UNA INVESTIGACIÓN DEL DR. RICARDO F. MENA

Guayaquil – Segunda Parte: La controvertida misiva de San Martín a Bolívar de 29 de Ag

El Intransigente comenzó este especial que enorgullece a los salteños. Cada semana una entrega para saber sobre aquellos que nos identifican

  • domingo, 22/04/2012 | 11:03 hs
Entrevista Guayaquil

                    
                                       
                             GUAYAQUIL SEGUNDA PARTE


CALLE DE NUESTRA CIUDAD UBICADA EN PLANO GUÍA MILENIUM Nº19 C5-25 B2




LA CONTROVERTIDA MISIVA DE SAN MARTÍN A BOLÍVAR DE 29 DE AGOSTO DE 1822



Enviado por Jorge G. Paredes M.




La Entrevista de Guayaquil, aún hoy despierta encontradas opiniones, por un lado la de los historiadores venezolanos y por otro de los historiadores argentinos. Exponemos los considerandos del historiador Jorge G. Paredes
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En un estudio, aún inédito, que tenemos acerca de la Entrevista de los Libertadores en Guayaquil, en la tercera parte (La Entrevista por dentro –lo tratado-), en el capítulo II, La Versión de los Libertadores, en la sección dedicada a la versión de San Martín, analizamos sus testimonios personales, sus confidencias y la misiva del 29 de agosto, conocida también como la Carta de Lafond, que no la incluimos dentro de los testimonios personales de San Martín, porque sobre ella se ha desatado un ardorosa y apasionada polémica en torno a su autenticidad. Podemos decir que existen dos posiciones irreconciliables, que muchas veces van más allá de los argumentos para entrar en el terreno vedado de los epítetos insultantes, de la burla, del sarcasmo. Un grupo sostiene que esta misiva es apócrifa, en tanto que otro afirma que es auténtica. Hay una tercera posición: la que sostiene que a pesar de que ella tiene casi todas las características de ser auténtica, sin embargo, no se puede aún concluir que ella posea tal carácter.



Dentro del grupo de los que sostienen su autenticidad encontramos que hay historiadores que la consideran como un documento más del archivo de San Martín (en verdad no forma parte de dicho archivo), sin ninguna especial importancia, en tanto que otros ven en ella una pieza documental fundamental, trascendental y de la cual no se debe ni puede prescindir, ya que no sólo permite conocer pormenores de la entrevista, sino que además permite captar en toda su grandeza el carácter extraordinario del personaje argentino. Vamos a tener oportunidad de analizar cada una de estas posiciones a través de sus principales representantes. Pero, previamente, debemos ver qué circunstancias, qué factores han determinado las dudas tejidas en torno a su autenticidad.


Debemos decir, en primer lugar, que no existe el manuscrito original de esta misiva y ello constituye uno de los argumentos (no el único ni el de más peso) de los que le niegan su autenticidad. Resulta inexplicable, para dichos historiadores, que ella no se encuentre en el ingente archivo de Bolívar, y aún más misterioso (suponiendo hipotéticamente que Bolívar, por interés, la destruyera) que no se halle entre los papeles conservados por San Martín.

Si no existe ni el original ni su borrador, cómo es entonces que pudo llegar a ser conocida y divulgada. Ello fue posible gracias a Gabriel Lafond de Lurcy, de nacionalidad francesa, quien estuvo al servicio de la marina peruana después de la primera rendición del Callao. Viajó a Guayaquil con la escuadra peruana en la fecha que se efectuó la conferencia entre los libertadores. Allí conoció de vista al Protector San Martín. Lafond publicó en París una obra titulada "Voyages autour du monde et naufrages célèbres" (Paris, Administration de la Libraire, 26 rue Notre Dame -des- Victoires, 1843-1844), cuyo segundo volumen está consagrado a la independencia americana. Para escribir ese volumen Lafond le solicitó a San Martín documentos, según se puede constatar en 8 cartas sucesivas existentes en el archivo de San Martín; justificaba su pedido, Lafond, argumentando que buscaba la verdad, porque se proponía "rebatir alegaciones que yo creo una calumnia" (Ver: Leguía y Martínez, Germán "Historia de la Emancipación del Perú: El Protectorado" tomo VII; p. 240). El mismo año de la edición francesa de la obra de Lafond, la carta se publicó, en traducción al italiano, en la obra titulada "Racolta di viaggi dalla Scoperta del nuovo continente, fino a di nostri, compilata da F.C. Marmocchi". La primera edición castellana de la misiva fue hecha por Juan Bautista Alberdi, en 1844, en su "Biografía del General San Martín". En 1848, al publicarse el discurso pronunciado por J. F. Sarmiento en el Instituto Histórico de Francia, apareció ella por cuarta vez, en esta oportunidad nuevamente en francés.


Habiendo sido Gabriel Lafond de Lurcy el primero en haberla publicado, las primeras interrogantes que de inmediato se plantean son acerca de cómo llegó a tener conocimiento de ella y quién o quiénes se la proporcionaron. O acaso fue el propio Lafond quien fabricó este documento. Surge aquí el primer eslabón de las preguntas sin respuestas definitivas. Algunos sostienen (Bartolomé Mitre, el primero) que fue el propio San Martín quien se la proporcionó. Señala Mitre que él llega a esa conclusión porque, según nos dice, en una carta de Lafond a San Martín, de 2 de abril de 1840, se hace referencia a dos documentos recibidos del libertador argentino, y que después de haberlos utilizado los devuelve. Mitre supone (esa es la verdad) que uno de los dos documentos mencionados debió ser la carta del 29 de agosto de 1822. Historiadores recientes, como Arturo Ricardo Yungano sostienen una variante de esa posición, al argumentar que lo que le mostró San Marín a Lafond fue el borrador de su carta que dirigiera, en 1827, a Miller, siendo realmente D. F. Sarmiento quien difundió la controvertida carta de Lafond. Al respecto Yungano dice: "Gabriel Pedro María Lafond de Lurcy nació en París en 1801 y murió en esa misma ciudad en 1876. Prestó servicios en la marina mercante francesa y en 1821 actuó en la armada peruana por pedido de Tomás Guido (1788-1866). El 5 de septiembre de 1839, se reunió con San Martín en París para informarle sobre su obra Memoria de viajes alrededor del mundo. Se entabló entre ambos una cordial amistad y el Libertador le entregó una copia de la carta que había remitido al general Guillermo Miller (1795-1861) fechada en Bruselas, en 1827, con detalles sobre la entrevista de Guayaquil. Sarmiento difundió la carta de Lafond; sin embargo, en 1851 duda de su autenticidad, pero en 1857 vuelve a rectificarse y acepta la veracidad del relato original, lo cual también se patentiza en la Oración fúnebre que pronuncia en ocasión de la llegada a Buenos Aires de los restos del Libertador .


Otros historiadores sostienen que quien realmente se la entregó fue el ayudante y secretario de Bolívar (tal es la opinión de José Pacífico Otero y Enrique de Gandía, entre otros), pero de inmediato surge el problema de determinar cuál de los secretarios fue el supuesto dador. E. de Gandía sostiene que fue Mosquera; J. P. Otero, en cambio duda entre Mosquera y Pérez. Por otro lado, Ricardo Rojas duda entre San Martín y el secretario de Bolívar.


Colombres Mármol (h)
cree que la versión de la carta dada a conocer por Lafond es del original, en tanto que la del Alberdi lo es del borrador. Por tanto, no sería, como se suponía, que Alberdi la reprodujera del libro de Lafond, sino que ambas versiones fueron independientes; esto –según el citado autor- explicaría el porqué de las diferencias entre una y otra versión. Tanto para Tomás Diego Bernard como para E. L Colombres Mármol (h) fue Mariano Balcarce (yerno de San Martín) quien mostró a Alberdi el borrador de la misiva y no el propio San Martín, el cual se encontraba de viaje el día que Alberdi llegó a visitarlo.


Para Germán Leguía, historiador peruano, la carta es auténtica sin lugar a duda alguna, existiendo la posibilidad de encontrarse extraviada en algún lugar de Colombia o haber ocurrido que recibida por Bolívar, haber sido destruida sin respuesta alguna, así como sin comentarla entre nadie y mucho menos mostrarla a ninguno de sus allegados. Consideramos que no es verosímil la segunda hipótesis (su destrucción por parte del propio Bolívar).


Para aquellos que niegan su autenticidad existe asimismo el difícil problema de responder a diversas interrogantes, tales como: ¿Quién o quiénes fueron sus falsificadores? ¿Qué objetivos se perseguían con esta falsificación? ¿Cómo se explica que San Martín consintiese su divulgación? Estas preguntas tampoco han sido respondidas de una única manera. Para los historiadores venezolanos, sus principales impugnadores, (Vicente Lecuna y Cristóbal L. Mendoza, los más eximios críticos de ella), perseguía esta misiva desprestigiar a Bolívar y exaltar, a costa del Libertador a San Martín, aprovechando el suceso de la entrevista de Guayaquil, para hacer aparecer a Bolívar como ambicioso, vanidoso y de un personalismo enfermizo, en tanto que a San Martín se mostraba lleno de desprendimiento, desinterés y bondad; y no sólo esto, sino que intentaba además justificar su retiro del Perú en momentos tan difíciles en la lucha de este país contra las fuerzas realistas, y no podía ser de mejor forma que echándole la culpa a Bolívar de tal decisión. Esta sería la razón por la cual San Martín consintió en su divulgación. El falsario no fue San Martín sino únicamente Lafond.


Para Irrazaval Larraín, el verdadero falsificador fue el propio San Martín, con el fin de justificar su retiro del Perú. Similar posición la encontramos en Rufino Blanco Fombona, eximio historiador venezolano, quien aceptaba la autenticidad de la controvertida misiva, incluso decía: "nadie duda de que sea de San Martín. Lo que se duda es que fuera escrita y enviada en 1822". Esta interpretación Rufino Blanco Fombona la apoya en hechos de gran importancia: el no existir su original, el no existir la respuesta de Bolívar, porque, nos dice el citado historiador, si Bolívar hubiese recibido dicha misiva la hubiese respondido y por lo tanto esa respuesta se hubiera encontrado en el archivo de San Martín.



LA CARTA




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"Lima, 29 de agosto de 1822

Excmo. Señor Libertador de Colombia, Simón Bolívar.

Querido General.

Dije a usted en mi última, de 23 del corriente, que habiendo reasumido el mando supremo de esta república con el fin de separar de él al débil e inepto Torre Tagle, las atenciones que me rodeaban en aquel momento no me permitían escribirle con la extensión que deseaba; ahora al verificarlo, no sólo lo haré con la franqueza de mi carácter, sino con la que exigen los grandes intereses de América.

Los resultados de nuestra entrevista no han sido los que me prometía para la pronta terminación de la guerra. Desgraciadamente, yo estoy íntimamente convencido, o que no ha creído sincero mi ofrecimiento de servir bajo sus órdenes con las fuerzas de mi mando, o que mi persona le es embarazosa. Las razones que usted me expuso, de que su delicadez no le permitiría jamás mandarme, y que, aún en el caso de que esta dificultad pudiese ser vencida, estaba seguro que el Congreso de Colombia no consentiría su separación de la República, permítame general, le diga no me han parecido plausibles. La primera se refuta por si misma. En cuanto a la segunda, estoy muy persuadido, que la menor manifestación suya al Congreso sería acogida con unánime aprobación cuando se trata de finalizar la lucha en que estamos empeñados, con la cooperación de usted y la del ejército de su mando; y que el alto honor de ponerle término refluirá tanto sobre usted como sobre la república que preside.

No se haga ilusión, General. Las noticias que tiene de las fuerzas realistas son equivocadas; ellas montan en el Alto y Bajo Perú a más de 19 000 veteranos, que pueden reunirse en el espacio de dos meses. El ejército patriota, diezmando por las enfermedades, no podrá poner en línea de batalla sino 8500 hombres, y de éstos, una gran parte reclutas. La división del general Santa Cruz (cuyas bajas según me escribe este general, no han sido reemplazadas a pesar de sus reclamaciones) en su dilatada marcha por tierra, debe experimentar una pérdida considerable, y nada podrá emprender en la presente campaña. La división de 1400 colombianos que usted envía será necesaria para mantener la guarnición del Callao y del orden de Lima. Por consiguiente, sin el apoyo del ejército de su mando, la operación que se prepara por puertos intermedios no podrá conseguir las ventajas que debían esperarse si fuerzas poderosas no llamaran la atención del enemigo por otra parte, y así la lucha se prolongará por un tiempo indefinido. Digo indefinido porque estoy íntimamente convencido, que sea cuales fueren las vicisitudes de la presente guerra, la independencia de América es irrevocable; pero también lo estoy, de que su prolongación causará la ruina de sus pueblos, y es un deber sagrado para los hombres a quienes están confiados sus destinos, evitar la continuación de tamaños males.

En fin, general; mi partido está irrevocablemente tomado. Para el 20 del mes entrante he convocado el primer congreso del Perú, y al día siguiente de su instalación me embarcaré para Chile, convencido de que mi presencia es el solo obstáculo que le impide a usted venir al Perú con el ejército de su mando. Para mí hubiese sido el colmo de la felicidad terminar la guerra de la independencia bajo las órdenes de un general a quien la América debe su libertad. El destino lo dispone de otro modo, y es preciso conformarse.

No dudando que después de mi salida del Perú, el gobierno que se establezca reclamará la activa cooperación de Colombia, y que usted no podrá negarse a tan justa exigencia, remitiré a usted una nota de todos los jefes cuya conducta militar y privada puede ser a usted de alguna utilidad su conocimiento.

El general Arenales quedará encargado del mando de las fuerzas argentinas. Su honradez, coraje y conocimientos, estoy seguro lo harán acreedor a que usted le dispense toda consideración.

Nada diré a usted sobre la reunión de Guayaquil a la República de Colombia. Permítame, general, que le diga, que creí que no era a nosotros a quienes correspondía decidir este importante asunto. Concluida la guerra, los gobiernos respectivos lo hubieran transado, sin los inconvenientes que en el día pueden resultar a los intereses de los nuevos estados de Sudamérica.

He hablado a usted, general, con franqueza, pero los sentimientos que exprime esta carta, quedarán sepultados en el más profundo silencio; si llegasen a traslucirse, los enemigos de nuestra libertad podrían prevalecerse para perjudicarla y los intrigantes y ambiciosos para soplar la discordia.

Con el comandante Delgado, dador de ésta, remito a usted una escopeta y un par de pistolas juntamente con un caballo de paso que le ofrecí en Guayaquil. Admita usted, general, esta memoria del primero de sus admiradores.

Con estos sentimientos y con la de desearle únicamente sea usted quien tenga la gloria de terminar la guerra de la independencia de América del Sud, se repite su afectísimo servidor.

José de San Martín"  






Las argumentaciones en Pro y en contra forman parte de la fina disección realizada por los historiadores a quién dejamos la conclusión de esta historia. Demás está decir que el famoso misterio de la reunión secreta, no es tal misterio. Esta carta así lo demuestra Reiteramos para los más destacados historiadores argentinos la carta es verdadera En ella se refleja la estatura moral de nuestro general, Libertador de tres países. Hay en la historia demasiadas comprobaciones de que Bolívar no simpatizaba con la Confederación Argentina.












Por el Dr. Ricardo Federico Mena
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Currículum abreviado del Dr. Federico Mena
 
El Dr. Mena- Martínez Castro es odontólogo y ha escrito dentro de su profesión diversos trabajos de investigación clínica, como asimismo acerca de variadas materias: Historia, Genealogía, Poesía, Novela, Teatro y Cuento. Pertenece a distintas instituciones académicas de la región y de Buenos Aires, entre ellas es Miembro de Número del Centro de Estudios Históricos y Genealógicos “Gens Nostra” (Centro de Estudio Hispanoamericanos) con sede en Buenos Aires, Miembro correspondiente del Centro de Estudios Genealógicos de Tucumán, Miembro Fundador y de Número del Centro de Investigaciones Genealógicas de Salta, Miembro Correspondiente del Instituto San Felipe y Santiago de Estudios Históricos, Miembro de los Institutos Güemesiano, Belgraniano y Sanmartiniano de Salta, etc. Es autor de importantes trabajos dentro del cancionero popular, dos veces ganador en el Concurso Nacional de la Zamba ( zambas destacadas). Ha recibido numerosos premios provinciales y nacionales en su quehacer, entre los que se encuentran, el Primer Premio de Novela en el año 2000. Ha recibido de la Provincia de Salta el Premio al Mérito Artístico, etc. Colabora con EL INTRANSIGENTE en su columna
“Las Calles de Salta y sus Nombres”.








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