qué elementos, puedo, de su intuición de usted, convencer a este señor General de que salga del país sin alboroto, desistiendo de su aventura temeraria de anexar Guayaquil al Perú?”. Entonces yo le contesté:”Vaya usted en persona e impresione a esos indecisos, acójalos bajo su protección de la República de Colombia y encárguese usted mismo del mando militar y político e ese puerto y su provincia.
A San Martín le interesa Guayaquil, claro; no, lo merece. Es ceñudo, está siempre preocupado por la responsabilidad de él. Más parsimonia no se halla en otro cuando habla. Es flemático (metódico), lo mismo que cuando escribe. Además es masón (yo hasta aquí no sabía que Simón, también). Además de todo, el General San Martín es ególatra y le encanta la monarquía y es mojigato. Disponga entonces usted de cualesquiera de estos atributos, además de que él presentará la dimisión por su propia cuenta”.
Así que mi señor General y Libertador fue a Guayaquil, se encontró con el “Protector”, que se quejó que los oficiales de su excelencia le recibieron con un saludo de bienvenida “a Colombia”, además de que no soportó ni la conferencia ni la fiesta(se preparó gran alboroto con ese fin). Pues este señor es seco y sombrío. Y se retiró con su ambicioso plan. Simón prometió que al volver a mí sería todo él de mi propiedad”.
Concluimos aquí esta primera parte de la entrevista

José de San Martín y Bolívar

Manuela Sáenz