No es una sentencia contra Boudou ni mucho menos, pero aquí vale aquello de que “la mujer del César no sólo debe ser honesta, sino parecerlo”
ARGENTINA.- El nombre de Esteban Righi es saludado por una parte de peronismo como el último de los íconos de lo que fue ese Movimiento alguna vez. Hombre del interior del país, lo cual le da cierto “valor agregado” para ese dogmatismo peronista, Righi encarna todos los elementos subjetivos y categóricos que se enfrentan con los que adornan a Amado Boudou. Para ciertos círculos muy cercanos al poder, entre esos elementos sobresale uno al que Boudou no podría enfrentarse ahora: la honestidad de los procedimientos. El Ex Procurador de la Nación se va por la puerta grande, llevandose consigo el reconocimiento de todo el arco del peronismo, sin distinción de sectores. (Leé la carta que Righi le envió a Cristina)
No es una sentencia contra Boudou ni mucho menos, pero aquí vale aquello de que “la mujer del César no sólo debe ser honesta, sino parecerlo”, y resulta que mientras Boudou es arrastrado por el lodo de las sospechas de un lado para el otro, Righi, en cambio, se retira de su puesto dejando como un hito de su paso por la vida pública el honor y la claridad de sus actuaciones.
Sin embargo, las hojas amarillas revelan de que Esteban Righi, fue el responsable de la masiva amnistía de casi cuatrocientos presos considerados políticos en la noche del 25 de mayo de 1973, cuando desde los minaretes de la prisión de Devoto, Juan Manuel Abal Medina anunció la liberación de los “compañeros”, entre los que había autores de asesinatos y atentados. Si bien él como Ministro del Interior firmó ese controvertido decreto, luego el Congreso lo avaló por unanimidad.
Días más tarde de aquella “liberación masiva”, Righi pronunció un recordado discurso ante la plana mayor de la Policía Federal donde los instaba a “defender la democracia y no reprimir al pueblo”; esa frase y su militancia le costarían diez años de exilio en México.
Vuelta la democracia, Righi retornó al país ocupándose de su profesión de abogado y ejerciendo la docencia como profesor titular de Derecho Penal de la Facultad de Derecho de la UBA, cargo que como todos los demás ganaría por concurso.

De ese periodo también puede remarcarse, el haber defendido al matrimonio Kirchner por la acusación de enriquecimiento ilícito y haber representado a otros también en problemas con la ley como Julio De Vido y Guillermo Moreno. Para cerrar el paquete, se lo acusó de recortar funciones de la Fiscalía Nacional de Investigaciones Administrativas que debe investigar al Gobierno, precisamente.
“Miente, miente, que algo queda”
Un Boudou acorralado por las denuncias en el caso Ciccone, utilizó una estrategia propia de Joseph Goebbels, tristemente recordado Ministro de Propaganda del Tercer Reich, quien aconsejaba mentir, total, al final alguien se termina creyendo el discurso. Traducido al lenguaje criollo se diría “embarrar la cancha” y la jugada resultó buena: ahora todos están contra todos, y eso le un tiempo a Boudou para acomodar las cosas.
Por eso utilizó su tribuna natural, la de Presidente del Senado de la Nación para denunciar al estudio jurídico de Esteban Righi por supuesto tráfico de influencias con la Justicia Federal y al empresario Adelmo Gabbi de supuesto intermediación con la empresa Boldt, dinero mediante.
En la guerra, el humo siempre sirve para dispararse de la situación crítica, para evadir al que viene en caza y tomar una ventaja, aunque no sea más que ésta de huir.
A esta altura, ni siquiera el pasado de Righi importa ya, menos si le ofrecieron a Boudou alguna moneda a cambio de un favor político; lo que realmente le importa a la población es que el Vicepresidente de la Nación pueda mostrar siempre que sus manos están limpias y no cuán sucias están las del vecinos.
Allanarse ante la Justicia, facilitar una investigación, luego de concluida la cual y obrado Boudou como inocente en el expediente, recién entonces le cabe el derecho de acusar a diestra y siniestra, porque en su caso tendría además de la supuesta razón, el honor íntegro para hacerlo.
Hoy, Amado Boudou no es ya el Vicepresidente de la Nación argentina, sino que en el imaginario colectivo es un sospechoso más de corrupción, si se quiere, agravado por el vínculo político.
Verdad es aquello de que no hay mal que por bien no venga, y en este caso para Boudou, las acusaciones levantadas en su contra, de ser falsas y él tener la hidalguía de proceder como todo hombre de bien, le resultarían en su favor agrandando y solidificando su figura.
Pero el procedimiento altanero y soberbio de Ama Boudou, sus denuncias extemporáneas que han logrado enaltecer la figura de Esteben Righi con su renuncia, hacen pensar cuánto de verdad tiene aquella frase popular: “callado, te defiendes más”.-
Federico Mena Saravia
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